
Mi recuerdo a todos aquellos que encontré en mi Camino. A todos
ellos mi gratitud porque fueron las fichas que completaron el puzzle de
mi peregrinación. A todos y cada uno, porque todos me dieron algo
y me dejaron mucho para aprender. A todos ellos, y a los demás también,
buen Camino y muchas gracias.
A SANTIAGO, PASITO A PASITO
Intro
Vuelvo a decir que el Camino de Santiago no me parece duro, fisicamente
hablando. Quizá me mantengo elástico y en buena forma a pesar
de los años o estoy acostumbrado a aceptar el esfuerzo, el sufrimiento
y las incomodidades con buen humor. Otra cosa es el camino emocional, psíquico
o espiritual. Ahí ya no me meto porque es muy probable que los peregrinos
se encuentren con demonios que no conocían y bajen a sus infiernos.
Pero quizá esta es la verdadera y oculta razón por la que
se meten en esta aventura.
03.03.04 Miercoles. A Pamplona y Roncesvalles (000):
Joer ¡Qué madrugón! A las 5.20 estaba despierto y mira
que he dormido bien. El despertador que tengo en la cabeza me ha despertado.
Me he hecho un cafelito pero ni así he podido ir al aseo. Era demasiado
temprano y el cuerpo se mueve por horarios. Estaba demasiado excitado y
para colmo ayer apenas pude cenar nada. Así que ante la imposibilidad,
me he dado una buena ducha bien calentita para despedirme de las comodidades,
para empezar con buen pie mi vida de austeridad peregrina. He hecho mi
cama y me he despedido de ella...
¡Cómo la voy a echar en falta...!
Listo, limpio y mentalizado he cogido un taxi, que ya me esperaba y que
en un momento me ha puesto en la estación para coger el Talgo que
me habría de llevar hasta Pamplona. Me ha tocado un asiento de espaldas
al avance, pero como a las 7h en punto, hora en que ha empezado a moverse,
iba vacío, me he colocado en la buena dirección, ventana
para ir admirando la belleza del paisaje, el amanecer y la grandiosidad
del mar.
Estoy bien y tranquilo. Excitado pero animado, motivado para este mi sexto
Camino. Ojalá Santiago acepte de nuevo mi visita y me deje llegar
hasta él. Que la luz me ilumine, me dé fuerza.
Ver el mar al amanecer me trae recuerdos de una juventud plena y magnífica.
Aunque estas aguas no sean las de mi orilla, la sensación es la
misma, intensa.
Según el tren avanza y se acerca a Pamplona, todo empieza a estar
más y más blanco, cubierto el paisaje por una nieve inmaculada.
Pero no hace demasiado frío al llegar, a pesar de que cada vez es
más difícil ver algún color. He comido un buen menú,
con un buen clarete y me he dado un paseo por la ciudad tras tomar café
en el Iruña de la Plaza del Castillo.
A las 18h ha salido el autobús hacia Roncesvalles por una carretera
cada vez más desbordada por la nieve. Ante la oficina del peregrino
de la abadía nos hemos reunido unos quince peregrinos, a los que
nos han distribuido por un ala en la que hay calefacción. Eso sí,
las chicas separadas de los chicos. El refugio está en obras. A
las 20 horas, la tradicional Misa concelebrada y la emocionante y medieval
bendición del peregrino ante el altar de la Virgen Blanca.
Cena en el hostal Sabina y a la cama. Hemos tenido que entreabrir la ventana
(tampoco hay que hacer locuras habiendo más de un metro de nieve
fuera) para dormir con un poco de aire, pues la calefacción estaba
muy muy fuerte.
04.03.04. Jueves. Roncesvalles-Larrasoaña (040):
He dormido bastante bien a pesar de los nervios y el cambio. Me he despertado
varias veces debido a los ruidos de los otros peregrinos y he roncado lo
suficiente para corresponder. Es de ley tener unos buenos tapones en los
oidos o mucha paciencia y comprensión. Y buen humor para compartir
un dormitorio con tantos y tan diferentes.
Tras un frugal desayuno he comenzado a caminar por un paisaje invernal
en donde todo, paisaje, caminos, tejados, está cubierto por casi
metro y medio de nieve. Maravilloso.
Sigue haciendo frío. La noche pasada ha helado y las humbrías
están peligrosas. El sol no acaba de decidirse a salir. Casi es
mejor así, el reflejo del campo nevado nos cegaría y haría
aún más difícil el caminar por estos caminos.
Pasan los pueblos y las condiciones metereologicas no mejoran. Voy bajando
hacia el valle y la nieve sigue acompañandome.
Paro a tomarme un café en Viscarret y a la salida del pueblo me
encuentro con una peregrina suiza sentada en el suelo, llorando. Tiene
los pies destrozados y ha de acabar el Camino día y medio después
de empezarlo. Una decisión dificil de aceptar. Ha de ser muy duro
dejar tantas ilusiones tan pronto.
El alto de Erro se me resiste. Todavía no estoy en mi mejor momento
de forma y me duelen las piernas. Y voy un poco frío.
En Larrasoaña el refugio está prácticamente bloqueado
por la nieve. Es dificil acceder a él cuando el cansancio atenaza
mis piernas. Llego a él y saludo a Santiago Zubiri, tan hablador
y enamorado del Camino como siempre.
Dada mi condición de roncador, le pido un cuarto aparte para no
molestar a los demás. Me instalo y me voy a tomar un café
y a saludar a Alfonso Sangalo, que sigue tan liante y divertido como siempre.
Buena cena en buen ambiente peregrino y a la cama. Hoy ha sido duro y mañana
no lo va a ser menos.
05.03.04 Viernes. Larrasoaña-Cizur Menor (064):
Ha sido imposible dormir. La ventana del cuarto no tenía cristal
y la helada se me ha metido en el cuerpo. Ha hecho mucho mucho frío.
Me he metido vestido dentro del saco que he colocado sobre una manta y
encima me he puesto cuatro más. Pero no he podido entrar en calor.
Me he pasado la noche tiritando. Ha debido de hacer muchísimo frío.
Tras superar el mal humor contra mi mismo por buscarme estos problemas
extras, me he ido a desayunar. El café y las tostadas me han entonado,
pero al rato he empezado a estornudar. En fin, que he pillado un catarro
descomunal. El resto de peregrinos me cuenta que ha dormido bastante bien,
calientes y acunados por el roncar y demás ruidos de los demás.
Sigue todo nevado, pero parece que templa un poco la temperatura. Caminando
me encuentro bien y con el pañuelo a mano, resuelvo mis problemas.
En las cuestas me ahogo un poco, pero aguanto bien.
La nieve va decreciendo según Pamplona se acerca y en el puente
de la Magdalena ya apenas queda nada. Me siento y espero a los otros peregrinos
para comer con ellos. Visitamos la Catedral, maravillosa, y nos vamos al
Café Iruña a tomar algo. Pido un pincho de txistorra que
está buenísimo y se me cae al suelo. Por poco se me saltan
las lágrimas...
De allí, paseando hasta Cizur Menor en donde hemos inaugurado el
nuevo pabellón del albergue de Maribel, instalandonos en él.
Ducha y después les he curado las ampollas y hecho un par de masajes
de pie a dos peregrinas que van bastante justitas. Van a sufrir, pero estoy
seguro de que llegarán. Me pongo un poco de Voltaren en los tobillos
que tengo muy hinchados y que me duelen. No me hace ninguna gracia. No
me preocupan las ampollas, llagas, etcetera, pero las tendinitis..., acaban
mandandote a casa. Veremos que pasa mañana, que va a haber mucho
barro. Será una buena prueba.
Cena en "El Tremendo" con todos los peregrinos, con un hambre
descomunal ya que no he comido. Acostumbro a no tomar nada mientras camino
y ceno fuerte. Me hace sentir más ligero pero por la noche llego
a la mesa con la capacidad de comerme medio mundo.
A las diez estabamos todos acostados. Aún no me he acostumbrado
a este horario y me ha llevado un rato dormirme. Ello me ha permitido oir
los diferentes tonos de ronquidos de los demás y me he quedado más
tranquilo. No creo que vaya a molestar a nadie porque aquí ronca
todo el mundo. Hasta las chicas, que ronronean.
06.03.04 Sábado. Cizur-Puente la Reina (089):
No he podido desayunar pues los dos bares del lugar están cerrados
tan temprano. Así que he enfilado hacia el chocolate, el barro que
uno se encuentra subiendo el Alto del Perdón. Había tanto
lodo que los salpicones me han llegado a la cara. Con el trancazo que llevo,
la nariz irritada de tanto sonarme, las orejas rojas por el frío
y manchado por todas partes he llegado a la fuente del Reniego en donde
he vuelto a encontrar otra vez nieve. Se podía pasar y me ha permitido
limpiar un poco mis botas en su blancura. Da pena ensuciarla, tan bonita
a esta hora y en estos paisajes. Al llegar a la cumbre, me han saludado
los gigantes con sus zumbidos al viento y he admirado el arco iris que
abarcaba todo el horizonte. Las nubes más que perseguirme me acompañan
y de momento me perdonan. Buena rasca pegaba aquí arriba, así
que el tiempo justo de hacer un par de fotos y me he tirado cuesta abajo
por el pedregal hacia el valle, que hoy lucía verde, iluminado,
maravilloso. Pena lo que mis tobillos han sufrido, pero "no hay nada
gratuito" según dicen los sufíes.
En Uterga tocaba café de desayuno, aproximadamente de litro y medio
con no sé cuantos sobaos. Llevaba un hambre feroz. Tanto caminar
pide un buen yantar que será el único del día, hasta
que llegue la cena. Todavía no me acostumbro a tanta austeridad.
Pero todo llegará.
Un paseo hasta casi Obanos en donde me he desviado para ir a visitar Eunate.
La verdad es que he dado una buena vuelta por imbécil. Podía
haber cogido la desviación en Muruzabal, pero no sé por qué
he seguido y me he metido encima unos 4 kilómetros extras. Para
rematar un poco. Porque quien no tiene cabeza ha de tener pies. Así
aprendo.
Desde la maravillosa y mágica capilla octogonal en donde hemos coincidido
cuatro peregrinos meditando, hemos ido casi paseando hasta Obanos y después
a Puente la Reina, al refugio. Estaba bastante lleno. Es fin de semana
y hay muchos que lo aprovechan para ir haciendo por etapas el Camino. Se
echa de menos la paz y el silencio que nos han acompañado hasta
aquí.
Ducha hirviendo y paseo por la villa. En la iglesia, al ir a admirar la
imagen de Santiago peregrino, muertos de frío, nos ha envuelto el
calor de la calefacción del recinto que tiene su salida justo frente
a la imagen. Ha sido como un maravilloso regalo que nos ha hecho el Santo
a unos pobres caminantes que desean abrazarlo. Visita al Cristo del crucifijo,
y paseo hasta el esbelto puente que da nombre a la ciudad en espera de
la hora de la cena.
07.03.04 Domingo. Puente la Reina-Estella (118):
Hemos dormido bien. El cuarto lleno y todos roncando a pierna suelta, como
ha de ser. Risas mientras desayunabamos sobre el coro nocturno.
El catarro me acompaña desde Larrasoaña y da la sensación
de que quiere llegar también a Compostela. Los tobillos me duelen
muchísimo por las noches. También tengo algunas agujetas,
un par de uñas tocadas y una pequeña contractura en la espalda
por la mochila. Y no sé cuantas ampollas, claro. Pero no soy de
azucar, así que sigo hasta que todo se pase o algo me mande a casa.
El tiempo dirá en qué acabará todo.
Esta etapa es corta y tiene partes muy bonitas, se pasan pueblos interesantes
y el sol luce sin hacer calor y sin embargo siempre se me hace muy pesada.
Y les sucede a casi todos los peregrinos. Es otro de los pequeños
misterios del Camino. Y hay tantos...
Había barro en las cuestas del principio. Bueno para sudar y para
observar la diferencia de color de éste con el de la etapa de ayer.
Los paisajes cambian y las tierras también. Las obras, supongo que
de la autopista, han obligado a hacer mil desviaciones, feas, aburridas
y a veces duras, pero al menos han respetado los impresionantes kilómetros
que quedan de calzada romana al salir de Cirauqui, en donde siempre me
tomo un panecillo admirando la extraordinaria estela que se encuentra ante
el túnel.
La llegada a Estella siempre impresiona. Las maravillosas fachadas de las
iglesias, el puente y el refugio ante el que un peregrino alemán
decía que no podía ser ahí, que era demasiado elegante.
Pues si, es un gran albergue en el que el hospitalero con fama de estricto,
te trata amablemente si le das pie.
Me sorprende encontrar fotos de mí colgadas por las paredes. Luego
me entero que son una exposición sobre el Camino de un peregrino
con el que coincidí en otro año. Son las sorpresas de la
vida, los regalos del rey Efraín.
Visita a los monumentos de la ciudad. El clima sigue frío pero ya
no es lo que ha sido en los días pasados.
Dado que es fin de semana, se ha llenado al menos toda una sala del refugio.
Mucha gente para los que estamos acostumbrados a vivir y viajar solos.
Pero el Camino te presenta muchas alternativas a desarrollar, para encontrar
lo que la comodidad, la sociedad y la cultura no te dan.
08.03.04 lunes. Estella-Torres del Rio (154):
Había decidido levantarme a las 7 para poder ir al lavabo y a la
ducha tranquilo ya que el aseo es pequeño y somos unos 30 peregrinos.
Pero justo en el momento que salía del saco ha entrado el hospitalero,
ha encendido la luz, ha puesto música y ha deseado buenos días
a todo el mundo. La verdad es que me ha entrado la risa al ver las caras
de sorpresa, sueño y mosqueo de alguno que no está acostumbrado
a estas emociones.
Ha amanecido con sol y la primera lucha, la de encontrar en dónde
desayunar, ha empezado. Es que tan temprano es dificil que alguien te haga
un café y puedas comer algo para que la energía no te abandone
a media etapa.
Como empiezan a abundar quienes van por el Camino hacia Santiago, decido
alargar un poco la etapa y llegarme a Torres del Rio, dejando atrás
a la mayoría que terminarán el día en Arcos, con su
lío de tres refugios. Busco la paz y por ello rehuyo el gentío.
Caminando de buena mañana, hablando con un amigo, nos hemos despistado
y hemos llegado a la Fuente del vino de Irache cuando queríamos
ir directamente por Azqueta a saludar a Pablito. Bueno, este error nos
ha llevado a cometer otro que nos ha conducido a una maravillosa senda
por el bosque y despues por el monte, recuperando el camino tradicional
pasado Monjardin. Como el día estaba bonito, nos hemos tumbado allá
en donde, protegidos de la fresca brisa, el sol calentaba y hemos descansado
de los últimos repechos. El catarro me hace perder el resuello en
las cuestas que hoy las había y duras. Después la pista es
fácil, serena y serpenteando por el valle te lleva tranquilamente
hasta Arcos. Las charcas estaban llenas de ranas que acudían a tomar
este sol de primavera tras los duros días de invierno de las últimas
semanas. Un refresco alivia los pequeños pesares y anima a caminar
lo que queda hasta el final del día con alegría.
Al pasar por el cementerio de Arcos no puedo evitar anotar la frase que
en su puerta dice:
"Yo que fuí lo que tu eres
Tu serás lo que yo soy"
Un clásico inolvidable que tantas veces he encontrado con sus pequeñas
variantes en los camposantos.
La llegada a Sansol siempre me ha resultado agradable aunque se haga el
último kilómetro por asfalto. Es una carreterita comarcal
por la que solo pasean personan sonrientes. Pena que aquellos que no lo
sepan, lleguen aquí pensando que ya están en Torres y no
sea así, que aún les queda una bajadita y el repecho tradicional
de entrada al pueblo.
¡Qué extraña es la situación, tán próxima,
de estas dos villas! ¡ Cuantos encuentros y desencuentros, amores
y rencores, habrá producido la cercanía entre ambas! ¡Qué
diferentes son! Una ajena al tráfico de peregrinos. Otra inmersa
en el Camino con su maravillosa iglesia del Santo Sepulcro y su bellísimo
Cristo de cuatro clavos.
El refugio, privado, está bien y son amables, aunque muchos se quejan
de que los wateres sean turcos. En el bar te dan un plato de lentejas maravilloso
en un agradable ambiente mientras el frío empaña los cristales,
hiela la huella de nuestras botas en el barro.
Y los ronquidos velan nuestros sueños.
09.03.04. Martes. Torres del Rio-Logroño (184):
He dormido muy bien. He pasado de saco y me he envuelto en mantas. Ello
me ha dado la posibilidad de moverme con libertad, sin las limitaciones
de estar embutido como una momia.
Un buen desayuno ha terminado de animarme y me ha hecho enfrentarme al
rompepiernas de hoy con alegría.
El perro del refugio, que es peregrino y buen caminante, nos ha acompañado
muchos kilómetros, hasta casi Viana. Me hace recordar a Calixto,
que se venía con quien pillara desde San Juan de Ortega hasta Burgos,
pero que no sabía volver y había que mandarlo en taxi de
vuelta a casa.
Al cruzar la carretera, en una de las mil veces que se hace, hemos visto
como unas señoras se han dado un porrazo impresionante con el coche
contra un árbol. Al ayudarlas nos decían que se han emocionado
y distraido al ver peregrinos. Para haberse matado.
De Viana recuerdo la cuesta de entrada. Son tantos los pueblos que en el
Camino se cruzan y a los que se llega tras subir un empinado repecho final,
que hace que muchos exclamen aquello de:
-"Santiago, ¡pero qué arriba estás!"
Pero esta villa tiene mucho y bueno para ver. Merece la pena tomarse un
descanso y disfrutar de un refrigerio para tranquilamente ver después
lo que ofrece, que no sólo la tumba de Cesar Borgia.
Lo que queda hasta Logroño no es de los tramos de Camino que más
me gusten. Es más bien aburrido, cuando no duro. El final por asfalto
te lleva a casa de Doña Felisa con los pies calientes. Dicen que
tras su muerte el 20 de octubre de 2002, su hija María continúa
la tradición. No tuve la suerte de poder saludarla ya que cuando
pasé no estaba. Así que le dejé la foto que de su
madre le llevaba, que le habíamos hecho en el 2000, con una pequeña
nota sobre la mesa bajo una piedra y continué hasta Logroño,
recordandola con cariño.
El maravilloso refugio estaba cerrado al llegar. Era demasiado pronto.
Un buen paseo y una cervecita con otros peregrinos llenaron el rato hasta
que nos pudimos acomodar. Aquí me pasó algo que sin querer
repetiría en otros albergues y que en su momento me hizo sonreir.
Me duché en el apartado de chicas y me sacaron con bronca. Nada
más lejos de mi intención que molestarlas. Fué un
error, que cómicamente se repitió unas cinco veces más,
producido quizá por la costumbre de vivir solo, ir a gimnasios con
vestuarios separados o simplemente por el cansancio y la ansiedad por una
buena ducha tras bastantes kilómetros en el cuerpo.
Anda que no me tomaron el pelo después...
10.03.04. Miercoles. Logroño-Najera (218):
A las 7.30 horas de la mañana, chispeaba. Entre gotas, el café
con leche de la mañana y una magnífica tostada con mantequilla.
No me preocupa la lluvia y el desayuno me ha puesto de buen humor. Así
que me he calzado los pantalones de agua (puff, los detesto) y le he puesto
la funda a la mochila. He saludado a Santiago Matamoros al pasar ante él
y dejando los últimos edificios atrás he caminado hacia el
parque. Me gustaría este lugar para correr o pasear, si viviera
en esta entrañable ciudad, pero no me gusta como parte del Camino.
Está demasiado diseñado, es poco natural o salvaje. Al llegar
al lago me he entretenido un rato con los cisnes y patos dandoles un poco
de pan duro que me quedaba. Uno ha llegado a los postres. Pero ya se sabe,
a quien madruga Dios le ayuda.
En llegando a la maderera me ha impresionado mucho el "crucerío"
que con astillas han creado los peregrinos. Metros y metros de alambrada
llenas de cruces de todos los tamaños que no pueden menos que sorprenderte
y crear un poco más ese sentimiento que va creciendo en tí
según avanzas hacia el oeste, hacia la tumba del Santo.
La lluvia ha acompañado mis pensamientos y mi caminar hasta que
en Navarrete he parado un rato para secarme un poco y aprovechar para tomar
un café que me entonase. El día es frío y la humedad
se te mete por todas partes.
A la salida he admirado el capitel del cementerio en el que hay dos peregrinos
comiendo. Pertenece al antiguo Hospital medieval y fué trasladado
allí. Hay que entrar dentro del recinto para poder verlo.
Esta etapa, al igual que la que termina en Estella, se hace larga y pesada.
Los últimos kilómetros te preparan para lo que luego será
la nada del páramo, la lucha por llegar, por atravesar un espacio
que no te seduce. Los tobillos siguen doliendome y es en estos momentos
en los que se flaquea. Pero siempre existe un punto en la mente, en la
voluntad, al que se puede acceder para superar el cansancio, el aburrimiento,
la dejadez. La mente es mucho más poderosa que el cuerpo y no hay
nada que con su ayuda no se pueda alcanzar fisicamente.
Ya en el albergue, miro el libro de visitas y veo que anoche durmieron
en Najera 28 peregrinos y sé que detrás vienen unos 30. Somos
afortunados de disfrutar de la paz e intimidad de ser sólo unos
7 en Año Santo y a estas alturas.
11.03.04. Jueves. Najera-Santo Domingo (248):
El sol lucía esta mañana en un precioso día de primavera.
Las brumas al deshacerse dejaban paso a un paisaje sereno y verde. Paz
del campo, de la vida natural. En un caminar agradable sin apenas ropa
han pasado Azofra. Otros pueblos han visto alterada su paz por campos de
golf y urbanizaciones. Robledos en donde ayer ramoneaban los animales y
se sentaban los peregrinos a descansar son hoy "calles" o "greens"
Pero esto ha traido la riqueza a lugares abandonados de la mano de Dios.
Ojalá sean capaces de asumir el cambio con serenidad e inteligencia,
sin que el dinero o la sociedad destruya naturales tan sencillos.
En el final de la etapa se puede disfrutar de pequeñas colinas y
valles hermosos, verdes, suaves, cuidados y ricos. La torre de la Catedral
se divisa en el horizonte, promesa de una ciudad interesante, amable y
bonita.
El refugio está muy bien, con camas muy anchas y separadores que
crean una cierta intimidad.
La Catedral es maravillosa y una visita detenida, admirando sus rincones
y su grandeza, sólo nos va a producir una intensa satisfacción.
La tumba del Santo bien merece un tiempo de meditación y su mausoleo
toda nuestra admiración. El gallinero sorprende y dibuja una sonrisa
en cualquier espíritu sereno. Cuenta la leyenda que son afortunados
aquellos que oyen cantar al gallo o que pueden recoger una de sus plumas
El Parador te permite entrar en calor en un ambiente agradable. Siempre
respetuosos, el equipo acoge en sus salas a los peregrinos con afecto.
La tradición obliga, ya que fué en sus tiempos el Hospital
de Peregrinos construido por el mismísimo Santo Domingo. Un buen
café hace olvidar parte del rigor sufrido durante pasada semana.
La alegría de llegar a un lugar como este ha sido destruida, brutalmente,
con el conocimiento del atentado en Madrid. En el Camino se está
en otra dimensión, fuera del espacio-tiempo tradicional. Una barbaridad
de este tipo es dificil de comprender por estar en otro mundo, mucho más
humano, sencillo, amable. El impacto entre los peregrinos ha sido tremendo,
quizá mayor que para los que viven en el mundo real. Las lagrimas
caían por las mejillas, la tristeza apagaba los ojos, rompía
las sonrisas. La incapacidad para entender las imagenes, los comentarios,
las reacciones, es dificil de explicar.
Sólo la serenidad que un shock produce puede explicar las reacciones
pausadas, lentas de aquellos que caminan. No hay razón que pueda
defender la violencia, el terror. Quien así actúa se margina
de los humanos y pasa a ser simplemente animal, sin raciocinio ni valores.
Hemos comprado una cinta negra y cortada en trozos, cada uno la ha colocado
allí donde le parecía. En mi mochila sigue, porque no puedo
olvidar.
12.03.04. Viernes. Santo Domingo-Belorado (275):
Llueve. Unos cuantos decidimos ir a desayunar al Parador. Por 10 euros
un lujo al alcance de cualquiera. Hemos dejado el buffet temblando. Hemos
empezado por los zumos de frutas naturales y hemos terminado con los churros
y cafés, sin dar tregua a los embutidos, huevos, tostadas, frutas
y demás delicias. Por ley, creo que nos tenían que haber
cobrado un plus por exceso. Ha sido un placer prolongado, disfrutado, memorizandolo
para recordarlo en los multiples momentos de austeridad que nos quedan.
Ha sido también el aperitivo, la comida, y la merienda, por lo menos.
Sigue lloviendo cuando salimos y cada uno sigue su ritmo, separandonos
en la brumosa mañana.
La etapa se hace aburrida en muchos tramos al circular junto a la carretera,
pero es maravillosa en otros lugares a pesar del barro que se pega a las
botas.
Es el primer día que encuentro peregrinos que vienen de vuelta,
caminando desde Santiago hasta su casa, como en la antiguedad. Debe de
ser difícil encontrar las marcas cuando todo está pensado
para ir en un sólo sentido. Pero seguro que es muy interesante.
Belorado se hace de rogar y no llega en este día tan gris, tan triste.
Algunos camiones saludan desde la carretera. Debe ser extraño ver
desde la comodidad de una cabina el lento caminar de los peregrinos bajo
la lluvia, arrastrando barro y penas, cansancio y llagas, ilusión
y emociones.
Pero no hay mal que cien años dure y al fín, Belorado aparece
y lentamente el refugio te acoge.
Opto por el privado pues el otro está en muy mal estado. El precio
es razonable y tiene buenas duchas y servicios. La tarde es fría
y humeda y se agradece un lugar acogedor y un hospitalero amable. Somos
pocos al final del día y podemos dormir todos en literas de abajo.
He de hacer aquí una reflexión. Como arquitecto que soy,
me cuesta comprender las cosas diseñadas y realizadas olvidando
la función para las que fueron pensadas. Por ejemplo, me desesperan
las jarras en donde se acostumbra a servir el té, que echan el líquido
por todas partes menos por donde deben. Pues lo mismo he de pensar de las
literas de casi todos los refugios, en las que es imposible sentarse en
la de abajo sin que la cabeza te dé en la de arriba. Y yo no soy
muy grande. Sólo encuentro una explicación y esta es que
así doblemos la cabeza y aprendamos a humillarnos en un Camino que
es de meditación aunque muchos lo usen como una ruta de diversión.
De compras por el pueblo, nos organizamos una buena ensalada y cena de
pasta. Sencilla pero energética para caminar con alegría
mañana, que hoy íbamos muy bien servidos tras el desayuno.
13.03.04. Sabado. Belorado-Atapuerca. (307):
Amanece nublado pero ya no llueve. Se agradece después de la lluvia
de ayer. Así que poco a poco, paso a paso, en un agradable paseo
se llega a Villafranca en donde paro a tomar algo. El hambre me esta matando.
En el bar "El pajarito" me dan un sensacional bocadillo de jamón
y un refresco. Entonado emprendo la subida en la que luchando contra la
pendiente me distraigo y me voy por otro camino. Llego a una granja a través
de un maravilloso paisaje. Unos perros me avisan de que por allí
no voy a ninguna parte. No he errado demasiados metros. Retrocedo y enseguida
me encuentro con la buena senda. Me alegro de esta confusión que
me ha hecho disfrutar de un paraje extraordinario. Algo así debió
de extasiar a Virila. La diferencia está en que el era un santo
y yo no paso de vulgar pecador. El tardó 300 años en volver
de su paraíso, yo ni cinco minutos.
Me fijo en el barro que piso y admiro su color. Es practicamente rojo,
casi carmin. Maravilloso color, dificil de encontrar tan intenso en la
naturaleza. Parezco "Pimpinela Escarlata" caminando con unas
botas que ya no son marrones sino mucho más espectaculares en cuanto
a color.
Pongo el piloto automatico y caminando medito. Los kilómetros recorridos
durante la semana van cumpliendo su cometido. Mientras avanzo hacia Santiago,
mi cuerpo se fortalece y permite que mi mente se pueda preocupar de otros
menesteres menos físicos. El Camino empieza a provocar el milagro.
Así, andando y pensando, veo al fín la maravillosa iglesia
de San Juan de Ortega tras cruzar los bosque que la separan del mundo.
Solitaria y hermosa, mágica e impresionante, el abside recibe a
los peregrinos que llegan por el este.
El sol ha comenzado a lucir, la tarde parece de primavera aunque se mantiene
fresca. El párroco D. jose María come con otros peregrinos
delante del Albergue. Hoy cenarán sopas de ajo. Nos saludamos y
me toma el pelo. Nos reimos todos.
Visito al Santo en su sepulcro y admiro el mausoleo e iglesia con especial
interés en el capitel de la Anunciación en donde se produce
el "Milagro de la luz" Descubro en él al burro y al buey
y tres cabecitas que supongo son los Reyes Magos. Cuanto más se
mira, más cosas se aprecian. Inacabable en su sencillez, en su belleza,
en la forma galáctica de narrar la historia con un rayo de luz.
Sobrecogido por el lugar, mágico donde los haya, continuo en un
alegre paseo de primavera hacia Atapuerca, cuna de la humanidad en Europa,
tras saludar y despedirme de los que se mantienen en la sobremesa.
El barro se convierte casi en ciéganas al dejar San Juan. Esta situción
dura hasta que termina el bosque y me ha dejado las botas de otro color,
marrón, mucho más normal que el que los Montes de Oca habían
dado a mi calzado. Me da pena, pero el Camino enseña que nada terrenal
es eterno.
Castilla aparece en el paisaje. Las lineas cambian, la luz también.
Camino ligero y alegre hacia lugar de batallas fraticidas, por la carreterita
que me llevará hasta el refugio.
Tras situarme y organizarme, curar mis males físicos y ducharme,
me reuno con los peregrinos que han ido llegando y que siguen siendo pocos,
menos de 10, amables y respetuosos. Hay un poco de todas partes: España,
Francia, Alemania, California, Brasil, Polonia, Canadá, Guatemala
e Irlanda. Ningún italiano que dé la tabarra. Tomamos una
cerveza haciendo tiempo para ir al "Palomar" a cenar una potente
sopa castellana.
Ha caido la noche cuando salimos del restaurante y el frío es impresionante.
Menos mal que el refugio tiene una pequeña salamandra y se mantiene
caldeado.
14.03.04. Domingo. Atapuerca-Burgos (348):
Hemos dormido bien aunque la noche ha sido muy muy fría. Envueltos
en mantas, con cuatro encima y dentro del saco, el mundo se ve más
calentito. La helada ha sido impresionante. Con el alba ya nos habíamos
levantado y teníamos todo recogido. Hemos esperado hasta las 8.30h
en que abrían la Casa Rural de al lado para poder desayunar. Y hemos
preferido pasear y ver la salida del sol que quedarnos en el refugio en
donde hacía muchísimo más frio. El campo estaba blanco
cual nevado, por la escarcha. Las ovejas, cubiertas de lana, callaban.
Les hubiera salido demasiado temblón el balido, el "beee"...
Nos hemos comido un montón de tostadas y hemos pedido más.
Parecíamos lobos. Da gusto sentirse bien y tener hambre. Placeres
sencillos que la forma física produce. Parece que casi todos vamos
superando los males y sólo quedan pequeñas secuelas. Mis
tobillos empiezan a responder y el catarro ya casi no me molesta. El Camino
es un magnífico chequeo, ya que si algún mal te ronda, te
acaba mandando para casa. O se te cura.
El cielo tiene un azul que sólo es posible encontrar en Castilla.
Maravilloso. El campo está verde cuando no blanco. El camino es
bonito. Es un placer sentirse bien y libre, avanzando poco a poco hacia
nuestras ilusiones, descubriendo día a día un mundo en nuestro
interior, equilibrando todo aquello que desconocíamos, compartiendo
con otros la belleza de la vida, de la luz.
La mañana va templando y empieza el calor, especialmente al llegar
a una pista nueva que recorre lo que antes era un maravilloso sendero.
La tierra está blanda, el barro fresco y es imposible andar. Se
pega a las botas y hace muy dificil el caminar. Parecemos "Drag Queens"
con plataformas en los pies. El peso dificulta los movimientos hasta llegar
a la carreterita comarcal que nos llevará hasta Burgos.
Llegar al refugio una vez que se ha pasado la primera casa de la ciudad
lleva un buen rato. Hay nueve (9) kilómetros desde la entrada hasta
el albergue. Eso significa unas dos horas de caminar por polígonos,
áreas suburbiales y centro urbano. Hay quien prefiere coger un autobús
en el principio y evitarse este trago. Pero la mayoría preferimos
seguir caminando.
Dado que es domingo, en muchas iglesias hay Misa y ello permite visitarlas.
Maravillosas todas ellas, cada una en su estilo. Los feligreses nos ven
entrar, sucios y morenos, cojeando, y expresan sus sentimientos con una
sonrisa. Es agradable ver que te acogen con cariño.
Al llegar al río un pato pasa haciendo rafting. Esto suena raro,
pero es la pura verdad. Desde el puente me he parado a ver las aguas pasar.
Siempre lo hago, me atraen. Y cual no ha sido mi sorpresa cuando entre
los pequeños rápidos que allí se producían
ha pasado un pato dejandose llevar por la corriente, pero controlando la
situación. Y daba la impresión de que iba encantado, disfrutando.
Luego me preguntaba cómo volvería al origen, pero los patos
tienen muchas posibilidades y además son muy listos. Este es capaz
de coger el bús.
Finalmente la Catedral aparece en todo su explendor. Restaurada es de una
belleza sublime, extraordinaria. Es inevitable entrar un momento antes
de continuar. Tanta maravilla atrae poderosamente.
Al refugio todavía no ha llegado nadie. O han llegado y prefieren
seguir. Pero esta ciudad merece muchas horas para admirar todo el arte
que posee. Así que tras elegir litera, de vuelta a la Catedral para
visitarla con tranquilidad. No tengo palabras. La última vez que
estuve aquí estaba vieja y sucia y ahora está inmaculada
en una extraordinaria restauración. Se me va la tarde admirando
tanta piedra labrada, me falta tiempo. Cierran y he de salir. Y finalmente
puedo cerrar la boca.
Cuando vuelvo al refugio se me ha hecho tarde. Estoy en el límite.
Se ha llenado de peregrinos. Un grupo de ciclistas ha completado el cupo.
Hace calor y hay buenos roncadores. Va a ser una noche completa.
15.03.04. Lunes. Burgos-Hontanas (382):
He madrugado huyendo del gentío. Me he olvidado las chancletas que
no he visto al recoger los trastos dada la oscuridad que en el dormintorio
había. Me da rabia. Estaban nuevas y me las había mandado
desde Brasil un peregrino que conocí en el 2001. Una pena. Espero
que otro las disfrute.
He desayunado como he podido y he salido como alma que lleva el diablo.
No es muy agradable el principio de esta etapa, con todas las desviaciones
que se producen por las obras de la autopista. Al menos, al llegar al viaducto
sobre el rio, han colocado una chapa disculpandose ante los peregrinos
por tanta vuelta y revuelta. Todo un detalle.
En Tardajos, dado que en Hontanas no hay donde cenar, los que hasta allí
hemos decidido llegar hoy hemos comprado para cocinar esta noche. Hemos
repartido el peso entre todos y de nuevo a caminar hasta Hornillos del
Camino. La llegada al valle es preciosa y es una alegría poder sentarse
un rato ante una fuente y descansar la mente. Los pensamientos se amontonan,
el cansancio se acumula y después llega lo que para algunos es lo
peor del páramo.
El campo está verde, la meseta se adivina aunque el horizonte todavía
presenta curvas, no hay barro y se camina bien. El día es agradable,
luce el sol pero el aire es frío. Y Hontanas está lejos,
muy lejos. La mente ha de ayudar a un cuerpo que se agota ante el barro
que finalmente aparece y permanece durante muchos kilómetros. Pero
la mente se aburre de la monotonía del paisaje y no colabora. Empieza
la nada, la lucha mental, el desarrollo de la voluntad y la adquisición
de la paciencia. Avanzas y la nada sigue ahí, acechando, rodeandote,
desmoralizandote. Con viento y frío te sientes en estos parajes
como Miguel Strogoff.
Y Hontanas sin aparecer. Escondida en el valle, el campanario de la iglesia
asoma cuando ya no entiendes nada, cuando la mente desfallece al no ver
el final. Y es un caer hacia el magnífico refugio, en donde las
literas te permiten sentarte cómodamente sin despeinarte, y mira
que te importa esto después de tantos días de andar por el
monte.
Me bebo casi un litro de líquido antes de ir a la ducha. Ha sido
una etapa dura, de la que ahora prefiero recordar su belleza, su luz, su
silencio.
Llega la noche y el frío al que ya estamos acostumbrados. Con un
sabañón en la oreja izquierda que me devora, friego los trastos.
Los otros han cocinado unos sencillos spaquetti con queso y tomate de lata
que nos han sabido a gloria.
Y a las diez estamos los cuatro que aquí hemos llegado durmiendo
como angelitos, felices de tener una cama caliente y algo en lo que soñar.
16.03.04: Martes. Hontanas-Boadilla del camino (414):
He dormido como un tronco. Es un placer encontrar un buen albergue, fresquito
y practicamente vacío siendo Año Santo. Una gozada, un lujo.
Hemos desayunado como hemos podido y nos hemos tirado al monte en una preciosa
mañana.
Tras el caminito pleno de florecillas viene una deliciosa y tranquila carretera
comarcal que te lleva hasta las ruinas del convento de San Anton, tan interesante,
con tantas leyendas a su alrededor, con un rosetón formado por cruces
de Tau, su emblema. Aquí curaban los monjes las lesiones del "Mal
del Fuego", una especie de lepra que aparecía en los países
del norte de Europa por el cornezuelo del centeno. Al llegar los peregrinos
a la península y comer pan de trigo, mejoraban y lo consideraban
un milagro hasta que se descubrió la causa. Abandonado tras la desamortización
de Mendizabal, vive sus peores momentos como parte de una granja. Dicen
que se está haciendo un albergue en su interior. Ojalá sea
así y dé esta función la dignidad que se merece tan
santo e histórico lugar.
En Castrojeriz, las palomas daban la vuelta al campanario de la iglesia
de Santa María una y otra vez, en una espiral interminable. Tras
observarlas durante un buen rato las dejo a su aire, y nunca mejor dicho.
Es año olímpico y se empieza a notar.
Desde que hace sol y olemos tan mal, cada peregrino lleva un grupo de moscas
que le acompaña allí a donde vaya. Un asco. Hay tratos y
hay quien trata de pasar su grupo a otro por cualquier cosa. Pero la lealtad
de las moscas es proverbial entre los caminantes. Una cruz.
De parada obligada, "La Taberna" de Castrojeriz ofrece unos deliciosos
desayunos. Amables y cariñosos reconfortan al caminante con buenas
palabras y suculentos platos para lo que nos viene encima.
La cuestecita tras el puente es dura, pero al meter una máquina
para mejorarla, este año está impracticable. Con la tierra
blanda, la sudada que te metes es de cuidado. Arriba hace fresco y hay
que abrigarse. Luego llega el maravilloso valle ante el que es imposible
no extasiarse. Para mí, este es uno de los trozos más bonitos
del Camino a su paso por Castilla.
Llegando a Itero del Camino uno nota los kilómetros. Es un buen
momento para descansar un rato sentado a la vera del camino. Al menos por
estas tierras no se da como en otras partes en las que la carretera nacional,
la carretera comarcal, la pista forestal y el Camino fugan paralelas hacia
el horizonte sin encontrarse jamás. No lo entiendo, me parece un
exceso. Al final, cada uno va por donde Dios le da a entender. Quizá
es que la mente te hace travesuras al pasar tanto tiempo solo, caminando
con muy pocas y muy básicas preocupaciones. Pero quizá es
que los humanos hemos perdido los papeles. O la seriedad.
En Boadilla del Camino, hay un buen refugio privado. Esto permite acortar
un poco esta etapa tan larga. Y la de mañana, tan sencilla y corta,
queda más equilibrada. Así que tres de los cuatro que añoche
dormimos en Hontanas hemos coincidido aquí. Relajados, con un maravilloso
jardin y amables hospederos hemos descansado en la paz de la tranquilidad.
17.03.04. Miercoles. Boadilla del Camino-Carrion de los Condes (443):
¡Qué bien he dormido! Eran las 8 de la mañana y seguíamos
en el saco. No son horas de peregrino. Pero es que este lugar está
muy bien. El desayuno ha sido otro pequeño placer, casero y abundante.
Eran las 9.30 cuando salíamos camino de Fromista, caminando junto
al Canal. Agradable y relajado hasta llegar a San Martin. Visita obligada
para quien admire el románico, esta iglesia en una joya inacabable.
Sólo entre capiteles y canecillos se pueden pasar las horas. Es
dificil dejarla para seguir y mi trabajo me ha costado, que ya eran las
12.30 y seguía a la sombra del edificio.
El andadero que viene a continuación debe ser de una tremenda dureza
en verano, ya que ahora que aún es invierno el sol calienta y te
obliga a ir fresco de ropas y llevar liquido en abundancia. En los meses
de calor debe de ser una prueba durísima.
En Villarcazar de Sirga he intentado ver la iglesia, tan afectada por el
terremoto de Lisboa, y estaba cerrada. Es muy interesante este edificio
por muchas razones artísticas, culturales e históricas. Una
lástima pasar ante semejante monumento y no poderlo admirar. Debería
haber un servicio como lo hay en Torres del Rio con la iglesia del Santo
Sepulcro, en el que los vecinos se turnan la posesion de la llave cada
semana y así siempre es posible visitarla. Es lamentable que tantas
iglesias a lo largo del camino estén cerradas, siendo esta una ruta
de meditación y religiosidad.
La llegada a Carrión es plácida y relajada, cayendo en una
suave pendiente en la que siempre hay algún paseante del lugar con
el que conversar y aprender. De los dos refugios he optado por el de las
monjas y la verdad es que me ha decepcionado. No acostumbro a quejarme
de nada en el Camino, pero todo tiene un límite. Una cosa es la
humildad, la austeridad y otra muy diferente el cutrerío. He pagado
5 euros y lo he encontrado más caro que si hubiera pagado 150 por
pasar una noche en los Reyes Católicos de Santiago. El cuarto no
es que estuviera frío, era un frigorífico. La calefacción
estaba apagada, la ventana era un hueco en la pared que no dejaba pasar
la luz pero sí el frío ya que no tenía nada que cerrar.
Sucio, con las paredes desconchadas y llenas de humedad, la mesilla eran
sacos de cemento amontonados y las mantas eran terminales. Para colmo,
al cuarto en el que me han instalado se llegaba a través de otro
y los aseos y cocina eran tercermundistas. Y la guia del Pais habla de
camas con sabanas... Eso si, son muy amables y cierran tarde la puerta
con lo que se puede ir a cenar fuera sin prisas.
18.03.04. Jueves. Carrión de los Condes-Sahagun (487):
He salido disparado a primera hora del cuchitril en el que he pasado la
noche. Estaba deseando irme y así lo he hecho antes de que nadie
se despertara. He desayunado y preparado mentalmente he empezado a caminar
para enfrentarme al verdadero páramo, a la nada absoluta, a 18 kilómetros
de camino recto, sin nada a los lados salvo la encina que alegra los ojos
al cabo de un buen rato.
Es la prueba. Hasta Calzadilla de la Cueza se podría caminar con
los ojos cerrados. Porque es recto y porque no hay nada que ver, nada.
Solo ante el cielo y la tierra que se unen en el horizonte, plano como
el mar. El vacio, el no ser. El cuerpo ya ha superado las dificultades
físicas. Es ahora la mente la que ha de superar la prueba. No es
fácil si te traiciona . Es el infinito que te rodea. Es la soledad
ante la inmensidad.
Un truco que uso es forzar mi cuerpo, aumentar el ritmo de mi caminar.
Ello me permite acortar la eternidad y hace que mi mente se concentre en
mi cuerpo, en cómo funciona, en dónde sufre. Y el sonido
de mis botas sobre la tierra crea un mantra que me permite concentrarme
en otras cosas. Y así, en un santiamén llego al final, superando
los campos de cantos, la encina, el vacío. Sin sufrir, contento,
sudoroso, relajado.
Y paro en el bar y me tomo un pincho de tortilla que es la mejor del Camino.
Porque tanto no-ser te da hambre. Porque un descanso siempre sienta bien,
y los mentales aún mejor. Porque tanto predegal te pide alegría.
Y porque quererse es una de las primeras leyes de la vida. Para sonreir
y ayudar a los demás.
Después todo es más fácil. Un agradable andadero te
lleva hasta Ledigos en donde la buena temperatura que hacía me ha
permitido descansar un buen rato junto a la fuente. Es muy pronto todavía.
A Terradillos de los Templarios he llegado muy fresco. Dado que la mayoría
de peregrinos se iba a quedar aquí, he decidido seguir hasta Sahagun,
ciudad interesante en la que voy a estar prácticamente solo, salvo
que aparezca algún grupo de ciclistas. La temperatura acompaña
y aunque cansado, el recorrido se convierte en un paseo.
Es la mitad del Camino. A partir de aquí comienza la cuenta atrás.
El refugio es sensacional, amplio y prácticamente vacío.
Las duchas hirviendo. Un hotel de lujo para un peregrino. No pido más.
19.03.04. Viernes. Sahagun-Reliegos (520):
Después de dormir como un angel me he levantado a las 7.30 para
desayunar unas buenas tostadas con un excelente café con leche antes
de empezar una etapa larga y aburrida por la nada. Una única recta
en la infinitud del páramo, sólo la autopista y la linea
del tren animan el caminar durante un día sin sol, con algo de viento
y cierto fresco. El conductor de un tren me saluda al pasar. La soledad
une a los que en ella se encuentran.
Una etapa útil para el desarrollo de la mente, de la voluntad.
Un mal cálculo de las distancias me hace perder el control de la
etapa. A esta desazón se me une un tremendo dolor de cabeza y hace
que no vea el momento de llegar. El físico me tortura ahora que
ya llevo un pie perfecto (con una uña rota) y otro fatal (tres ampollas
y otra uña muy mal) y la mente no colabora, descentrada. Pero así
es el Camino, pasito a pasito hasta Compostela sobre mis males. Y lo lógico
es que sufran lesiones tras tantos días de trajín. Los kilómetros
que en otro momento me hubieran producido serenidad, me ponen de los nervios.
La vista me engaña varias veces y no pasan de espejismos todo aquello
que parecen pueblos.
Perdido en mis pensamientos tropiezo con una enorme cagada de algún
rumiante. Ello me hace pensar en que caminando hacia Santiago se pisa mucha
mierda, se encuentra mucha porquería, en el Camino y dentro de nosotros
mismos. Dos buenos temas para meditar, para tratar de limpiar todo aquello
que ensucia nuestro entorno, nuestro interior. No es tarea fácil,
doy fé de ello.
He de recordar aquí a todos aquellos "tontolabas" que
ensucian las marcas del Camino con sus nombres o estupidas consignas políticas.
Les aconsejaría que se vayan a ver a un psiquiatra o al menos a
un pediatra, mejor que venir aquí a estropear lo que es patrimonio
de todos. Una lástima encontrar aquí la sinrazón del
ser humano, con todas sus debilidades e ignorancia. Si no hay respeto por
los demás, por el entorno, en un recorrido como este, que puede
haber en el mundo. Una pena.
Y pensando y sufriendo llego al campo de entrenamiento de la Escuela de
Ultraligeros. Naturalmente se me va la mente al cielo y sueño con
volar suavemente hasta el final de este día que se me está
haciendo pesado. Medito sobre el por qué unas etapas nunca acaban
cuando no son excesivamente largas y otras que abarcan una gran distancia
se hacen en un suspiro. Me hago preguntas y las comparo con la realidad
habitual en donde ciertas tonterías se nos hacen insuperables y
sin embargo somos capaces de hacer cosas de colosal dificultad.
Y así, poco a poco, luchando contra los últimos kilómetros,
veo que al fin hay vida tras el desierto. Llego a Reliegos y una ducha
recompone mi mente, tan debil hoy.
Una cena en la cocina de este sencillo refugio me deja listo para, tras
una breve charla con los escasos peregrinos que aquí han decidido
pernoctar, caer en el más dulce de mis sueños, relajando
cuerpo y espíritu hasta mañana.
20.03.04. Sábado. Reliegos-León (550):
Vuelve a amanecer azul pero fresquito. Tras un desayuno bastante rico y
completo con pan quemado, margarina, bollos y café de sobre, empieza
esta etapa más bien de trámite para llegar a León,
magnífica ciudad donde las haya.
Hasta Mansilla de las mulas es agradable y manejable. En un bar de la plaza
un buen bollo con café templan el cuerpo. Que aunque luce el sol
el aire corta como un cuchillo.
En la plaza curo los pies a un par de peregrinos. Parece mentira que después
de tantos días caminando todavía aparezcan nuevas ampollas
y rozaduras.
Y vuelta en el Camino empieza la procesión de pueblos sin interés
mientras la senda va junto a la carretera, hasta llegar a los primeros
polígonos industriales que anuncian la proximidad de la ciudad.
A partir de ahí es una madeja de autovías, puentes y arcenes
por una de las partes más desagradables de este andar hacia Compostela.
Pero las torres de la Catedral se ven en el valle y la mente se regocija
con la llegada y el disfrute de tanto arte y de tan rica gastronomía.
El refugio de las monjas está prácticamente vacío
y fresquito cuando llego. Luego se llenará. Es fin de semana y este
es un buen lugar para empezar la peregrinación.
Visito la Catedral en su iluminada fluidez, la cripta de San Isidoro, perdiendome
entre tanta maravilla románica, entre tantos detalles simbólicos,
la casa de los Botines, un par más de edificios significativos y
finalmente el barrio "humedo" en donde me tomo unos vinos acompañados
por maravillosas morcillas de la tierra y otros pinchos memorables. Qué
gran tierra esta, qué calidad de vida y cuánta amabilidad.
Me llevo la alegría de que en uno de los bares me sirven un vino
para el que hace un año diseñé la etiqueta. Esto termina
de ponerme de muy buen humor con el que regreso al albergue pues se me
está haciendo tarde.
En el albergue curo los pies a una peregrina. Un ciclista se me acerca
y creyendose que soy médico y extranjero me pregunta con infinitivos
si le puedo curar una tortículis. Le digo que de la cintura para
arriba yo no sé nada. Se me acerca otro que me oye y que tiene un
problema en una pierna. Por conocer la lesión, que sufro de forma
crónica desde hace años, le cuento el origen, causas y soluciones.
Encantado se va. Cuando se me llena la consulta les he de explicar que
no soy doctor, sino un simple peregrino con algo de experiencia y buena
voluntad, que no sé más allá de lo que han visto y
que mejor es que si tienen problemas importantes pasen por el ambulatorio,
que las ampollas yo se las curo.
Y así, curando pies, me cuenta un peregrino lo que le ha pasado.
En su casa, metió la bici en una caja para enviarla a León
y no se le ocurrió mejor cosa que hacer unos agujeros para que respirara.
La factura, coge el tren, la recoge y cual es su sorpresa al ver que al
hacer los huecos, la ha pinchado. Si lo que no le pase a un peregrino...
Y ahí está el hombre, reparandola. En ello estábamos
cuando las monjas nos invitan a la bendición. Y tras ella, derechitos
a la cama.
21.03.04. Domingo. León-Villar de Mazarife (580):
A las 7.00 en punto el hospitalero a entrado en el dormitorio, ha encendido
las luces y sin decir nada se ha ido a prepararnos el desayuno. Y a la
calle, a patear el campo. Me ha recordado Cuba cuando te dicen aquello
de:
"Te voy a poner un "tumbao" para que te vayas derechito"
Y derechito derechito me he llegado hasta la Virgen del Camino. Como es
domingo había Misa en la iglesia y la he podido visitar por dentro.
Interesante, con buenas soluciones y un retablo barroco y maravilloso que
destaca ante una arquitectura limpia. Es curioso ver una obra de artistas
todos catalanes en León.
A partir de aquí hay que decidir cual de las opciones, cual de los
caminos tomar. Opto por el de la izquierda que me llevará a Fresno
del Camino, Oncina de la Valdocina, Chozas de Abajo y finalmente a Villar
de Mazarife. Sé que por aquí no vendrá nadie, lo que
me garantiza paz y silencio y además la senda discurre lejos de
la carretera.
Pero desgraciadamente, lo que era un maravilloso sendero por un apacible
campo ha desaparecido para dejar lugar a lo que ahora es una amplísima
pista embarrada y que probablemente será una carretera asfaltada
en el futuro. El resultado es una cicatriz, una herida en el campo que
se pierde en el horizonte. En alguna otra parte me quejaba de que discurren
paralelas tres o cuatro vías. Aquí lo he de hacer de que
no se haya respetado el camino que existía, de todo lo contrario.
Creo que cada caso es diferente y hay que atender a la historia, a la estética
y a las necesidades conforme a cada lugar. Aquí han desgraciado
un paraiso. Eso sí, ahora se podrá ir a 200km/h a tomar un
orujo a Chozas de abajo. Una gozada.
Y es aquí en donde paro un momento a descansar y a tomar un refresco.
No queda nada a Villar de Mazarife y lo dejo como un paseo para más
tarde.
Y así es. Sosegadamente llego a este tranquilo pueblo en donde me
alquilan una habitación en una casa (12¤ ), porque el albergue
está medio en ruinas. Una pena porque si se arreglara sería
un espacio muy agradable con su patio y balconada interior.
Pero lo mejor de este pueblo llega al anochecer, al ir a cenar al Mesón
Rosy en donde la dueña con maternal cariño te da una "sopina"
y un cocido que levanta a un muerto. Maravillosa cocina y extraordinario
corazón el de esta Señora que me alegro de poder escribir
con mayúsculas. La verdad es que es uno de los personajes del Camino,
por su amabilidad y gentileza, por su sonrisa e ilusión, por la
maternal calidez de su trato con los peregrinos.
De vuelta al cuarto me salva la copa de orujo a la que me ha invitado la
Sra. Rosy, pues hace un frío que me recuerda al pasado en Atapuerca.
No sé cuantos grados bajo cero debe hacer, pero seguro que muchísimos.
Son las alegrías de hacer el Camino en invierno, aunque justo hoy
ha empezado la primavera...
Y hoy que pensaba roncar como un loco tras tan abundante cena, calentito
cuando la helada cae fuera, durmiendo en una cama de verdad con sábanas
y edredón, me ha dado un cólico nefrítico. Quien no
lo ha sufrido no sabe lo que duele. El sudor frío me cubría
el cuerpo y me veía en el hospital y luego de vuelta a casa cuando
poco a poco, tras un par de horas de sufrimiento, ha ido remitiendo el
dolor y me he dormido agotado.
22.03.04. (Lunes) Villar de Mazarife-Astorga (616):
Me he levantado un poco asustado ya que el ataque se ha repetido durante
la noche. En ambas ocasiones he podido aguantar y al cabo de unas horas
se ha pasado, pero te queda la inseguridad a que se vuelva a repetir.
El desayuno, como siempre, me ha animado y la he emprendido con la rectísima
carreterita llena de tractores que te lleva al siguiente pueblo. Desde
allí hasta Hospital de Orbigo por diferentes caminos y variaciones
por las obras de la autopista. Un hombre me ha comentado que en el futuro
ya no habrá que cruzar la vía del tren pues se va a construir
un puente para los peregrinos. No creo yo que necesitemos los que caminamos
tantas infraestructuras, tanto lujo. Al final este Camino va a ser una
alameda que cruce el país sin personalidad ni encanto. Al menos
en los próximos 100 años, hasta que los plátanos crezcan,
den sombra y calidez a algo tan frío.
El viento es gélido y cada vez sopla más fuerte. Me da en
la cara y hace que se me vuele el sombrero que me protege la calva y el
sabañón e impide un cómodo avanzar. Llega un momento
en el que he de hacer un gran esfuerzo para poder caminar. Esto me va a
agotar. Quedan kilómetros hasta Astorga, algunos de una belleza
extraordinaria, pero voy a sufrir, voy a llegar cansado por más
que dosifique las fuerzas.
Me adelantan ciclistas que son los que de verdad padecen hoy con estas
condiciones. Algunos se paran para descansar, beber y charlar un rato conmigo,
solitario peregrino de a pie. Nos deseamos Buen Camino y la distancia nos
separa de nuevo.
Llegando a la cruz de San Toribio me siento un rato contemplando Astorga
en la lejanía. Sé que está cerca, pero que aún
quedan unos buenos kilómetros que me van a rematar. Hoy no llevo
muy bien los pies y me faltan fuerzas. Es el viento. Peso poco y se me
lleva, lo que me obliga a hacer un mayor esfuerzo. La última cuesta
me pone de buen humor. Me da la risa cuando veo que hay un repecho de cuidado
en los últimos metros. Es como aquello de
"Que no quieres sopa,
pues toma, dos tazas"
Y llego al refugio que ya está lleno de peregrinos que no conozco,
que no sé de donde han salido. Me toca la última litera,
arriba de todo, encima de la de encima, tercer piso de un rincón.
No sé si podré subir con lo cansado que estoy.
He ido al hospital a curarme la uña y una llaga y tras tomarme unas
mantecadas, unas rosquillas y un rico café con leche me ha vuelto
la vida al cuerpo. Jugandome una congelación de orejas y manos,
he oido y visto a los maragatos dar las 8 horas en el
relog del Ayuntamiento y me he ido a cenar y al refugio.
Y yo pecador, he trepado a mi camastro para dormir como un santo en las
alturas.
23.03.04. Martes. Astorga-Rabanal del Camino (640):
Hacía tanto calor al haber tanta gente y calefacción que
he dormido con el saco abierto (y es de verano) y sin mantas. Pero he descansado
maravillosamente. Cuando uno está cansado y muerto de frio, cualquier
cosa es un lujo.
Me ha costado desayunar, que estas ciudades no hacen horario de peregrino
y a las 7 todo está cerrado. Pero sin café yo no arranco.
Así que me he espabilado para conseguir uno con tostadas que me
animaran a salir a esta gélida mañana, a un recorrido que
me llevará a maravillosos lugares del Bierzo.
El sol ha ido saliendo y templando el ambiente y he tenido que ir parando
para quitarme cada vez un poco de ropa. Parecía un strip-tease de
peregrino, nada excitante desde luego, pero sí muy muy fresco.
La etapa que me había propuesto era corta y fácil, así
que he ido parando en todos los pueblos que he encontrado. He intentado
tomar un café en todos ellos y en ninguno ha sido posible, todos
los bares estaban cerrados. Así que he seguido tranquilito, sin
desesperarme, hasta el gran roble a cuya sombra se han cobijado tantos
peregrinos a lo largo de tantos, tantísimos años. He visto
pasar a algunos pero no todos han parado. Rabanal está a un paso
y es muy pronto, no merece la pena correr. Somos pocos y cabremos todos
entre los tres refugios.
Al final me decido a continuar, a dejar esta paz de siglos bajo la sombra
del gran árbol y me llego, en cuesta claro, hasta el refugio de
la Confraternity of ST. James, al Gaulcelmo. Está todavía
cerrado y me acerco a tomar una cerveza al mesón. Empieza a lloviznar
y cada vez hace más frío.
Cuando la termino el albergue ya está abierto. Los hospitaleros,
amables y muy ingleses nos acomodan, nos explican las normas y me inscribo.
Por haber llegado el segundo elijo litera en un rincón tranquilo.
Y dejo correr las horas en este maravilloso lugar. Pienso en mañana,
para algunos la etapa reina, y en todas las que he ido dejando atras durante
estas ya casi tres semanas de errar por los montes. Recuerdo mi cómoda
vida en la ciudad y lo libre y feliz que me siento ahora con nada en mis
manos salvo una ramita seca de roble. Y medito sobre aquella frase que
dice que el Camino es un reflejo de la vida en la que:
"Caminamos hacia una tumba y cuanto menos cosas tengamos más
ligeros avanzamos"
Llega la noche, el refugio se llena y cenamos unos cuantos en el mesón
una extraordinaria sopa de verduras (cuatro platos me he tomado) y un enorme
bistec con patatas, servido por un camarero atento y amable al que es un
placer darle una buena propina dentro de la humildad de nuestra condición
de peregrinos.
Me entero por otros que medio país está en alerta roja por
los temporales de nieve, y el extremo clima que está haciendo. El
frío aprieta de lo lindo. La altura se nota y la niebla desdibuja
los contornos de las casas. En una carrera estamos en la cama y probablemente
otra vez nos ha salvado la vida el orujito al que nos han invitado.
24.03.04. Miercoles. Rabanal del Camino-Ponferrada (675):
Esta noche ha hecho muchísimo frío. Con mantas he resuelto
el problema, pero fuera debe haber una helada impresionante. El desayuno
estaba servido a las 7 de la mañana y a las 7.05 allí me
tenían los hospitaleros estrenando café, tostadas y margarinas.
Una gozada. Mientras, amanece y la tenue luz va dejando entrever los copos
cayendo lentamente. Otro café me anima a mirar y ver cómo
todo está bajo un manto de nieve. Hoy va a ser un día bonito,
caminando por tan maravillosos y mágicos lugares con todo en blanco.
Mientras los lobos no bajen a los valles, todo va a ser fantástico.
Subir a la Cruz do ferro si la ventisca arrecia promete emociones. Así
que tras prepararme mentalmente, que abrigado ya iba, me he echado al monte.
A pesar de la nieve se puede caminar bastante bien, todavía no hay
demasiada. Está inmaculada, debo ser el primer peregrino que ha
salido, al menos por la senda, que se puede elegir la pequeña carretera.
Es un pequeño placer extra saberse solo en este mundo exigente y
hermoso. La paz de la mañana y de la montaña me acogen y
hacen que mi caminar sea un disfrute de todos los sentidos. Desde el sonido
que producen las botas al pisar la nieve, hasta el susurro del viento en
los pocos árboles que a esta altura crecen, todo acompaña
al recogimiento interior, a un goce puro y sencillo desarrollado por tantos
días al aire libre. Ni el sabañon de la oreja ni los problemas
con los dedos pueden empañar este sentimiento de libertad, de profunda
serenidad que en mi espíritu se sitúa.
Perdido en mis ensoñaciones, admirado por la belleza del entorno
paso el fantasmal Foncebadón en donde música clásica,
el Requiem de Mozart, me llega desde alguna casa habitada. Marco los caminos
sobre la nieve para los que vengan detrás pues recuerdo el sendero
de las otras veces que por aquí he pasado. Según asciendo
por el monte la niebla va cayendo y me aisla. En un mundo irreal y blanco
se me aparece la Cruz do Ferro subitamente, produciendome un profundo efecto.
Subo al cúmulo de piedras y deposito la mía. Trato de ver
las montañas en el horizonte, de comprender la magnitud del momento
y la niebla me devuelve a mi realidad interior.
De bajada hacia el Acebo paso por maravillosos rincones hasta que una campana
resuena en el vacío. Es Tomás, el hospitalero de Manjarín,
que me ha visto y me guía hasta su refugio para invitarme a un café.
Lo encuentro más triste que otras veces, afectado por el atentado
de Atocha. Hablamos un rato e intercambiamos lágrimas. El café
puede ser malo, pero el instante es profundo, intenso.
Al salir, la pareja de ocas me ataca. Me da la risa y esto rompe el embrujo
del momento, pero no me dejo pillar, que son peligrosas. Tras varios intentos
yo de pasar y ellas de no dejarme hacerlo, se retiran muy dignas, anadeando
con la cabeza muy alta. Me estoy muriendo de la risa, pero disimulo para
que no se sientan ofendidas y la liemos.
Sigo bajando y la nieve y la niebla van desvaneciendose. Finalmente queda
un día de luz radiante y frío aire que completa el bienestar
interior en el que me encuentro. Las cuestas abajo deben destrozar las
rodillas de los que de ellas sufran. Yo, libre de tal penalidad, doy gracias
porque sean para abajo y no al revés, porque son muy pronunciadas
y se prolongan por muchos kilómetros. Llegando al maravilloso pueblo
del Acebo me doy cuenta que el esfuerzo me ha abierto el apetito. Entro
en el mesón, pido un revuelto de la casa y me sirven un extraordinario
y exquisito plato. La camarera, amable y coqueta, me sonríe desde
la barra. La vida es bella cuando fluye en paz. Doy gracias y me tiro hacia
Molinaseca tras desear paz eterna ante el monumento del ciclista alemán
que aquí murió.
Esta es una etapa larga pero quizá una de las más bellas,
emocionantes y mágicas de esta parte del Camino. La tormenta está
enganchada en las cumbres y parece que avanza muy lentamente. El campo,
lejos de las nieves está lleno de lavanda y otras plantas aromáticas.
Es un placer bajar por estos senderos aún naturales, en el silencio
de una tarde primaveral.
Molinaseca es un maravilloso lugar. Todas las casas aportan algún
concepto arquitectónico, estético o soluciones ingeniosas
ante las dificultades. Un paseo por ella relaja la mente y deja que el
cuerpo se tonifique para el último tramo que es bastante aburrido.
Una acera junto a la carretera te lleva directamente a Ponferrada salvo
que elijas la variante que te lleva por los polígonos industriales
y que tras dar una enorme vuelta te sitúa ante la puerta del espectacular
castillo de los Templarios.
Pero una vez alcanzado el albergue se te olvidan las penas ante tan buen
lugar. Dicen, y parece ser que es verdad, que pasó no hace muchos
años un peregrino suizo y albergandose en el antiguo refugio, humilde
y sencillo, decidió enviar el dinero necesario para construir el
que hoy nos alberga. Impresionante, posiblemente el mejor de todo el Camino.
Intimo y moderno, completo y agradable. Desde aquí mi agradecimiento
a aquél peregrino y a los hospitaleros que tan bien me reciben.
Gracias, porque gracias a todos ellos este día ha sido perfecto.
Incluyendo la deliciosa cena que me han dado en un restaurante de la ciudad
por 6¤, con una amabilidad y cariño que hacía tiempo
no había sentido. Gracias Ponferrada.
25.03.04. Jueves. Ponferrada-Villafranca del Bierzo (713):
He encontrado al salir un café en el que había churros. Y
allí me he tomado un buen desayuno para templar el frío que
hace a primera hora. Y así ha empezado mi paseo diario hasta que
llegue a otro refugio en el que decida quedarme. El sol poco a poco ha
ido calentando y al final me he sentado en una tasca con terraza de no
sé qué pueblo a tomarme un segundo desayuno y a ver pasar
a los peregrinos más madrugadores. Tranquilo y sosegado he continuado
por un camino que hoy no aporta grandes monumentos ni gran belleza en sus
paisajes. Las cigueñas ocupan las espadañas y campanarios
de todas las iglesias, las chimeneas de algunas casonas y las de todas
las fábricas en desuso. Las golondrinas ya han aparecido en este
cielo tan azul. Son señal de bonanza, así que pocos temporales
más nos van a caer. Pero en llegando a este punto, ya da todo igual.
He pasado por nieve, lluvia, cieno, viento, frío, calor, heladas.
Salvo alguna buena granizada creo que he vivido todos los fenómenos
climáticos. Bueno, me faltan un par de tornados, para rematar.
En Prada me han invitado a una copa de vino y a una empanada de carne con
patatas que animaba a cualquiera. Desde allí y superando repechos
hasta llegar a un agradable sendero que poco a poco, por pequeños
barros, me han llevado a Villafranca del Bierzo.
He intentado visitar la iglesia de la Puerta del Perdón, y para
variar estaba cerrada. Me he conformado con verla desde fuera y disfrutar
después de todas las obras que en la villa hay, que son muchas y
muy variadas. La verdad es que no sé a qué debe su grandeza
este lugar. Reconozco mi ignorancia. Y me sorprende que sea en un lugar
con tantos desniveles y un urbanismo tan complejo.
Como mis pies están todavía quejandose de tanto caminar,
no se me ha ocurrido mejor cosa que ir a una zapatería y comprarme
unas zapatillas de paño de andar por casa. Si, las de los abuelos.
Ha sido una idea genial que a todos recomiendo. Mis pies, sin el sufrimiento
de estar encerrados en las botas me lo han agradecido profundamente. Todavía
veo a los pequeñines de la casa, los dedos pequeños de los
pies, sonriendome desde mis recién estrenadas chancletas. Y jugando
a sus anchas con los de al lado. Qué contentos están, qué
felices son ahora. Y qué pinta tengo, sucio, barbado y con espectacular
calzado. Sin comentarios...
En la villa los dos refugios estaban abiertos, el municipal y el privado
de la familia Jato. Pero me he buscado la vida y he dormido en la paz de
la soledad.
26.03.04.Viernes. Villafranca-O Cebreiro (736):
Para mí, esta es la verdadera etapa reina. Muchos kilómetros
y mucho monte, mucha cuesta. Así que tras un buen y energético
desayuno, en vez de tomar el camino que va por el arcén de la carretera,
me he enfrentado con la primera subida, aquella que reza:
"Camino muy duro solo para buenos caminantes"
Naturalmente iba con mi mochila. No he caido en la tentación de
mandarla en coche hasta O Cebreiro como otros han hecho. Mis pecados vienen
conmigo. El primer repecho es realmente duro. Como llevo muchos días
caminando estoy en buena forma y si no la he superado con facilidad, si
la he culminado con buen humor. Subiendo y subiendo, la vista del valle
se hace más y más espectacular, más amplia. Después
los bosques de castaños centenarios, casi milenarios, el rumor de
las hojas en el sendero, el silencio del campo, premian a aquellos que
puedan elegir esta ruta. Desde esa paz se ve a otros abajo, cual hormigas,
caminando por la gris serpiente de la carretera.
Y si la subida es dura, la bajada no lo es menos, no decepciona. Pobres
de aquellos que pesen mucho y hayan de soportar su masa en estas pendiente,
pobres de sus rodillas. Mucho corazón han de tener para meterse
en estas aventuras.
Mientras dominaba el vertigo me he encontrado un guante izquierdo solitario
y abandonado. Lo he recogido y por ser de gran calidad y hacer frio me
lo he puesto en la mano que llevaba el bastón, pues soy zurdo de
natural, derecho por hábito y educación. Que como los futbolistas
buenos que chutan y meten goles con ambas piernas, yo defiendo la idea
de que para ser un individuo completo hay que ser ambidiestro. Y así
he llegado a la carretera, más tranquila desde que se ha inaugurado
la autopista, colosal obra de ingeniería que me admira. El arcen
pintado en amarillo y protegido por una valla hace algo más agradable
y mucho más seguro los kilómetros que por ella transcurre
el Camino. Al abandonarla y entrar en las comarcales uno se enfrenta a
la realidad de otro mundo. Esto es Galicia aunque la burocracia no lo diga.
El paisaje y el paisanaje, la arquitectura, el campo y los hábitos
así lo atestiguan.
Poco a poco van llegando las primeras rampas, todavía suaves de
lo que todos temen. Mientras, una nueva molestia en mis pies reclama mi
atención, hay algo que no va bien en mis talones. Me dejo de tonterías
y tras hablar un rato con un hombre que tiene a las vacas pastando y que
no me deja ir, me meto en el sendero, en el barro, en la verdad de este
día. Y así, resollando, poco a poco, pasito a pasito, voy
subiendo entre vacas y campos verdes, cada vez más arriba, cada
vez más alto, cada vez con mayor horizonte.
Y es aquí, cuando más cansado voy, cuando el sudor empapa
mi cuerpo en esta fría tarde, cuando más perdido estoy en
las profundidades de mi mente, cuando un perro me ataca justo desde encima
de mi cabeza. Agotado, pego un bote que me lleva al otro lado de la "correidora"
desde donde todavía con el corazon en la boca veo al animal. El
muy canalla es albino, mil leches y cascarrabias. Está atado y vigila
su territorio desde lo alto de la valla por la que corre el Camino. Le
llamo tontolaba, gilipollas e hideputa y pienso en agacharme para coger
una piedra, algo que todos los perros temen porque saben que les puede
hacer daño. Pero recapacito y le sonrío. Está haciendo
su trabajo, lo hace bien y es la única diversión que tiene
en este perdido y maravilloso rincón del mundo. Y pienso en lo que
se reirá cuando recuerde el susto que me ha dado y el bote que he
pegado incluso cargando con mochila. Así que acabo sintiendome como
Francisco de Asis y mientras me alejo con el corazón todavía
alborotado y una buena sonrisa en mis labios, le digo:
"Agur hermano perro, que austes mucho y bien"
Y poco a poco, cada vez más suavemente porque las rampas son más
asequibles, porque el cansancio deja mis piernas escayoladas, rígidas,
voy llegando a lo alto, desde donde vislumbro un paisaje maravilloso del
valle y las montañas. Somos unos afortunados los que hoy llegamos
aquí por recibirnos Galicia con un tiempo tan bueno, tan luminoso,
tan claro, tan frío, en el que la visibilidad es extraordinaria.
Pero este sentimiento de paz y felicidad se desvanece al entrar en este
primer albergue de la Xunta, en donde aparece un problema que los peregrinos
tememos, que nos indigna:
El refugio está completo porque hay dos colegios. Yo que he ido
por el camino largo y difícil, con mochila, he llegado el último
y por poco me quedo en la calle porque quedaban sólo dos camas libres
en el albergue. Y no me he podido duchar, habiendo llegado empapado de
sudor, porque los niños habían gastado el agua caliente cuando
han venido tan ricamente en buses, fresquitos.
No creo que sea justo que alguien pueda reservar 50 plazas y nosotros no
podamos hacerlo para una persona, que además viene andando. No pido
privilegios sino que se cumplan las normas. Que no se acepten reservas
de nadie, que tengan preferencia los que vienen andando y que los que van
en autobús o vehículos motorizados se vayan a los hoteles,
que para eso están.
Así que de un humor de todos los diablos, descentrado por el bullicio
del refugio tan ajeno al mundo del peregrino, me he ido a tomar un riveiro
y un queso del lugar. Y allí, con otros peregrinos he recuperado
la serenidad. Y el buen humor al pedirme un compañero el guante
que todavía llevaba puesto y que él había perdido.
Y contarme la anecdota de que su compañero se había dejado
los suyos en el refugio de Villafranca y otro peregrino se los había
subido. Y ya metidos en historias me ha contado una alemana que había
perdido su movil y un compatriota lo había encontrado subiendo y
se lo había dado.
Qué pena no haber perdido hoy un amor...
Tras cenar nos vamos corriendo al albergue porque el frío es glaciar
y hasta los de Burgos se espantan de la temperatura. Preparado ya para
dormir, sereno, me miro los talones y veo que tengo dos hermosísimas
ampollas de sangre. Quien lo entiende, con más de 700 kilometros
en mis pies y ahora empiezan con estas tonterías. Así que
castigados por imbéciles los he mandado callar y a la cama, que
no son horas para hacer el sinsorgo, que para eso ya tenemos a los colegios,
que no callan y ya son las 23h.
27.03.04. Sabado. O Cebreiro-Samos (771):
Pues una gozada, los del colegio han estado gritando y corriendo hasta
las 23.30. Y luego te levantas y no hay agua caliente, como ayer y vas
a tomar un café y les sirven primero a ellos, que son muchos, porque
han reservado hora para desayunar. Y nosotros que somos cuatro gatos tenemos
que luchar para conseguir algo. Así que hartito de esta historia
y muy educadamente, me acerco a los profesores y les pregunto por las etapas
que van a hacer. Naturalmente para no coincidir con ellos.
En un ejercicio de humildad comprendo que todos aquellos que llegan a la
Catedral de Santiago son peregrinos, hayan venido caminando desde los confines
de Europa o hayan llegado en autobús hasta las mismas puertas del
templo. Acoja Santiago a todos los que a él llegan con ilusión.
Así que templado por el café, la meditación y la seguridad
de que no me los voy a volver a encontrar, comienzo a bajar hacia el valle
que permanece todavía en la niebla, con cuidado del hielo que cubre
las humbrías, tratando de olvidarme de las ampollas, luchando contra
el frío que hace y siento, hasta que entre en calor.
Llegando al Alto do Poio paro a tomar un café. El Alto de San Roque
ya me ha calentado y este otro, aunque corto es intenso en su repecho.
Desde el bar veo cómo ciclistas, peregrinos de fin de semana, suben
empujando las bicis, con la lengua fuera y mucha ilusión en el corazón.
Continúo por un sendero agradable, pasando pequeños pueblos
en donde los perros no me miran e incluso disimulan. Este año no
me han ladrado muchos, excepción hecha del de ayer. Se están
haciendo mayores o ya me conocen de otras veces.
Llego a Triacastela muy pronto y muy fresco. Dado que los colegios se quedan
aquí, decido seguir hasta el Monasterio de Samos tras departir un
rato con el amable hospitalero e invitarme este a probar un orujo que hace
él en casa y que dice que tiene 92 grados.
Salgo vivo de milagro.
Aunque al principio hay bastante carretera, el camino se mete después
por unos lugares idílicos, maravillosos en la luz de la tarde. Uno
de los paseos más agradables que he dado en mi vida por un recorrido
que posiblemente es el más bucólico de todos los que en el
Camino se recorren. La luz de esta primavera provoca mil verdes con el
murmullo de los arroyos de fondo.
Y mientras los kilometros caen en la paz de la tarde y el cansancio se
acumula, los sentidos se embriagan de todo aquello que perciben.
Creo que si se me hiciera oscuro en estos parajes, acabaría con
la "Santa Compaña" porque ya voy muerto, agotado.
Contento por la experiencia llego al Monasterio, lo visito, me instalo
en su humilde refugio y espero a la noche mientras escribo estas lineas.
No hemos podido conseguir mantas. Tampoco anoche. Los hospitaleros han
pasado de nosotros. Me sorprende y me entristece que no podamos confiar
en algunos de ellos. Me pregunto por qué desde que llegamos a Galicia
las cosas no funcionan como en el resto del Camino, justo aquí que
tanto alarde se hace de sus refugios.
En la litera pienso que esta noche cambia la hora. La verdad es que no
sé a qué hora levantarme mañana, porque a las siete
será noche cerrada y más tarde se me va a hacer muy raro.
28.03.04. Domingo. Samos-Ferreiro (803):
La del alba sería cuando he salido a buscar un café abierto,
que mi trabajo me ha costado encontrarlo tan de madrugada y en domingo.
Yo creo que es que todavía no había cerrado. Una especie
de "afterhours" que va a acabar siendo un "bed & breakfast"
como este lugar siga así, lleno de monjes y peregrinos. Y de turístas
tranquilos en busca de la paz de la tierra. Porque este valle es maravilloso,
de una fertilidad impresionante, de una belleza deslumbrante.
A las 7h, las 6h de ayer, ya estaba todo el mundo en movimiento. Una barbaridad.
Los pajarillos del bosque dormían todavía y las vacas seguían
perdidas en sus ensoñaciones tan de mañana. Pero el campo
sorprendía a cada paso con más belleza tras cada matorral.
El rio, los árboles, los helechos, las plantas y los animales. Lo
creado por la mano del hombre tal que casas, corrales, puentes, presas,
caminos, todo en un conjunto de inigualable paz, embrujo y luz. Así
hasta casi Sarria, en la cual sólo he parado un momento en el puente
para ver pasar el rio. Siempre lo hago. Me serena, me gusta.
Hasta Barbadelo en donde pensaba quedarme es un pequeño paseo. He
podido admirar su maravillosa iglesia de Santiago por dentro gracias a
la amabilidad de una vecina. Pero era muy temprano. Faltaban muchas horas
para el atardecer, cada vez más tardío por ser primavera
y por caminar hacia el oeste. Así que he seguido sin ideas fijas,
sin tener una intención.
Da una gran paz no tener planes, ni horarios, ni lugares fijos. Seguir
la flecha amarilla que te guia, admirar la belleza del paisaje, percibir
los aromas del campo, sentir los elementos en la piel, dejar que a los
oidos lleguen los rumores y sonidos de la naturaleza cincundante y de tu
cuerpo. Y caer en tus pensamientos mecido por todos estas sensaciones .
Y vagar durante horas, mientras el cuerpo no se queje, hasta que la oscuridad
te sobrecoja. Y encontrar entonces un lugar seco en el que descansar, un
humilde albergue en el que descubrir peregrinos, compañeros que
quizá abran sus corazones cuando cierren los ojos. Y dejar que el
sueño te vaya subiendo poco a poco desde los pies, libres de las
botas, hasta que nuble tu mente y caigas en un reparador descanso.
29.03.04. Lunes. Ferreiro-Airexe (834):
Así fué como llegué a este refugio del que salgo tempranito
y en ayunas hacia otro. Con el mismo plan, tranquilo y despreocupado. Los
kilómetros van haciendo su trabajo, el cuerpo se ha fortalecido,
la mente se ha desarrollado y el espíritu va alcanzando su libertad.
Paulatinamente, lentamente, el proceso, el cambio, va produciendose en
perfección. Algo inaudito sucede en nosotros mismos. Inadvertidamente
hemos ido sufriendo la metamorfosis a lo largo de los días. La piel
se ha curtido, la barba ha crecido, los músculos se han fortalecido,
algunos han perdido los michelines. Pero son los ojos los que más
han cambiado. La luz está en ellos, no fuera.
Ojos que nos permiten ver con más claridad la belleza de este mundo,
de este paisaje que nos transporta de pueblo en pueblo, paso a paso hacia
el final, hacia la meta.
Portomarin rompe la ensoñación. Me he perdido en mis pensamientos
y en el Camino. En algún punto no he visto la señal que me
guía en lo físico y ahora veo la ciudad en la lejanía.
Pero errando se aprende y de la enseñanza nace la sabiduría.
Así que para celebrarlo y para volver por un rato a lo terrenal
me acerco a la villa y tras buscar un café me dispongo a desayunar,
que voy en ayunas. Unas buenas tostadas, de las que repito, y un café
me transportan a la gloria.
Camino adelante, la etapa no colabora y la mente se distrae con vulgaridades.
La carretera, próxima y ruidosa, distorsiona cualquier razonamiento.
Me concentro en mi cuerpo y en lo que en él siento. Los pies, las
piernas, la espalda, los hombros. Todo duele, todo está fatigado,
todo molesta. Pero todo puede seguir muchos kilómetros más
si mi mente así se lo dice. Cual corredor de maraton, mi límite
está muy lejos y además puedo sobrepasarlo. Hay vida más
allá del kilometro 30, el muro se puede traspasar.
El final de la etapa es más agradable. Una vez pasado Hospital el
camino vuelve al campo, la mente a sus prados y así, pausadamente,
paso tras paso, llego al refugio pequeño y discreto, sencillo y
agradable y agradezco, una vez más, el cobijo que me da.
30.03.04. Martes. Airexe-Melide (860):
La noche pasa y mientras se desvanece la oscuridad abro mis ojos a un nuevo
día. El sol brilla entre las montes y los prados. El camino serpentea
por ellos sorteando arroyos y charcas. El verde es el color que ilumina
mis ojos, la humedad la que refresca mi piel.
Las nubes oscurecen poco a poco la luz de la mañana
A partir de aquí es dificil caminar solo aunque se madrugue. Los
peregrinos abundan, aparecen hasta por entre las matas, que algunos han
ido a la toilet...
Hay muchos niños pero poco griterío. Está muy bien
que los colegios hagan el Camino, si es que saben lo que están haciendo.
Acostumbrado a caminar los voy adelantando y animando. Algunos van sufriendo
mucho, cojos y desencajados. Los recoge un coche escoba con médico
y catering ¡Qué organización! Un poco de envidia ya
me dan, tan mimados, tan cuidados.
De nuevo solo en la senda vuelvo a disfrutar de lo que la naturaleza me
ofrece sin distorsiones sociales, sin voces ni risas. Me vuelvo a perder
en mis pensamientos mientras medito sobre ambos mundos.
Es de suponer que el refugio estará lleno. Estamos ya muy cerca
de Santiago y cada vez hay más peregrinos. Por la experiencia de
otros años opto por ir directamente a un barato hotel de carretera
en donde me ducho cómodamente. Paso luego a sellar la Credencial
por el albergue y me doy cuenta de lo acertada que ha sido mi decisión.
Está completo, desbordado. Lleno de colchonetas por el suelo, los
niños invaden los dormitorios, salon, hall y supongo que cocina.
Mientras la hospitalera me sella con desgana, total falta de interés
y ninguna amabilidad, otros peregrinos me cuentan que varios amigos han
tenido que seguir por no haber sitio. Son las 8h de la tarde y van a tener
que hacer unos nueve kilómetros más. Me imagino su estado
de ánimo.
Lo vuelvo a decir, es una verguenza que esto ocurra.
Visito las iglesias que me calman y me voy a terminar de olvidar penas
a la Pulpería Ezequiel en donde en compañía de otros
peregrinos tomamos pulpo, empanada, queso y unas tazas de turbio. Todo
por 10¤.. Cutre de lux, este lugar es obligatorio al pasar por Melide.
De allí a la cama hay un paso que recorro en un santiamen. Y en
la paz de mi cuarto, con los neones iluminando la ventana, me duermo como
el detective en las peliculas de los años 40.
31.03.04. Miercoles. Melide-Pedrouzo (894):
Está muy oscuro. Pienso que he madrugado demasiado pero cuando miro
el relog veo que es que el día está muy negro. Hoy puede
caer de todo, así que me preparo para lo peor y me echo al bosque.
Me encuentro con un peregrino alemán que me cuenta la noche que
han pasado. Dice que ha sido imposible dormir por el calor de tantos en
un espacio cerrado. Eso claro, después de que allá a la una
y pico de la madrugada los niños se calmaran...
Continuo mi camino. Los eucaliptos están por todas partes. Arboles
inmensos y rectos que me hacen pensar en mástiles. Con el rocío
de la mañana desprenden un olor maravilloso mientras el viento les
hace susurrar palabras que no entiendo. Despeja momentaneamente y queda
un cielo azul que ilumina las sombras del bosque. Pero vuelven las nubes
y comienza a llover. Nos acercamos a Compostela y allí siempre llueve.
La sabiduría popular bien lo dice:
"Si en Santiago no llueve, es que va a llover"
Pero esto ha hecho que los maravillosos y multiples bosque de eucaliptus
que se van cruzando estén espectaculares. Y así, serpenteando
entre árboles por bucolicas correidoras en donde el musgo y el helecho
reinan sobre la naturaleza, me he ido acercando a Pedrouzo. Brillan los
troncos mojados cuando el sol sale entre la borrasca produciendo efectos
mágicos, deslumbrantes. Pero en esta tierra todo es así.
A través de pequeñas aldeas de breves y admirables casas,
entre vacas, barro y agua, entre verdes y azules del campo y cielo, he
ido llegando. No he intentado ni acercarme al refugio. Si ayer el tema
estaba mal, hoy será horrible, última noche antes de llegar
a Santiago. Directamente me he ido a otro sencillo hotel y me he evitado
el mal rato.
Para mañana ya sólo me quedan 18 kilometros, un paseo para
darle un abrazo al Santo, para dejar que la ciudad me sobrecoja con toda
su belleza e historia.
01.04.04. Jueves. Pedrouzo-Santiago (915):
Ha llovido mucho toda la noche, pero la mañana prentaba algo de
azul, alguna esperanza de buen día. Pero en estos últimos
kilómetros me puede caer lo que quiera. Son muchos días,
semanas, aguantando lo que me echen como que ahora me rinda el mal tiempo
o cualquier otra dificultad.
Me encuentro cámaras de la televisión gallega en los bosques
haciendo tomas de los peregrinos. No preguntan, nos dejan caminar en recogimiento,
con la alegría interior de llegar, de estar a un paso de alcanzar
nuestro pequeño sueño.
Las nubes se han ido formando, un gélido viento ha empezado a azotar
las ramas y mis orejas. El sabañón me duele pero nada me
parará ya. Comienza a llover, fuerte, con rabia. Santiago nos pone
la última prueba. Si esto sigue así sólo van a llegar
los del mismo centro de Bilbao. Un tremendo rugido me sobrecoge. Un avión
pasa sobre mi, bajísimo, al pasar por la cabecera del aeropuerto
de Lavacolla. Todo es desapacible y desagradable, pero la paz está
en nosotros. Y el paso se acelera sin querer. Es la ilusión por
llegar, por abrazar a Santiago. No sé si es lluvia o lágrimas
lo que tengo en la cara cuando veo las torres de la Catedral desde el Monte
do Gozo, horrible lugar donde los haya. Extático, camino bajo una
persistente lluvia. Los truenos resuenan en el valle, los rayos iluminan
la oscura mañana. El granizo comienza a caer, fuerte, duro, gordo.
Me machaca las orejas. Una ya no la siento. Sin gafas veo mal, pero la
alegría me dirige hacia mi meta. El Camino está blanco, el
hielo ha cuajado y me recuerda mi salida de Roncesvalles cuatro semanas
atrás. Cuántos días para llegar aquí. Cómo
ha merecido la pena. Como un maratoniano que ve la meta después
de tanto esfuerzo alcanzo yo la Puerta do Camiño. Un semaforo en
rojo y alguien que me lo indica, detienen mi impetu y me serenan. Llego
a la parte histórica de la ciudad y todo está en calma, como
en mí. Es la hora de comer, he calculado bien, voy a llegar en el
mejor momento, sin nadie ante Santiago, solo Él y yo, mano a mano,
a escuchar lo que ha de decirme.
Plaza Cervantes, Rua Xelmirez, Quintana, la Catedral al fín. Es
Año Santo y la Puerta Santa está abierta, pero me voy al
Obradoiro y subo las escaleras. Entro por el Pórtico de la Gloria.
Tengo el corazón en un puño, como otros miles de peregrinos
que han pasado antes por este trance. Las lagrimas, que esta vez no son
gotas de lluvia, se desbordan de mis ojos. Entro y no puedo avanzar mucho.
Me quedo clavado antes de llegar a los bancos.
Y escucho.
Escucho a Santiago, a mi corazón, a un mundo recogido en un instante
solemne y glorioso.
El órgano comienza a sonar y el alma se me va.
Permanezco mucho tiempo así, encogido, recogido en mí.
Una luz ante mis ojos, un flash de unos turistas haciendose fotos me devuelve
a la realidad. Me levanto y le doy un abrazo a Santiago. Le han quitado
la capa de metal y cristales y parece más humano, menos frío.
Bajo a la cripta y no puedo evitar que la emoción me sobrecoja de
nuevo.
Poco a poco vuelvo en mí y dando una pequeña vuelta por esta
extraordinaria Catedral salgo por la Puerta Santa a la Luz del día.
Me acerco a la oficina del peregrino en donde me conceden la Compostela
"Pietatis Causa/Vicarie Pro"
He de hacer uso del pañuelo, digo que ando con catarro.
Y salgo a la calle, a la luz de mi meta.
Epílogo:
Ya en Santiago, me encuentro con una peregrina alemana a la que un
día curé sus pies. Estaba contenta de haber llegado, feliz
como todo peregrino que abraza finalmente al Santo. Me dice que tiene un
regalo para mí. Sin decir palabra, muy lentamente, saca de su bolsillo
una piedra y me la entrega. Y me da un beso antes de irse en silencio.
Y cuando las lágrimas llegan a mis ojos, comprendo la última
lección que este Camino me había de enseñar.
Buen Camino a todos.
Alfonso
alf@ibernet.com
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