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Nito Biescas Vignau, Alfonso Biescas Viñao,
Nito Biescas Viñao, Nito Biescas Vignau, Angel Biescas, Andel Biescas
Viñao, Angel Biescas Vignau
Acuarelas, Arte, Barcelona, Zarauz, Zarautz, Surf,
Surfing, Surfer, Surfista,

Para todos aquellos que disfrutan
con las olas esta es la historia de los orígenes del surf en Guipuzcoa.
Al menos la que yo conozco, la que he vivido. Bueno, la que recuerdo.
Se que hay un Surfer Magazine que cuenta la verdadera historia del surf
en el pais, pero ahora estoy de mudanzas y de obras en mi piso, todo está
en cajas y no consigo encontrarla. Pero en el futuro, cuando todo vuelva
a la normalidad y al orden dentro del caos, añadiré una traducción
del artículo a esta página.
La primera vez que yo ví una tabla de surf
fué en julio de 1966 en Zarauz, a Carlos Pradera. Y fué la
primera vez yo que intenté coger una ola, ya que tuvo la gentileza
de dejarmela un rato. La impresión que me produjo fué
la que todos hemos conocido ("only a surfer knows the feeling"
es un famoso slogan de una no menos famosa marca de ropa surfera) y la
que hizo que no me rindiera en mi intento de conseguir un tablón
para mi.
Parece ser que para entonces los inolvidables y entrañables hermanos
Arteche, Iñaki, Jose Mari y Javier, ya se habían hecho una
tabla de 22 kilos (les había salido de unos 16, pero añadieron
poliester hasta conseguir aquél peso, siguiendo a rajatabla las
instrucciones que encontraron en un Mecánica Popular), e iban de
aquí para allá en el tren, cogiendo olas por las playas de
Guipuzcoa.
Fue el
2 de agosto de 1967, cuando mi madre me regaló una Barland/Rott,
que aún conservo. Todavía recuerdo lo que costó: 7.000
pesetas, lo que para aquél entonces era una verdadera fortuna para
un estudiante de la época. Nunca olvidaré el esfuerzo que
ella hizo por darme esa alegría, origen de un movimiento que cambiaría
las costunbres, mentalidad y hasta la estética de tantas y tantas
personas en el futuro.
Y fué un Txirri, Juan Ignacio Aguirrezabala, quien me habló
de la parafina de droguería y quien estrenó la tabla aquella
misma tarde. A partir de entonces, la repartíamos entre los dos
y los hermanos Sañudo, Sera y Juan. Cuando mi hermano Angel llegó
de vacaciones, se añadió al grupo de los que disfrutábamos
cogiendo olas. Seguíamos teniendo solo una tabla y cada vez éramos
más. Aquello era realmente compartir. Pero siempre que quedaba libre,
había alguien que nos la pedía. La guardabamos en villa Santillana.
Un día cuando fuimos a por ella, no estaba, había desaparecido,
nos la habían robado. Zarauz era por entonces un pueblo en el que
prácticamente todos nos conocíamos, así que todo el
mundo se movilizó. Recuerdo que la encontraron Milón Muguiro
y sus amigos, que por aquellas fechas eran unos niños, en la calle
que iba de villa Munda a la estación del topo. Parece ser que unos
franceses la habían cogido, y como tuvieron problemas para facturarla,
la dejaron allí abandonada.Pues, menos mal.
A los
pocos días ya había una cierta afición, y algunos
ya habíamos empezamos a ir a la playa por la tarde, cosa que en
aquellos años solo hacían los turistas.Y vinieron a hablar
con nosotros un grupo del Club Euromar. Andoni Eizmendi, Jose Carlos Goyeneche,
Vicente Porta (que un día en el '68 me salvó), Gabriel Villegas,
Jose Carlos Martinez de Aranguren, Juan Miguel Amunchastegui, y otros inolvidables,
se interesaron por el deporte, por las tablas y por todo lo que ello conllevaba.
Se estableció una muy buena comunicación desde el principio
que terminó en una profunda amistad. A los pocos días habían
conseguido tres tablones: una Barland azul, que siempre estaba llena de
agua e iba a donde ella quería, otra blanca y una Hawaii con algo
de rocket, novedad extraordinaria para aquellas fechas. A este grupo se
unieron Jaime Prado y Luis Beraza que solían coger olas delante
de su casa, lo que dió nombre a toda un area surfera.
En la cafetería La Marina, en el principio del malecón, nos
invitaban a merendar churros y pan con mantequilla con chocolate si hacíamos
surf frente a su terraza. Los turistas nos hacían fotos y películas
de 8 y super 8. Y se descubrió nuestra utilidad al colaborar con
los socorristas en los salvamentos de bañistas en apuros.
Y las chicas empezaron a invitarnos a fiestas. Todos eramos rubios y fuertes.
El mar y el aire ponen rubios a los morenos y a los rubios les deja las
puntas blancas y el pelo en mechas de mil colores. Y las olas te ponen
como un torete. Además de un deporte maravilloso con el que disfrutabamos,
empezaba a ser algo más, un fenómeno social en una sociedad
tan estricta como la de la época.
A partir de ese momento, cada día se apuntaba alguien más.
Los grupos de amigos, tan típicos de la tierra y de aquellos veraneos
de tres meses se rompieron y empezó a haber algo común entre
todos, fueran jovenes o no tanto, amigos o no: las olas, el mar, la playa.
Y cada día aprendíamos algo más sobre las mareas,
los fondos, las rompientes, corrientes, temporales, mar de fondo y brisas.
Y fuimos descubriendo las fuerzas y la belleza de la naturaleza, su perfección.
Coger olas al amanecer empezó a ser lo mejor del día, por
la paz y el color de la hora, por la perfección de las olas en ese
momento de brisas terrestres, por el impacto fisico y mental que supone
pasar de la cama al ejercicio de un deporte tan duro como el surf. Acababa
de aparecer la "beach society", significando un cambio brutal
en los comportamientos sociales, culturales y deportivos de una parte de
la juventud.
En el mágico verano del '68, año fundamental para el mundo,
la revolución del surf se aceleró. Oscar Elizalde, encargado
por aquellas fechas del Club Euromar, organizó el primer campeonato
de surf del que se tiene constancia, el 8 de agosto. Fué la primera
reunión de surfistas que hubo, si bien hubo más franceses
que otra cosa que, aunque amablemente, nos trataron con paternalismo como
a tercermundistas, ya que por aquél entonces para Europa, Africa
empezaba en los Pirineos.
Y empezaron los surfaris. Aunque por aquellas fechas era muy raro tener
coche, a los que ya cogíamos olas diariamente en Zarauz, salvaje
de Guetaria (que aquél año rompía muy bien), Zumaya,
Deva, Gros, la izquierda del tenis, etcetera, se fué añadiendo
más y más gente. Personajes inolvidables como Txiki Illarramendi,
Acuaman Urcelay, Gurru, los hermanos Bonet, Chuchi y toda la peña
de Valladolid.
Y probamos todo tipo de máquinas, tablas, txamperos con y sin quilla,
aspirinas, tablas de planchar, paipos y piraguas.
Lo que había empezado casi como un entretenimiento de verano, se
había convertido en un movimiento sociocultural. Aquello había
que canalizarlo, y es aquí donde los buenos contactos de Gabriel
Villegas, la diplomacia de Perico Bonet y la ilusión de muchos hizo
que se consiguiera en 1969 la Sección Nacional de Surf, dependiente
de la Federación Española de Esquí Nautico, que fué
durante muchos años envidia de todas las federaciones de surf de
Europa por la ayuda que se nos prestaba.
Y aparecieron las miniboards. Ya habíamos visto alguna como la Hobie
de los Bonet, que nadie quería porque era muy pequeña y medía
unos 2,30 m. Pero fué en el 69 cuando poco a poco fuimos pasando
a los nuevos y para entonces diminutos diseños. Y el mercado nos
sorprendió con nuevos formas (Vbottom, diamond tail, pig, etcetera).
Y con el 69 llegaron nuevos surfistas, como un estudiante de turismo de
San Sebastián que venía a Zarauz a coger olas y se llamaba
Iñigo Letamendía. Y cada día habia más gente
con tabla en el agua, cosa que por aquel entonces era hasta agradable,
porque éramos tan pocos que era una alegría estar acompañados.
Pero todavía se respetaban las normas, las preferencias. Hacer surf
seguía siendo un placer compartido.Todavía se cogía
una misma ola por varios y todos disfrutaban de su espacio. Incluso aún
había quien se acercaba, se ponía al lado y se pasaba a tu
tabla para hacer tandem en dias de poco tamaño.
Y a
mi no se me ocurrió mejor cosa que organizar un campeonato en memoria
de mi hermano Enrique, para reunir a todos los surferos que por la península
había. Y ganó Javi Arteche. Decía el inolvidable "Torito"
que nunca la playa había estado tan bonita como aquél día.
Campeonato que se celebró durante cinco años (Javier Arteche
en el 69, Juan "Acuaman" Urcelay en el 70, Manel Fiochi en el
71 y Estanis Escauriaza en el 72 y 73), y que en su momento fué
todo un fenómeno de masas, con las divertidísimas Fiestas
Hawaiianas, en las que te pelabas de frio, que el Cantábrico no
ha sido nunca el Pacífico.
Y Europa se enteró de que había un grupito de locos en Zarauz
que también cogía olas. Porque aunque para entonces se hacía
ya surf desde Fuenterrabía/Ondarribia hasta Finisterre, eramos nosotros
los que más ruido metíamos. Y nos invitaron al Campeonato
de Europa a celebrar en Jersey, Channel Islands a través de John
Manning.
Y a partir
de aquí todo fué una vorágine de crecimiento, hasta
llegar a nuestros días en los que encontrar un pico al amanecer
con poca gente es una especie de milagro.Y en donde hasta algunos, que
no han visto una ola en su vida, van de surfers.

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