
INTRO
Escapé huyendo de mis sombras,
buscando la luz.
El bosque me hizo comprender
que no hay sombras sin luz.
30.11.04. A Roncesvalles 000.00km:
Una vez más, madrugón para coger el Talgo que me ha de
llevar a Pamplona. Cuando salgo de casa el termómetro de la farmacia
del barrio marca 6.5ºC. La mañana es fresca para estas latitudes.
No hay que olvidar que mañana empieza diciembre y este es un mes
que promete fríos.
El taxista que me lleva por una ciudad desierta y silenciosa es cabezota
y torpe. Y no calla. Me marea tan de mañana. Se hace un lío
y casi llego tarde.
Aún me da tiempo de tomarme un café y un donut antes de bajar
al andén, corriendo.
Sigo cojo. Antes de ayer me cogió un dolor en la cadera izquierda
que no me deja andar bien. Veremos como responde en el Camino.
El tren va lleno de señoras con unas maletas inmensas. No caben
en los maleteros y las hemos de colocar en el pasillo. La verdad es que
no se puede pasar. Es un caos si han de ir al lavabo. Están ya torponas
y he de ayudarlas. No acabo de sentarme. Hacía frío pero
tanto movimiento me está haciendo sudar.
La verdad es que de cualquier forma no callan. Parece un gallinero. Siendo
yo el único varón, debo de parecer el gallo del corral. La
verdad es que me da la risa sólo de imaginarlo. Miro por la ventana
ocultando mi sonrisa.
Al poco de amanecer aparecen las primeras nieblas al pasar por los valles.
Según avanzamos llegan a ser muy espesas en algunos lugares. Me
pregunto qué hago yo metido en estas aventuras, caminando por los
montes con frío y brumas. Alguna razón habrá si he
venido. De algo huyo o algo busco, que sino estaría en casa cómodo,
caliente, seguro, tranquilo.
Las señoras se pasan revistas del corazón y critican a todos
los que en ellas salen. El tren parece una prolongación de uno de
esos programas basura que tanto abundan. No comprendo cómo les preocupa
tanto las vidas y pasiones de los desconocidos.
Y yo sin comprender la mía. A mi edad y todavía buscando
las razones del ser y existir.
Llega el tren a Pamplona y las señoras se quejan de que llevamos
un cuarto de hora de retraso. Con todo el tiempo que se pierde en la vida,
qué poco son quince minutos. Salgo y me enfrento al tremendo frío
y a la espesísima niebla que desfigura la ciudad. Me voy hacia la
Plaza del Castillo a tomarme algo en el Café Iruña. Quedan
muchas horas hasta que den las seis y pueda coger el autobús de
la Montañesa que me lleve a Roncesvalles.
Con un café bien caliente me planteo mi recorrido. Decido que sino
encuentro a otro peregrino empezaré en Roncesvalles. Puede ser una
locura el salir solo de Sain Jean Pied de Port y cruzar los Pirineos con
esta metereología. Niebla, posiblemente nieve y mucho frío
no son buenos compañeros aunque sea un trayecto que ya haya hecho
varias veces. Además el día es muy corto, y se me puede hacer
de noche en el hayedo de bajada. A saber si llegaría a la Abadía
y a qué hora. La prudencia es sabia consejera. Tiempo habrá
para hacerlo en otra ocasión.
Tras varias horas de espera me acerco a la estación de autobuses
y me subo al que va a Roncesvalles. Vamos el chofer, un par de señoras
y yo. Me duermo. Despierto ya casi de noche, en Burguete y solo. Al poco
llego y me despido del conductor. Hace frío, quizá 0ºC.
Me acerco a la Abadía y cumplo con los requisitos. Me mandan al
refugio juvenil, pues el de peregrinos está en obras. Allí
me encuentro con dos peregrinos. Miguel es bombero y está haciendo
el GR.11 (Cap de Creus - Cabo Higuer). Cuando lo termine hará el
Camino Francés y desde Santiago se irá a Sevilla por la Vía
de la Plata. Bonito plan, aunque sea una paliza. Menos mal que va en bici.
Quedamos en vernos cuando me adelante. El otro es Vittorio, un fotógrafo
italiano que empezó esta mañana en Saint Jean Pied de Port.
Ha venido por la carretera porque había nieve y se le ve cansado.
Al poco llega un francés que viene desde cerca de Ginebra andando.
Se le nota que ya lleva un mes caminando. Está moreno y fuerte y
lleva un magnífico equipo. Nos vamos a la Misa y Bendición.
Al comenzar, uno de los sacerdotes nos dice que está muy contento
porque acaba de llegar un peregrino que daban por perdido por los Pirineos.
Con la nieve y la noche se había desorientado. Termina la ceremonia
y cuando nos vamos a cenar (puré y trucha) Fernando nos cuenta que
de pequeño llevó a cuestas una estatua muy pesada de Santiago
en una procesión de su pueblo. Y que cuando hoy ya desesperaba por
el hayedo en la oscuridad, le ha dicho que ahora le tocaba a Él
llevarlo a Roncesvalles. Y así ha sido. Estaba radiante, pues se
ha librado de milagro. Y nunca mejor dicho.
Cena: 7¤
Refugio:7¤
Recorrido desde casa: 005.90Km.
I.- 01.12.04. Roncesvalles-Larrasoaña :
La noche ha sido tranquila. Amanece con nubes altas que no amenazan
lluvia. No pido un día brillante, pero no me gusta empezar el Camino
bajo un aguacero. Hace menos frío que ayer por lo que se camina
bien. Una de las ventajas de peregrinar en estas fechas es que los pies
no se calientan, no se dilatan por el calor y sufren menos aunque se hagan
muchos kilómetros. Otra es que hay papel en todos los aseos. Un
lujo.
Desayunamos en Casa Sabina y salimos juntos Vittorio, Fernando (el venezolano
de origen calabrés que ayer se perdió por los Pirineos) y
yo. El francés ha salido disparado pues quiere estar en casa por
Navidades. Me ha dicho que hoy se iba hasta León. Tras reirnos y
discutir un poco, ha aceptado que quería decir que queria llegar
a dormir a Pamplona. Es un jet.
El otoño tiñe de colores los robles, hayas y resto de la
vegetación. El camino está cubierto por la hojarasca que
produce un maravilloso sonido al pisarla. Además amortigua el golpe
contra el suelo y hace que los pies no sufran nada, importante los primeros
días.
Vittorio se va retrasando. No camina bien y en el alto de Mezquiritz ya
lo hemos perdido. Fernando es un tipo duro. Tiene un buen físico
y está acostumbrado a correr maratones. Da gusto caminar con él.
Tiene un buen ritmo y es un gran hablador. La verdad es que no calla.
Hay una luz extraordinaria que le da mayor belleza al paraje, pero hace
frío si te quedas quieto. Los Pirineos se ven nevados. En algún
riachuelo rompemos el hielo que alcanza casi un centimetro de grosor. Ha
debido de caer una buena helada la pasada noche.
Al pasar por Zubiri nos vamos a comer un menú al "Gau txori"
(Pájaro nocturno) pues luego no hay posibilidad de tomar nada por
tener Sangalo cerrado el bar, según nos han dicho. Paseamos la comida
hasta Larrasoaña. No hay mucho barro, estamos de suerte, y se camina
bien. Llegamos al refugio anocheciendo y Santiago Zubiri se enfada con
nosotros porque es tarde y ha de irse a Pamplona. Pero a este hombre le
dura poco el mal humor. Al rato está encantado de hablar del Camino
y como siempre, casi hay que echarlo.
La pierna izquierda ha aguantado bien y creo que no me he creado ninguna
tendinitis por andar raro para evitar el dolor. He intentado caminar normal
para evitar ese problema.
Hace mucho frío en el albergue. Fernando se acuesta a las 19.30
para no sufrirlo y porque se siente cansado. No ha llegado ningún
otro peregrino. Yo leo un rato, pinto otro poco y me entretengo como puedo.
Empieza a llover a cantaros. A las 22.00 no puedo más y congelado
me meto vestido en el saco (que es de verano) con cuatro mantas encima.
Y me lleva un buen rato quitarme la tiritona. El cansancio me vence al
ir entrando en calor mientras el sonido de la lluvia me acuna.
Comida: 9¤
Refugio: 6¤
Recorrido desde casa: 037.59km.
II.- 02.12.04.Larrasoaña-Cizur Menor:
Amanece lloviendo. Nos preparamos para el chaparrón y salimos
al Camino. Al poco deja de llover aunque está muy encapotado. Pero
no hay barro. Seguimos con suerte.
El camino, la parte que recorre la vera del rio Arga, está precioso.
El bosque tiene los colores propios del otoño y la senda sigue cubierta
por un manto de hojas. El rio va crecido. El conjunto pruduce un sonido
único, maravilloso. Disfruto de las sensaciones que recibo y no
pienso en lo mal que me encuentro.
La pasada noche he tenido mucho frío. No he podido descansar bien
y el cuerpo me fallaba antes de llegar a Villalba. Hemos salido sin desayunar
y tengo un agujero en el estómago.
Hoy es mi cumpleaños y de momento no lo llevo muy bien. Espero pasar
el próximo en los Alpes Austriacos. Si todo va bien y tenemos salud,
siguiendo el diabólico plan de dos amigos del alma, Brigitte y Francesc,
haremos el E4 o el E4 alpino, desde Viena en donde trabajan, hasta Barcelona,
que es donde vivirán cuando terminen su contrato en la ONU. Mi idea
es tomar la Via Podense al pasar por Le Puy en Velais y cruzar Francia
hasta llegar a Roncesvalles. Y de allí, suavecito, suavecito, hasta
Compostela. Puede ser interesante, genial caminando en su compañía,
si el cuerpo aguanta durante unos cuatro meses y cruzando cinco paises
(Austria, Alemania, Suiza, Francia y España) Que me encuentre mejor
que hoy.
En Pamplona me siento enfermo. Hablamos un rato con unas señoras
en un bar. Son un encanto. Su conversación, un clarete y un pincho
al que me invita Fernando, me entonan un poco y me hacen llegar a Cizur
un poco recuperado.
Seguimos solos. En el refugio de Maribel Roncal estamos a cuerpo de rey.
Ella nos acompaña un rato, nos cuenta su último viaje, las
últimas novedades del Camino y unas cuantas anecdotas de peregrinos.
La pierna sigue aguantado bien. Incluso parece que mejora. Pero todavía
es pronto para decir algo.
Nos vamos a cenar a "El Tremendo" a las 20.00h. Hacemos planes
de llegar mañana hasta Cirauqui. Nos parece corto hasta Puente la
Reina. Pero ya veremos lo que pasa. Depende de lo que nos encontremos,
porque con barro o nieve no podremos caminar deprisa y el día ahora
no dura mucho. Y depende también de lo que mi cuerpo diga. Aunque
una noche de descanso hace maravillas.
Cena: 9¤
Refugio: 6¤
Recorrido desde casa: 060.59Km
III.-03.12.04. Cizur Menor- Puente la Reina:
Hoy es San Francisco Javier, patrón de Navarra y fiesta en toda
la comunidad. Como es viernes, el lunes es el día de la Constitución
y el miercoles la Inmaculada Concepción, los navarros se han montado
un puente que ni al que vamos. El problema es que no se puede tomar un
café ni comprar nada para ir tirando. Empiezo a acostumbrarme. En
el Camino me gusta desayunar bien y no comer nada hasta la cena. Voy más
ligero e incluso ahorro, que vivir del arte no da para grandes lujos. Además,
la austeridad es buena compañera del caminante.
Hemos dormido bien. La ducha al amanecer me ha dejado nuevo. Tan mal como
me encontraba ayer y hoy soy capaz de comerme el monte. Será por
el hambre que llevo.
Hace un día fresco pero apacible, aunque vemos como el Alto del
Perdón está oculto por las nieblas. Parecen intensas. Ya
veremos lo que encontramos. Aunque quizá debería decir lo
contrario, es decir, que no lo veremos.
No hay barro. Han arreglado la pista y ahora es un impecable paseo. Si
el Camino sigue sufriendo este proceso de mejora, acabará siendo
una alameda por la que ya no pasarán peregrinos sino turistas en
coche. En mi opinión está perdiendo encanto y puede que ello
acabe con su esencia. Que no muera de exito. Sería una lástima.
En Zariquiegui la iglesia está abierta y podemos visitarla. Hablamos
con el sacristán sobre la restauración que habría
que hacer y las que se han hecho. Nos despedimos con buenas palabras y
seguimos subiendo. Vamos acercandonos a la niebla y cada vez se ve menos.
En la fuente del Reniego ya apenas se ve a dos metros. El trozo de sendero
hasta la cima se adivina entre los recuerdos. Impresiona el zumbido de
los molinos en la nada de la niebla. Ya arriba, no se ven a pesar de lo
gigantescos que son.
Estamos empapados y he tenido que quitarme las gafas que se me empañan
por la condensación. Esto, unido a las condiciones metereologicas,
hace que ya camine a ojo. Y con bastón.
Según vamos bajando va apareciendo el valle entre las brumas. Hay
unos efectos de luz maravillosos, parecen irreales, tal que paisajes de
los grandes maestros de la pintura.
Paramos en Muruzabal, en el bar Los Nogales, a comernos unos huevos fritos
con chistorra y clarete. Devoramos lo que nos ponen, no dejamos ni pan.
Todo está riquísimo y llevamos un hambre desesperada y antigua.
Son amables y cariñosos. Ya felices, seguimos caminando mientras
Fernando va cogiendo uvas de las viñas y me va contando cosas de
su pueblo de origen, en Calabria. En donde tienen una imagen antiquísima
de San Giacomo Apostolo que es patrono de los carboneros.
La iglesia de Nuestra Señora de Eunate está cerrada. A pesar
de todo disfrutamos de su entorno y comentamos lo enigmática que
es y lo interesante que es desviarse un poco para visitarla.
Al poco llegamos a Obanos en donde nos cobran 1,5¤ (250 pesetas)
por una cola en una máquina. Un robo.
Al llegar a Puente la Reina optamos por quedarnos. Aunque nos encontramos
bien, preferimos no abusar ahora que no estamos todavía fuertes
de verdad. Además la villa tiene mucho que ver.
El refugio está cerrado y no conseguimos que nadie nos lo abra.
Esperando y llamando va pasando la tarde. Al cabo de un rato aparece una
australiana con un perrillo, un mil leches. Me parece que no sabe muy bien
en qué aventura se ha metido por la ropa y equipo que lleva. Empezó
en Pamplona y anoche durmió en Uterga. Hace muy pocos kilómetros
al día.
Por fín conseguimos que nos abran y nos acomoden. Tras la ducha
llegan tres peregrinos de Pamplona que están aprovechando el puente
para ir haciendo Camino. Se me hace raro estar ya seis en el refugio.
La pierna me sigue bien. De momento ni renquea ni se queda atrás.
Me tiene sorprendido lo bien que está reacccionando al esfuerzo.
Ceno con los navarros y a las diez estamos en la cama. Me quedo frito inmediatamente,
de repente.
Cena: 10¤
Refugio: 4¤
Recorrido desde casa: 090.36Km
IV.- 04.12.04. Puente la Reina- Estella:
He dormido como un lirón. De un tirón desde que me acosté
hasta las 7.30h. He descansado sensacionalmente. Me he llevado a Fernando
a desayunar a un horno. Nos hemos puesto morados.
Casi no había amanecido y ya estábamos cruzando el puente.
Según clarea vemos que va a hacer un día bonito, pleno de
luz y sol. No hace demasiado frío. Quizá luego haga calor.
La etapa de hoy es cortita y aunque me aburre de Villatuerta a Estella,
se hace fácil si no te obsesionas.
Enseguida nos encontramos con las primeras desviaciones por las obras de
la autopista. Nos meten por unos buenos barros con unos repechos durísimos.
Vemos huellas de bicis y nos preguntamos lo que han debido de sufrir subiendo
empujandolas. Porque es imposible hacerlo pedaleando. Las han debido de
pasar canutas.
En fín, que a la etapa que algunas guias califican con una bota,
abría que sumarle otra por los repechos que te meten antes de llegar
a Mañeru. Allí se pasa por el Cementerio, por si ya estás
listo. No hemos visto cadaveres, pero con tanto repecho en alguna parte
han de caer los peregrinos.
Hasta Cirauqui se va bien y allí aprovechamos para tomarnos un cafelito,
descansar y quitarnos algo de ropa. Venimos sudando desde que ha salido
el sol. Tras pasar lo que queda de vía y puente romanos y cruzar
la carretera, nos metemos otra vez en nuevas desviaciones. Y otra vez un
tobogan tras otro hasta que perdemos el resuello. Acabamos en camiseta
y sin agua. Aquí le sumaría otra bota a la etapa...
De Lorca a Villatuerta, que antes se hacía por un agradable sendero,
te desvían a la izquierda por una magnífica pista forestal
que te lleva al horizonte y luego vuelve serpenteando, dando vueltitas.
Dicen que con este último paseo solo lo han alargado unos dos kilómetros,
pero la sensación que teníamos era de siete u ocho más.
El último tramo es aburrido y aunque es pronto ya estamos desesperados
por llegar. Y Estella no apartece por ningún lado. Se hace eterno
este final. Dos maratonianos en un último kilómetro que nunca
acaba. Creo que cuando vemos la maravillosa Iglesia del Santo Sepulcro
estamos convencidos que es la peor etapa del Camino, mucho más dura
que la que cruza los Pirineos y peor que la de O Cebreiro. Al menos psicológicamente.
Te sientes destrozado por 22 kilómetros, y esto es algo que te deja
desmoralizado, hundido.
Menos mal que el refugio es sensacional y los hospitaleros amables. Siempre
se quejan los peregrinos de ellos y sin embargo son los que mejor me han
tratado de los que me encuentro por el Camino. Y mira que los hay santos.
Llegamos los primeros y poco a poco hay un goteo de peregrinos que aparecen
de la nada. Ahora ya somos 16 cuando ayer eramos 6 y antes de ayer 2. Misterios
del puente. Emma la australiana, se ha esfumado. Cosas de la etapa. O de
la niebla.
Tras la ducha nos hemos ido de compras para aprovechar la magnífica
cocina. Como es sábado por la tarde, hemos de dar muchas vueltas
para encontrar algo abierto. Total, unos kilometricos más no nos
van a matar. De vuelta al refugio, Fernando se ha liado a cocinar unos
spaghetti con txistorra y ajo que nos han sabido a gloria. Como nadie se
ha apuntado, nos hemos comido tres platos. Estábamos bajos de glucógeno.
Hay que cuidarse.
Fuera está haciendo mucho frío, está cayendo una buena
helada, pero nosotros estamos en la gloria dentro del saco bajo tres mantas.
Pensando en la etapita de una botita que nos hemos merendado. Si es que
da risa. Es como aquellas maratones en que los tres últimos kilómetros
son en cuesta arriba y con viento de frente. Y llegas llorando.
Cena: 0¤
Refugio: 4¤
Recorrido desde casa: 119.11Km.
V.- 05.12.04. Estella-Arcos:
Me sorprende que Carlos, el hospitalero no nos despierte a las 7.00h
con su varita y música. Tiene una gentileza con nosotros por ser
domingo, invierno y ser pocos.
Amanece nublado mientras desayunamos. Me he debido tomar unas siete tostadas
y tres cafés con leche. Estábamos calculando cuántas
llevaba ya, cuando suena la diana de la fanfarria. Hay feria de ganado
y allá va la banda. Me trae buenos recuerdos de la infancia.
Los hospitaleros me lían y nos vamos con Fernando a disfrutar de
la villa en día tan señalado. Primero nos acompañan
a una Peña que lleva toda la noche asando una ternera entera. Entre
risas porque unos perros les querían quitar la pieza, nos dan un
caldo, ternera guisada y callos. De allí vamos a ver la exposición
de ganado. Prácticamente todo son caballos y burros. Los hay de
todos tipos y edades, desde preciosos pequeños burros, ponies y
mulas, hasta alazanes, percherones y caballos de guerra. Al ver estos últimos
comprendemos porqué se dice que Velazquez y otros grandes maestros
no sabían pintar caballos. Son los críticos que esto afirman
los que desconocen cómo eran los caballos de batalla. Eran auténticos
tanques, animales con un pecho de un metro de anchura sino más,
de una fortaleza inaudita. Debían ser temibles e invencibles los
caballeros de la época, con sus armaduras, ante una infanteria con
lanzas.
Y tomando una tapita aquí y un café allá se nos han
hecho tardísimo. Carlos y Pedro nos quieren llevar las mochilas
hasta Arcos y aunque en un principio nos negamos, acabamos cediendo. Salimos
ligeros y en un momento nos hemos plantado en la Fuente del Vino. Fernando
disfruta lo indecible bebiendo un vasito maravillado de que algo así
exista. De allí al Monasterio de Irache, que por ser domingo podemos
visitar. La iglesia es magnífica. En una capilla lateral hay misa
y bodas de plata de un matrimonio. Nos quedamos un rato porque el ambiente
es entrañable.
Con un día maravilloso de luz y temperatura buscamos la ruta que
nos ha de llevar a Azqueta. La otra alternativa la hice en marzo pasado
y es de una gran belleza aunque algo más dura. Queremos saludar
a Pablito, pero lo suponemos en la feria de Estella. Vamos directo a su
casa y no hay nadie. Le dejamos una nota de saludo y seguimos camino saludando
a perros y vacas. El día es sensacional y caminar sin mochila debe
de ser parecido al doping, vas volando. Nos plantamos en Villamayor de
Monjardin en un momento. La iglesia está abierta. Hay misa y aprovechamos
para visitarla. Otra maravilla romanico/gotico/barroco. Parece mentira
tanto monumento en lugares tan pequeños. Esta tierra es inacabable
en arte. Y en clarete.
La pista que nos lleva a Arcos es uno de los trozos de soledad que más
me gustan del Camino. Fácil, no excesivamente largo, es el primer
momento de la peregrinación en el que empiezo a perderme en mi mismo,
en mi esencia. Hasta ahora todo ha saido puro disfrute de la vista y del
paladar y sufrimiento de las partes del cuerpo que no estaban en su punto.
Ahora es diferente. La procesión va por dentro.
Llegamos a buena hora a Arcos, a las 15.30. Hemos venido a 6.5km/h. por
la "autopista forestal" Quedan por lo menos dos horas de luz
y me gustaría seguir hasta Torres. Estoy a gusto con el campo, con
mi cuerpo, con mi mente y quiero seguir disfrutando. Vamos al albergue
"La Fuente" en donde nos han dejado las mochilas y Fernando me
convence que no es elegante el cogerlas y seguir. Nos apuntamos en este
humilde refugio que nos recibe con la Pastoral de Beethoven. Se agradece
algo de buena música tras tantas horas de silencio.
Tratamos de visitar la iglesia y no es posible. Una lástima porque
la recuerdo impresionante. Un retablo barroco desbordante. Ha habido misa
por la mañana y ahora toca la de la tarde en otra.
Nos tomamos unas tapas para cenar y nos vamos al pequeño cuarto
en el que van apareciendo peregrinos de no se sabe dónde y acaba
llenandose. Hace calor durante la noche aunque fuera haga mucho frío.
Somos muchos y el cuarto practicamente sólo tiene un ventanuco que
está cerrado. Creo que nadie duerme bien ya que se oye a todos moverse
mucho.
Cena: 0¤ (paga Fernando)
Refugio: 6¤
Recorrido desde casa: 147.45Km.
VI.- 06.12.04. Arcos- Logroño:
Desayunamos en el refugio y salimos hacia Torres del Rio cuando acaba
de amanecer. Hace un frío aterrador. No puedo evitar recordar a
Jorge que está en Siberia. Debe ser duro, pero ya está acostumbrado.
Vive para viajar, ha estado en los 194 paises que la ONU reconoce. Jorge
Sanchez, viajero*. Así le gusta que le llamen. Nos conocimos en
el Camino Aragonés en el 2003 y siempre dice que ese fué
el viaje que más le ha impresionado. Recordando una foto suya perdido
entre las nieves, me cubro la cabeza y acelero para ir entrando en calor.
Fernando sigue a mi lado, quejandose de la helada. Ya parecemos novios,
siempre juntos.
Se nubla el día y hasta Sansol es un paseo. Poco a poco va templando
y al rato hemos de parar para quitarnos ropa y beber. Fué una pena
que ayer no hubieramos alargado un poco la etapa. Este trozo se puede hacer
a oscuras y podríamos haber ganado al menos una hora hoy.
Al llegar a Torres busco a la señora Mercedes que tiene las llaves
de la iglesia del Santo Sepulcro y organizo una visita. Voy reuniendo los
peregrinos que van llegando y algún otro que está tomando
café en el bar del pueblo. Al final somos un grupito y no decepcionamos
a quien nos abre. Admiramos la bóveda, el ajedrezado, los capiteles,
y sobre todo el maravilloso Cristo de cuatro clavos. Es el más impresionante
que he visto. Cada vez que paso por aquí hago lo que sea para entrar
y admirarlo. Y acabo comprando una postal que mando a quien sea capaz de
valorarlo.
La visita nos ha hecho perder bastante rato. Pero no me privo de tomarme
un cafelito antes de arrancar hacia Viana. Buena gente las chicas de la
barra. Me limpian las gafas, que las llevo asquerosas.
Enseguida empieza el tobogán, el rompe piernas. Pero es un paseo
cuando recuerdo la etapa a Estella. Esto es gloria. Al rato empieza una
brisita helada que nos obliga a ponernos ropa. Sudados como vamos con las
cuestas, este aire es peligroso. Cada vez hace más frío.
Vuelvo a pensar en Jorge. Empieza a ser duro, pero estamos en diciembre
y es lo que hay. Suerte tenemos que de momento no nos ha nevado. Al llegar
a Viana, paro a tomarme un pincho de tortilla y he de ponerme toda la ropa
que llevo porque ya no se puede aguantar. Seguimos para no congelarnos.
Por el camino vemos muchas setas en los pinares. Fernando que las conoce
bien dice que son "Boletus Pinae", o algo parecido, y se pone
a recoger todas las que encuentra porque segun dice son exquisitas. Hay
muchísimas y acaba seleccionando las mejores. Me promete una cena
extraordinaria, aunque no las tengo todas conmigo.
Llegamos a Logroño y a su magnífico refugio. La hospitalera
que tambien entiende de setas se lía a hablar del tema con Fernando.
Les dejo y me voy a duchar. La pierna izquierda va acostumbrandose al caminar
y parece que ya no molesta. El resto va sensacional, llego fresco y fuerte.
Podría hacer más kilómetros, pero el día es
demasiado corto y no tengo ninguna prisa por llegar. El Camino hay que
disfrutarlo, dejar que te entre y que te ayude a encontrar lo que buscas.
Quedamos en ir mañana a Correos para que Fernando facture un paquete
a Santiago. Lleva demasiado peso y le hace sufrir.
Salimos a pasear. La Catedral está abierta y podemos pasar a visitarla.
Otra obra maravillosa, con casi todos los estilos posibles en un conjunto
asombroso. Un paseo del gótico al rococó, una lección
magistral de historia del arte.
Nos vamos a cenar al Moderno por recomendación de la hospitalera.
Nos tratan muy bien y salimos encantados con el menú que nos han
dado. Calidad con amabilidad.
Al regresar al albergue hay un peregrino nuevo de Lerida/Lleida que empieza
mañana. Somos tres para repartirnos el dormitorio, pues el resto
ha desaparecido por el sendero. Nos acostamos porque el frío aprieta,
que no hay calefacción.
Cena: 8¤
Refugio: 3¤
Recorrido desde casa: 181.90Km.
VII.- 07.12.04. Logroño-Najera:
Cuando hemos salido del refugio hacía 2ºC. Hemos ido a
correos a facturar el paquete de Fernando y al ir a desayunar había
bajado la temperatura a 0ºC. Al salir de la ciudad hacía muchísimo
más frío, no quiero saber cuánto. Al cabo de un rato,
la brisa helada que ha empezado a soplar acentuaba la sensación.
Así que hemos acelerado el paso para entrar en calor.
Tras unos kilómetros hemos alcanzado a un peregrino francés
que caminaba con otro brasileño, ambos jovenes. Este último
ha hecho promesa de silencio hasta llegar a Santiago. Es muy difícil
en brasileño por señas. Es terrorífico, de lo más
complicado que uno pueda imaginar, de verdad. Así que hemos optado
por seguir adelante, porque entendernos, lo que se dice entendernos, nos
entendíamos poco y mal. El silencioso ha salido disparado hacia
delante. Anda muy bien y eso que nos ha dicho que sólo come una
vez al día cada dos. Bueno, eso es lo que hemos creido entender.
Quizá era al revés.
Cada uno comprende la vida como puede y todas las opciones son muy respetables
aunque nos parezcan extrañas. Algunas son admirables.
Fernando sigue recogiendo racimos de las viñas. Prueba aquí
y allá y va comparando. Esta es dulce, aquella pellejuda, la otra
sensacional, etcetera. Pero no para. No para de comer, de hablar, de caminar.
Es una máquina desde que ha dejado media mochila en Correos.
En Navarrete nos sentamos un rato al sol y aprovechamos para visitar una
de las iglesias. Otra vez la admiración ante tanto arte nos sobrecoge.
Como el frío apreta, nos ponemos en marcha antes de que el aire
nos hiele los huesos. Al pasar a la altura de Ventosa el peregrino francés
decide desviarse y quedarse en este refugio. Ha salido muy temprano de
Viana y hoy no se siente fuerte. Esto me hace recordar a Quim, otro peregrino
con el que coincidí en el Camino Aragones en el 2003 y ahora queridísimo
amigo, que contaba que Angel, el hospitalero de este refugio, dividía
a los que iban hacia Santiago en peregrinos, turistas, mochileros y energéticos,
siendo estos últimos aquellos que van buscando o siguiendo las energías,
sean telúricas, esotéricas, cósmicas, etcetera. Cuánta
razón tiene, porque cada vez hay más gente que llega a Compostela
y menos que tengan el autentico espíritu. Pero el Camino es de todos
y cada uno lo entiende a su manera. Y a todos hemos de respetar, porque
todas las opciones son válidas.
El final de etapa se hace pesado. Iendo bien, al acercarte a la gravera
ya quieres llegar. Este último trozo aburre aunque vayas fresco.
Fernando ya está de mal humor cuando cruzamos el río. He
de animarlo diciendole que el refugio está a menos de cien metros.
Pero resulta que no, que lo estoy engañando sin querer, pues lo
han cambiado de lugar y ahora hay que caminar un ratito más.
Son unos barracones prefabricados pero al entrar la temperatura es maravillosa.
Haciendo el frío que fuera hace, en el interior se está en
la gloria. Y Jesús, el hospitalero, es pan bendito. De una bondad
inaudita en estos tiempos, nos acomoda con todo cariño y nos da
unos cuantos consejos utilísimos. Al cabo aparecen unos que van
medio en coche para sellar las credenciales. Jesús cumple las diligencias
amablemente y nos comenta en un aparte que son "turistinos" Que
en el Camino hay peregrinos y turistinos. Y entre sonrisas nos acomodamos.
Nos encontramos con el peregrino que durmió anoche con nosotros
y que esta mañana ha salido a las 6.30h, de noche. Ha llegado de
milagro, que lo ha traido la Guardia Civil, con una tremenda cojera y un
agudísimo dolor en la ingle. La lesión no tiene buena pinta,
ya que lleva muchas horas descansando y sigue sin poder moverse. Lamentablemente
creo que ya tiene el billete de vuelta. Una lástima.
La ducha es mejor que las de los hoteles de cinco estrellas, maravillosa.
No puedo salir y cuando lo logro, estoy arrugado. Sensacional. Cuando Fernando
termina con ella, nos vamos al super a comprar para cenar, pues el refugio
tiene una cocina estupenda.
La cena no nos sale demasiado buena. Pero a buen hambre no hay pan duro
y así nos vamos a la cama tan contentos, a un enorme dormitorio
que nos lo repartimos otra vez entre los tres.
Cena: 0¤
Refugio: 5¤
Recorrido desde casa: 215.13Km.
VIII.- 08.12.04. Najera-Santo Domingo de la Calzada:
No hemos empezado bien el día. Nos hemos dormido, estaba muy
nublado cuando hemos salido del refugio y amenazaba lluvia. Y lo mejor,
desayunando nos ha caido un broncón, una filípica impresionante.
El dueño del local tenía los cables cruzados y lo hemos pagado
nosotros. Todavía no sé por qué nos ha metido semejante
paquete. Pero hace mucho que ya no me alteran esas cosas. Contesto con
exquisíta educación a aquellos que la pierden o que nunca
la han tenido y ahí termina el problema para mí. Si aprende
la lección, estupendo. Si no, peor para él.
El cielo se ha ido cubriendo más según avanzaba la mañana.
Era extraño ver cómo el día se iba oscureciendo cuando
tenía que clarear al pasar las horas. Al cruzar Azofra la cosa estaba
ya muy negra. La verdad es que no llevamos muy buen día, y nunca
mejor dicho.
Pierdo a Fernando entre la niebla cuando le da un apretón y se mete
entre las matas. Camino despacio para que pueda alcanzarme, pero ya no
lo veré hasta Santo Domingo.
Llego al golf de Cirueña perdido entre las brumas. Cómo está
cambiando este lugar. Entre vallas y obras recupero el antiguo camino hacia
la capital del Santo. Me gusta esta zona, lomas suaves de fácil
caminar. Disfruto en ellas aunque hoy no se vea mucho. Me pierdo en mi
mismo y medito mientras avanzo a buen paso.
Al poco adivino formas de la ciudad a la que me aproximo. Voy sin gafas
porque se me empañan y así veo. Me ladran los perros desde
la zona industrial y me quedo parado, como un tonto, cuando veo el tremendo
montón de patatas que siempre allí hay. Pienso en una buena
purrusalda, hecha despacito y con cariño, que hoy me sentaría
tan bien, con esta tremenda humedad.
En el centro me espera Cesar, lugareño que conocí peregrinando
en el 2002. Hemos quedado para comer juntos. No nos veíamos desde
marzo pasado, cuando volvimos a coincidir en el Camino. Un abrazo con mochila,
que es el más dificil de dar, nos une en la alegría del reencuentro.
Mientras nos ponemos al día de las novedades, esperamos a que llegue
Fernando para ir juntos los tres a un mesón de las afueras. En Santo
Domingo hay Feria Medieval y la villa está desbordada. Tanto tarda
que empezamos a preocuparnos. Pasa un buen rato y al fín aparece
por entre la niebla. Dice que quiere seguir hasta Grañón,
que no quiere venir a comer. Nos despedimos. Tengo la seguridad de que
no nos vamos a volver a ver. Sé que le va a entrar la prisa y va
a empezar a hacer etapas largas. En cierta forma lo lamento, pero la vida
y el camino están llenos de encuentros y desencuentros y hemos de
aprender a valorar positivamente el tiempo que compartimos con aquellos
que luego perdemos.
Me voy con Cesar a comer unos caparrones y a disfrutar de su compañía.
Si algún defecto tiene este hombre es su bonhomía. Gente
más buena no la hay. Educado, generoso, cariñoso y amable.
Un buen amigo. Tras unos cuantos días de refugios y barros, de fríos
y nieblas, es como encontrarte con tu casa, con tu familia.
Al salir de comer y disfrutar de la sobremesa, cuando me lleva de vuelta
a Santo Domingo, nos encontramos con Fernando que está llegando
a Grañón. Hacemos unas risas y cada uno sigue su camino,
su destino.
Cesar me acompaña toda la tarde. Hacia las nueve me deja en el refugio
pues ha de ver a sus amigos. Cuánto he de agradecer el tiempo que
ha perdido conmigo.
Al albergue ha llegado el francés que ayer se quedó en Ventosa.
También un grupo de cuatro ciclistas de Madrid, tres chicos y una
chica, esta de una belleza inaudita, impresionante, de aquellas que son
guapas y no lo saben o no le dan importancia. Hablo un rato con ellos,
termino mi diario y me acuesto. Hace frío pues no hay calefacción,
pero duermo bien abrigado y descanso.
Cena: 0¤
Refugio: la voluntad
Recorrido desde casa: 244.87Km.
IX.- 09.12.04. Santo Domingo-Belorado:
Vuelve a amanecer nublado pero no tan brumoso como ayer. No puedo quejarme,
porque llover sólo me ha llovido en la mañana del segundo
día, y la verdad es que muy poco. Así que en cuanto recojo
el saco y ordeno la mochila (no sé qué hago que cada noche
se me desbarata y acaba todo por el suelo y la litera superior) me voy
a desayunar al Parador. Lo hago siempre que paso por Santo Domingo, y lo
hago por dos razones. Una, porque fué Hospital de peregrinos y dos,
porque por 10¤ me pego un desayuno-buffet maravilloso. Suelo empezar
por los zumos y frutas naturales. Paso a mayores con embutidos, huevos
fritos y demás carnaza. Medianamente satisfecha mi gula, me meto
en zona de bollería, mantequillas y mermeladas, rematando con un
amplio desfile de churritos en lo que debe ser mi segundo café con
leche de desayuno, es decir, grande. Mientras me preparo unos bocadillos
para el camino, me tomo otra taza. Quien diga que es caro, no sabe lo que
dice. Aprovecho para ir al baño y lavarme las manos llenas de mermelada
y dulces, cerpillarme los dientes. Y confortablemente, aliviarme. Y ya
listo, me despido del personal que tan gentilmente me ha tratado y que
me recuerda de otras veces. Aprovecho para saludar a Don Alfonso, el director,
que siempre ha sido amable conmigo y con todos aquellos peregrinos que
por el hotel se han acercado. Y salgo feliz como un niño hacia la
Catedral, a saludar al Santo antes de dirigirme hacia el horizonte.
Suavecito suavecito como dice Eva y que luego te mete una paliza en clase
de yoga que lloras por un relax, voy caminando hasta llegar a Grañón.
Allí me encuentro con otro peregrino y nos tomamos un café,
mientras arreglamos el mundo con la dueña del bar. Y hacia adelante.
En Redecilla he vuelto a intentar visitar la iglesia y ver la pila bautismal.
Pero vuelve a estar cerrada. De las cinco veces que por aquí he
pasado, sólo una y de milagro he conseguido que me abrieran y me
la enseñaran. He tenido suerte si pienso en todos los que lo intentan
y los pocos que lo logran.
Me fijo que las aldabas de este pueblo son falos. Unos más grandes,
otros más pequeños, pero casi todos son unos penes enormes
y gordos. La cosa tiene gracia. Y no me invento nada, que tengo fotos.
Mientras sonrio, le voy pegando a los bocadillos que me he preparado. Es
que están buenísimos y anoche no cené. Vamos, que
entre el hambre y la gula no paro. Es que de otra cosa no creo que vaya
a pecar en la soledad de los campos de Burgos. Y algo hay que ir haciendo,
que sino qué nos va a perdonar Santiago.
En llegando a los barros que siempre hay en el linde de la Rioja y Burgos,
me encuentro con los cuatro ciclistas que esta noche han dormido en Santo
Domingo. Llevan las bicis destrozadas por el barrizal. Están atascados.
La que mejor va, y va hecha unos zorros, es la chica. Pero ni la suciedad
la afea. Es una maravilla encontrar tanta belleza en medio del lodazal,
es como irreal, mágico. Me da pena dejarla y seguir, me cuesta,
pero por una vez voy yo más rápido que ellos y no les puedo
ayudar, que ya me he ofrecido.
Al pasar por Viloria, cuna de Santo Domingo, los perros me saludan. Son
cariñosos los animales en este pueblo. Alguna vez he tenido que
luchar para que alguno no me siga.
Hoy todo es agradable. Salvo el día, al que le va cayendo la niebla.
Quizá es lo mejor, que así no veo la carretera que va junto
al andadero de la parte final de la etapa.
Al rato me alcanzan los ciclistas. A uno se le ha roto el cambio y no pueden
seguir. Van empujandolo entre todos y cuando no pueden con él, se
baja y empuja la bici. Se quedarán a dormir en Belorado e intentarán
que se la arreglen en el taller. De no poder, tendrán que volver
a casa. Y mientras, sigo disfrutando de la belleza de ella, profundamente
admirado.
Y hablando y hablando se pasan volando los últimos kilómetros.
Seguiría pues me siento bien y es pronto, pero tendría que
caminar hasta Villafranca y la etapa se iba a alargar demasiado. Me quedo
en Belorado, en el albergue privado que está bien y son amables.
Hay calefacción, pero los pies se me quedan helados sin botas. Voy
a coger algo.
Paseo por el pueblo, me compro un periódico, me tomo un café,
escribo el diario, pinto un poco, leo otro poco y por fín llega
la hora de cenar. No sé que me pasa, pero devoro lo que me ponen.
Vaya día llevo.
De vuelta al refugio, me cuentan los ciclistas que no tiene remedio la
avería. seguirán como puedan hasta Burgos y allí les
vendrá a buscar la familia. Una pena, pobre gente, también
con billete de vuelta. Deberíamos recapacitar sobre lo afortunados
que somos cuando nada nos pasa, sea en el camino o en la vida y podemos
seguir avanzando hacia nuestro fin. Medito. Luego leo hasta las once de
la noche, un mal libro. Pero me entretiene. No estoy cansado y no quiero
desvelarme.
Cena: 7¤
Refugio: 5¤
Recorrido desde casa: 273.65Km.
X.- 10.12.04. Belorado-Atapuerca:
Me levanto temprano. Estoy harto de cama. Salgo al clarear, todavía
veo estrellas. Hace un frío que no te lo crees. Burgos debe estar
cerca de Moscú. Digo yo que para estas fechas ya se habrán
hermanado. Se lo preguntaré a Jorge. Rompo un par de hielos que
encuentro en el camino y observo el grosor. Vamos a más, tienen
unos 12mm. Osea, que debe haber una temperatura de unos 12ºC, negativos
claro. O aún menos, pues se me hielan hasta los mocos.
La luz es impresionante. El día está limpio con un cielo
de un azul intenso. Es maravilloso. Está ahí mismo, al alcance
de la mano, con un color inolvidable. Pero este sol mañanero no
calienta y la brisa me hace llorar. Lágrima a lágrima, pasito
a pasito, voy pasando pequeños pueblos hasta llegar a Villafranca
de Montes de Oca. Allí paro a comerme un excelente bocadillo en
"El pájaro" con una cola. Descanso un rato, más
psiquica que fisicamente y entro en calor con un café caliente.
Todavía no me creo el frío que hace fuera.
Entonado, me enfrento con el subidón que te encuentras nada más
salir. En primavera me perdí aquí. Iba tan agobiado con la
cuesta que no miré las señales y me fuí a un paraje
maravilloso. A punto estoy de dejarme tentar y perderme otra vez, a lo
tonto, para disfrutar de aquél lugar. Pero me centro en lo que estoy
y voy subiendo.
La soledad y el silencio es absoluto, casi asusta. Acostumbrado a la charla
de Fernando, que no callaba, el sonido del bosque impresiona. Mientras
no me aparezca un jabalí mosqueado y me dé un susto, que
no tengo ni edad ni ganas de subirme con mochila a un roble. Pero nada
altera el silencio salvo el murmullo de las hojas secas al caminar. Algo
me dicen que no comprendo.
Cuando llego a la fuente ya casi sudo. El sol ha ido calentando y el ejercicio
colabora. Y sigo adelante, disfrutando de la soledad, del lugar, del andar,
del permanecer en mí mientras cambio lentamente, paso a paso, de
lugar.
En uno de los toboganes veo a lo lejos a alguien. Si sigo este paso, pues
voy con un caminar alegre, lo alcanzaré. Al cabo de una hora llego
a él. Es Giraud, el peregrino francés que se busca a sí
mismo en el Camino. Chapurreamos un rato en los dos idiomas y nos separamos.
Se queda a meditar en un claro del bosque, protegido de la brisa asesina,
en donde el sol calienta un poco.
Las pistas forestales rectas me desconciertan. Acaban cansandome. Es como
con las autopistas, que las hacen con curvas para que los conductores no
se duerman. Pues lo mismo, me cansa ver una linea sin fín. De cualquier
forma disfruto de los laterales con pinos y robles que juegan con luces
y sombras. Hay barro y todavía queda bastante hielo, así
que camino con cuidado. Si me caigo aquí, me pongo perdido. Aunque
casí estaría bien, pues el barro de la zona es de un maravilloso
color rojo, casi carmín. A partír de ahora, en el estudio,
cuando me líe con los pinceles y colores, al "rojo inglés"
le voy a llamar "rojo montesdeoca" Es lo menos que se merece
un barro tan bonito.
Y así, perdido en mis alegrías, en mis dudas, llego a San
Juan de Ortega. Me llevo una gran desilusión cuando veo que la iglesia
está cerrada. Este lugar es mágico, maravilloso. No puedo
evitar imaginar el concierto que este verano dieron aquí el Monteverdi
Choir dirigido por Sir John Elliot Gardiner, cantando a capella obras de
Tomás Luis de Victoria, Francisco Guerrero, Antonio Lobo y otros.
Qué pena no haber podido oirlo, sentirlo, vivirlo.
Me acerco al refugio y allí encuentro a Don Jose María, el
párroco. Charlo un rato con él. Me cuenta que hoy había
una niebla que parecía queso, de lo densa que era. Le ha sido muy
difícil venir con el coche desde Burgos. Nos reímos cuando
le digo que andando se choca más bien poco. Amablemente me abre
la iglesia. Me admiro ante tanta belleza, ante tanta magia. Medito un rato
y bajo a saludar al Santo. Le tengo simpatía, cariño, quizá
porque hizo tanto por el Camino, quizá porque el lugar me hechiza.
Es pronto para quedarme aquí, alargaré hasta Atapuerca. Es
un suave paseo. Paso a despedirme de Don jose María, y como siempre,
siguiendo la broma de otros años, me dice que tenga cuidado con
los lobos. Cuando vengo al Camino digo a mi familia que si no me comen
los lobos, volveré.
Me tomo un refresco en el bar de Marcela y sigo senda abajo. Veo que ahora
hay otra ruta alternativa. Voy por la de siempre, que ha cambiado mucho,
ya que ahora es una magnífica pista forestal. Llegará el
día que los peregrinos vayan en descapotable. Porque en quads ya
me han pasado unos cuantos. Creo que hay cosas que no hay que mezclar,
por incompatibles. Por ejemplo, el silencio del bosque con el ruido de
un motor de explosión.
En llegando a las vacas, que me tienen rodeado, vislumbro la niebla en
el valle. Menos mal que todavía las veo, que topar con una de ellas
me da reparo. Así que esquivandolas ligerito, me voy al valle. En
Agés ya empiezo a ver poco y el frío me come. Acelero para
llegar pronto sin enfriarme.
En el refugio no hay nadie. He llegado el primero, o mejor dicho, soy el
único que de momento aquí se aloja. Me cojo la cama grande,
sin litera encima y me voy al hotel rural a tomar algo y evitar la rasca
que hace. Al rato aparece Giraud. Nos quedamos como tontos viendo la tele.
Aprovecho para ir terminando el diario mientras pasan las horas. A la hora
de cenar llegan los ciclistas, los que van como pueden acompañados
de la belleza y otra pareja. También un peregrino a pie de Rentería.
Buena gente. Al final somos nueve. Cenamos y me quedo un rato leyendo.
Cuando voy a acostarme, me encuenro al chico francés embutido en
su saco y encima del mio, frito. Trato de cogerlo y lo despierto. El pobre,
avergonzado se va a otra litera.
Y congeladito, empiezo a estornudar. Ya lo he pillado, un buen catarro.
Ya no voy solo, este se viene conmigo.
Cena: 8¤
Refugio: 6¤
Recorrido desde casa: 304.89Km.
XI.- 11.12.04. Atapuerca-Burgos:
Cuando me levanto ya han salido algunos. He hecho el vago porque no
me encuentro muy bien con el gripazo que llevo. No he dormido bien y tengo
frío, tiritonas. De cualquier forma es todavía casi de noche.
Así que voy recogiendo todo tranquilamente.
Abrigado, preparado para lo peor, abro la puerta del refugio y me encuentro
con la niebla, espesa y blanca. No se ve nada de nada. Dos metros cortos
como mucho. Mientras me la miro, aparece entre las brumas el de Rentería,
que no encuentra la salida. Lo mando para abajo, hasta la carretera y luego
a la derecha. Y ojito, que enseguida se entra al monte por la izquierda.
Y mientras él se va a intentarlo, yo trato de tomarme un café.
Pruebo en los tres bares del pueblo y nada de nada, a la calle, con fiebre,
frío, niebla y el estómago vacío. Peores las he pasado,
así que recordando una vieja película, digo lo que el prota
se repetía en los momentos más difíciles, "Ahora
está la cosa como me gusta"
Y me tiro al monte.
Al llegar a la Cruz, la niebla va atenuandose. A lo lejos veo al de Rentería
que no va bien. Lo alcanzo y me dice que tiene problemas con las rodillas,
pero que tranquilo, que puede seguir. Ha de tener cuidado en las bajadas,
que es cuando sufre. Sigo con la ilusión de encontrar un lugar en
el que tomarme un cafelito. Me entonaría. Es que el trancazo que
llevo me está ahogando.
En Cardeñula Riopico (¿Qué nombre tan extraño?
¿De qué le vendrá?) consigo tomarme un café
con leche y un pincho de tortilla de patatas, con el que recuerdo a Iria.
Qué bocadillos se metía. Daba gusto verla comer y hacerlo
a su lado. Como no está, desayuno sólo y estando malísimos
tanto el pincho como el café, me saben a gloria. Lo hago tranquilo,
despacito, pues es pronto y sólo tengo intención de ir hasta
Burgos. Es que no puedo, me ahogo, los mocos me devoran.
Paso Orbaneja y al cruzar la autopista, la A1, me quedo pensando lo despacito
que voy, que tardo cinco horas en hacer lo que los coches hacen en un cuarto
de hora. Eso iendo yo como un tiro y ellos de paseo. Si es que no soy nada.
Pero puedo oler el rocío y sentir las hojas secas bajo mis botas.
Oir el silencio, ver los pajaros volar y saborear el color azul del cielo
de Burgos mientras avanzo.
Pruebo la variante por el Arlanzón para evitar los más de
diez kilómetros de zona industrial que hay desde Villafría
hasta el centro y luego al refugio del Parque del Parral. En un principio
es sencillita pero agradable. En llegando al aeródromo, empiezan
los barros. Estos se hacen inmensos y profundos al llegar a la escombrera.
En un charco me hundo casi hasta la rodilla y al intentar salir y seguir,
me caigo de bruces. La mochila me ha vencido y meto literalmente la cara
en el fango. Me doy un golpe en la mejilla con una piedra y me hago un
corte en una mano que sangra como un cochino. Estoy hecho unos zorros,
lleno de barro, sangrando y ahogandome por tener todas las vías
respiratorias atascadas. Me llega un hilillo de aire que es lo que me mantiene
vivo. Me da la risa de sentirme en tan triste estado. Y me da tremenda
envidia una maravillosa pista limpia y con grava al otro lado de la valla
metalica. Me planteo saltarla e ir allí. Pero solo faltaría
engancharme en la alambrada, así que sigo por el barrizal hasta
Castañares. Al llegar, los lugareños me miran y no me extraña.
Parece que venga de la guerra. A los que les pregunto para seguir la ruta
del río, la senda de Santa Marina que no está muy clara,
me responden con otra pregunta tipo de dónde vienes o qué
te ha pasado. Tras aclarar que me he caido en el barro, harto evidente,
sigo pues nadie sabe de ese sendero. Así que cojo el camino oficial
que me lleva por la zona urbana. Algo he ganado, pero no sé si merecía
la pena la lucha contra el barro, batalla que he perdido, por tan poco
beneficio.
Cuando llego al refugio está Manolo. Hospitalero voluntario, amable,
cariñoso y servicial. Me cuenta que la pista al otro lado de la
valla que he estado tentado de coger se ha hecho para los peregrinos, para
evitar el barrizal que, como el mismo decía, es tremendo en días
secos, intransitable con lluvias. También me explica que en donde
he dudado y preguntado, hay que seguir recto derecho cruzando un parque
hasta encontrar el sendero. Buenos consejos para los que vengan detrás
si los leen en estas lineas.
En el albergue no hay nadie más, ningún otro peregrino. Ayer
durmió aquí Fernando, que ya me ha sacado un día.
Quizá empiece a acelerar en cuanto me recupere del gripazo, aunque
cruzarme medio país solo ya me gusta. Ya veremos.
Me acomodo, limpio todo un poco y me voy a comer algo y sobre todo a beber.
Voy deshidratado con los estornudos, lagrimeo, tos y fiebre, que me está
subiendo. Tras ello me doy una buena ducha que me entona un poco y me voy
al centro, a visitar la Catedral. Hace mucho frío. O a mí
me lo parece, que voy destemplado. Por el Paseo de la Isla me coge una
especie de alergia ante la helada que cae. Toda la piel me escuece. Las
vías respiratorias también y lo paso muy mal. Algo muy raro.
Me ahogo, no puedo respirar y llego a pensar que de esta no salgo. Tras
unos minutos de sufrir lo indecible, todo empieza a recuperar la normalidad.
Mi cuerpo empieza a ser el de antes, aterido y enfermo, pero que a trancas
y barrancas funciona. Y el frío sigue azotando de verdad. Que lo
decía el otro día, que en Burgos hace mucho frío.
Mucho.
La Catedral está prácticamente restaurada y es de una belleza
extraordinaria. Es un placer visitarla y además hay oferta para
pereginos. Toda la belleza de Burgos a tu alcance por un euro. Admiro a
arquitectos, maestros de la piedra y demás artistas capaces de crear
semejante obra. Me pregunto cómo se organizaban para diseñar
y delegar trabajos y que el conjunto fuera coherente a traves de los muchos
años que duró su construcción. No me puedo creer que
una sola mente tuviera en la cabeza semejante filigrana y además
la pudiera transmitir a los que vinieron detrás de él.
Eran maestros.
Me queda mucho barro por la ropa y los turistas que van impecables, limpios
y perfumados, me miran por mi aspecto. Con lástima unos, con simpatía
o desdén otros, con sorpresa todos. Una de las grandes alegrías
del peregrino es no estar atado a las obligaciones que la sociedad nos
impone. Puedes ir manchado, barbado, con pantalón corto. Libre.
Sin necesidades. Es otra dimensión.
Unas turistas se me acercan y me preguntan si soy peregrino. Y alaban mi
valor por meterme en semejante aventura y hacerlo solo y en invierno. Les
respondo que no tiene ningun mérito, porque es lo que me gusta y
ya se sabe, sarna con gusto no pica. Y ya metido, las acompaño y
les explico lo poco que de la Catedral y de arte sé. Al salir me
invitan a un café y no me escapo con ellas porque estoy enfermo
y voy hecho un gitano. Pero una me pasa una dirección y un teléfono.
Si ligo con esta pinta y a mi edad, como me arregle, arrollo.
Vuelvo al refugio tras tomarme una sopa castellana y una morcilla que están
buenísimas, impresionantes. En el Camino es un placer el ir probando
las diferentes cocinas de las diferentes comarcas. Todas aportan cosas
exquisitas, deliciosas, porque en todas partes se intenta comer lo mejor
que se puede.
Al Albergue ha llegado un peregrino japonés en bici de paseo. Viene
desde Bulgaria pedaleando. No habla mucho ingles y yo saliendo del "watashi
wa ka" no hablo mucho japo, así que él se va para el
ordenador y yo para Manolo, que me cuenta un par de historias y me pasa
un vaso de leche hirviendo con miel. No tengo palabras para agradecer el
detalle. Calentito, me acuesto tras pedir al japones perdón por
adelantado, porque estando como estoy, voy a roncar seguro.
Cena: 5.70¤
Refugio: 3¤
Recorrido desde casa: 335.89Km.
XII.- 12.12.04. Burgos-Burgos:
La fiebre me ha hecho tener pesadillas esta noche. Estoy agotado y me duermo.
Manolo me despierta a las 8.20. Le pido permiso para quedarme un día
más en el albergue. No puedo seguir. La verdad es que me encuentro
realmente enfermo. Me planteo el volver a casa. No valgo nada y no sé
cómo me voy a recuperar perdido por el campo, malcomiendo y durmiendo
en lugares en los que hace un frío aterrador.
Conseguida la autorización me relajo y trato de ir tomando decisiones
en cada momento, viendo lo que pasa. De momento decido abrigarme e irme
al centro a desayunar calentito y leer el periódico.
Mientras me estoy tomando unos churritos a los que, lástima, no
les encuentro el sabor por el gripazo, me llama Cesar. Me pregunta que
en dónde estoy y que cómo voy. Le pongo al día de
mis desventuras y me comenta que mañana se viene a Burgos para coger
un tren a Sarria, para rematar la peregrinación que tuvo que dejar
en octubre por haber perdido un par de uñas e ir cojo de ambos pies.
Hablando y hablando trata de convencerme para que haga trampas y me vaya
con él, que podría estar bien, que luego nos vamos a Finisterre,
que si ya me conozco este trozo de memoria, que ya lo he hecho un montón
de veces, que así estoy para Navidades en casa, etcetera, etcetera.
Dado que estoy tan mal, flaqueo y le digo que me lo pienso. Que ya le diré
algo de aquí a mañana. Y sigo con mi periódico. Me
lo termino y me voy a visitar las Huelgas, en las que no he estado desde
que fuí con el colegio y quince años. Otra maravilla. Cómo
me alegro de haberla podido ver y haber aprendido un poco sobre lo que
allí pasaba. Y qué satisfacción saber que se ha conservado
todo hasta nuestros tiempos, a pesar de los siglos transcurridos, de las
guerras e invasiones, de la incultura y el abandono.
Me vuelve a pasar lo de ayer en la Catedral. Me han metido en un grupo,
para hacer una visita guiada (que de otra manera no se puede hacer) y otra
vez me he sentido observado por los turistas. Esta vez la que se enrolla
es la guía, que me sonrie y me cuenta cosas por lo bajini. A ver
si esto de ir hecho un gitano va a dar resultado. Pero no, debe ser que
tienen espíritu maternal y me ven desvalido. O más bien que
el Camino deja huella, eso seguro. Y no lo digo por los restos de barro
que llevo sobre mí.
Cuando la visita termina me desea Buen Camino y algunos turistas la imitan.
Gracias.
Y me voy al refugio y le cuento a Manolo mi mañana, lo que he hecho
y he vivido. Llega un peregrino holandés que ha venido en autobús
desde Villafranca, creo. Hace un mes que lo operaron y no se quiere forzar.
Me voy con él a comer unos pinchos porque se está haciendo
tarde. Se hace el longuis y he de pagar yo, que no tengo un clavel. De
verdad que estoy enfermo.
Y paso el resto del día en el refugio, metido en el saco, con tiritonas
y flojera, pero algo mejor. Decido que no puedo seguir así, que
o me voy a un hotel un par de días más, me voy con Cesar
o me vuelvo a casa. Me lo pienso bien y decido hacer trampa y coger mañana
el tren a Sarria. Eso me permite tener un día más para recuperarme
y disfrutar de la compañía de un buen amigo. La verdad es
que me apetece irme con él. No hemos coincidido en el Camino desde
marzo cuando salimos desde Roncesvalles y el hubo de parar en Burgos por
no tener más tiempo. Así que le llamo y le digo que mañana
le espero en la estación de autobuses. Y siempre puedo hacer el
trozo que me salto con Eva y Quim, que han de continuar desde aquí
cuando puedan. Salgo a cenar algo y me acuesto. Prefiero no analizar demasiado
lo que he decidido. He llegado a la conclusión de que es lo mejor
y no le doy más vueltas. Así está bien
Y con esto y un bizcocho hasta mañana a las ocho.
Cena: 5¤
Refugio: 3¤
Recorrido desde casa: 349.29Km.
XIII.- 13.12.04. Burgos-Sarria:
He dormido muy bien y me encuentro bastante recuperado, aunque toso y sigo
flojo. Parece que ya no tengo fiebre. Recojo todo, me despido de Manolo
y le agradezco toda la ayuda que me ha brindado y me voy al centro frente
a la Estación de Autobuses a desayunar, mientras espero que llegue
Cesar. Aparece pronto. Tranquilo y entretenido con el periódico
ha pasado el tiempo deprisa. Nos abrazamos y nos vamos a la Estación
de Renfe. Sacamos un par de billetes a Sarria. A las 12.30h llega el tren,
subimos y como nos hemos confundido, hemos de atravesar todos los vagones
hasta el último, que es el nuestro. Va bastante vacio. Me sorprende
lo limpio y nuevo que está. Da gusto viajar así. De cualquier
forma, cuando paso unos días por los montes y campos, andando y
avanzando poco a poco, paso a paso, todo me impresiona. La velocidad, la
comodidad, la limpieza.
Nos hacemos unos bocadillos con lo que nos hemos comprado en el mercado
y comemos tan ricamente. La verdad es que en este Camino no paro de comer.
Será que lo necesito.
El movimiento nos acuna y nos echamos una siesta deliciosa. Cuando despertamos
nos queda poco para llegar a Monforte de Lemos en donde hemos de hacer
trasbordo. Allí cogemos un trenecito de un solo vagón. Disfruto
mucho en él. Es como de juguete, pero va como un tiro. Moderno y
agradable nos pone en Sarria en un momento. A las 18.50h estamos buscando
el refugio. Cesar conoce a la hospitalera y antes de llegar le compra unos
bombones. Le está muy agradecido de otras veces que por aquí
ha pasado, y él es un caballero.
Hay ya doce peregrinos. Llenamos completamente un dormitorio. Si no llega
nadie más, tendremos que dormir todos amontonados. Si aparece uno
más, han de abrir otro cuarto y nos podemos distribuir. Mejor será,
porque los que hay casi ni han saludado. No se enrollan. No había
visto nunca recibimiento tan frío. Parece que molestáramos.
Vamos a tomar una cervecita y volvemos para llevarnos la alegría
de que podemos cambiar de cuarto. Ha llegado un suizo y han tenido que
abrir. Genial. Luego llegan otros dos.
A las nueve nos vamos a cenar a un bar muy cutre en el que nos dan unas
lentejas maravillosas (cinco cazos) y un pollo riquísimo (medio
animal). Con vino, agua, pan y postre. Todo por seis euros. Cuando le decimos
a la señora que nos sirve lo bien que hemos cenado, se le alegra
la cara, se nota que le llega al alma nuestro cumplido.
Quedamos en madrugar y hacer tantos kilómetros como podamos. La
mayoría de los que hay en el albergue parece que se van a quedar
en Portomarín. A nosotros eso nos parece poco y cuanta mayor distancia
dejemos entre esta gente y nosotros, mejor.
Cesar es muy buen caminante, andarín ágil y rápido.
Creo que yo ya estoy recuperado. El haber dormido bien la pasada noche
y la siesta del tren me han devuelto la salud. Además aquí
ya no hace el frío de Burgos. Esto parece primavera, hace una noche
deliciosa.
Cena: 6¤
Refugio: 0¤
Recorrido desde casa: 357.45Km.
XiV. 14.12.04. Sarria-Eireixe:
Muy temprano cojo la mochila y el saco y los recojo fuera del dormitorio
para no molestar. He dormido mal. Un peregrino no nos ha dejado dormir
haciendo "tststs" para callar a los que roncabamos. Un rollo.
Me hace recordar una noche en el refugio Gaucelmo de Rabanal del Camino.
Era en marzo del 99 y dormimos 64 peregrinos. Unos roncaban, otros hablaban
en sueños, alguno suspiraba, uno gemia y también estaba quien
no paraba en el saco, haciendo mucho ruido. Y a quien se le iban los aires,
más bien ruidosos, olorosos. También había de los
que se levantan al baño y tropiezan o los que con la linterna no
paran, te despiertan. Pero el peor era un vaina italiano (tontolaba que
había venido y se fué en coche) que no nos dejó descansar
a ninguno llamandonos a todos al orden. Se pasó la noche haciendo
"ssssssss", "tstststs", y demás sonidos al uso.
Para matarlo. Quien camina y llega cansado, seguramente caerá en
sueños profundos con lo que ello implica. Dormir muchos en un mismo
cuarto seguro que da algún buen roncador y alguna otra variedad
de alborotador animal nocturno. Comprendo que puede molestar, pero quizá
la solución es un poco de paciencia, tolerancia, buen humor y unos
buenos tapones. Los que roncamos no lo hacemos voluntariamente. Ojalá
pudiera evitarlo.
Así que he esperado a Cesar desayunando tranquilito en el bar O
Escalinata, que abre a las cinco de la mañana. Al rato ha llegado
todo preocupado. Se creía que me había ido. Mientras se toma
su desayuno, comentamos la nochecita y salimos. Todavía es de noche,
pero no hace nada de frío. Es un placer caminar en esta atmósfera.
Enseguida llegamos a Barbadelo. Seguimos a buen paso. Cesar camina muy
ligero y yo ya llevo muchos kilómetros, así que vamos por
lo menos a 6km/h. Llegamos en un momento a Ferreiro. Nos tomamos un agua
en el bar, hablamos un rato con la señora, nos quitamos ropa que
empieza a hacer calor y cuando vamos a salir entra el francés que
venía desde Ginebra y que durmió en Roncesvalles, el que
salió disparado hacia Pamplona. Se muere de la risa al verme y le
explico toda la historia. Me ha sacado unos catorce días de ventaja
en dos semanas. Es decir, que va exactamente al doble de velocidad de lo
que es habitual. Ya lo dije, es un jet.
Nos despedimos y seguimos con un día maravilloso. Llegamos a Portomarín
muy frescos y seguimos, no subimos a la Villa. Eso nos hace ganar mucho
tiempo. Por cierto, el embalse estaba prácticamente vacío
y se veían las ruinas del antiguo pueblo. Muy interesante.
En Gonzar nos tomamos un refresco y nos preguntamos qué hacemos.
No con nuestras vidas sino hasta dónde vamos hoy. Decidimos seguir
pues vamos fuertes y todavía quedan horas de luz. Al llegar a Hospital
do Cruz nos tomamos una empanada que nos sabe a gloria y continuamos. A
este paso no vamos a parar. Sugiero Ereixe ya que es el próximo
refugio y empieza a caer el sol. Al pasar por el crucero de Lameiros vemos
que lo han urbanizado, dejandolo de exposición. La verdad es que
estaba muy abandonado, aunque en la salvajura residía parte de su
encanto. Llegamos bien a nuestra meta, con luz y muy enteros. Preferimos
dormir en un ambiente rural que meternos en Palas de Rei. Nos acomodamos
como reyes pues estamos solos y nos damos unas duchas gloriosas. Vemos
pasar al francés que sigue adelante. Nosotros nos vamos a tomar
una cañita al bar Conde de Waldemar, que han abierto frente al albergue.
Nos tratan muy bien. La hospitalera, una abuela parlanchina y graciosa,
se toma un mosto con nosotros y nos cuenta mil historias.
Cenamos allí mismo extraordinariamente bien. Y a la cama, a descansar
como angelitos.
Cena 9¤
Refugio 0¤
Recorrido desde casa: 397.23Km.
XV. 15.12.05. Eirexe- Ribadixo:
Qué noche tan fantástica. Hemos dormido de un tirón,
profundamente. Cuando amanecía nos ha despertado la luz. A la ducha
y a esperar recogiendo el saco a que abran el bar para poder tomar un café.
Resuelto el desayuno hemos empezado el paseito diario. Dicho sea de paso,
habíamos puesto mucha ilusión en lo que nos darían
después de la buenísima cena de anoche y ha sido una pequeña
frustración. Nos han largado al pequeño de la familia con
un par de sobaos sintéticos y un café regulón. Una
pena lastimera. Pero bueno, lo importante es que ambos nos encontramos
perfectos a pesar de los más de 40km que nos metimos ayer en el
cuerpo. De mi gripe ya no me acuerdo. El día es bonito, aunque todavía
quedan brumas. Pero ya se sabe, mañana de niebla, darde de paseo.
En Palas de Rei nos hemos tomado otro café para olvidar el del desayuno.
Y aunque parezca increíble, estaba aún peor. Puagh, malo
de verdad, rematadamente asqueroso. A veces no se puede luchar contra el
destino y hay que tomarlo como viene y con buen humor. Así que hemos
seguido camino riendonos de la mala suerte que llevamos hoy con el tema,
chupando hierbas para quitarnos el sabor que nos ha dejado. Qué
cosa tan mala, puagh. Veneno puro. Horrible. Si lo prueba Hans Blix lo
denuncia.
Con el día maravilloso que ha quedado, parando para quitarnos ropa
porque el ritmo que lleva Cesar es como para sudar pasando por Burgos,
hablando y arreglando el mundo, hemos llegado en un santiamén a
Melide.
Nos vamos a la pulpería Ezequiel a cumplir con una de las obligaciones
del Camino. La han arreglado mucho, ya no es aquella taberna cutre de lux.
Se ha quedado en lo que pudo ser y no llega, un punto kitch. El Camino
da mucho dinero y todo cambia muy rápido. Somos un país de
nuevos ricos, con arquitectura mediocre. Es triste ver como destruimos
lo popular para quedarnos en limpio sintético, frío. Menos
mal que lo que sirven sigue siendo autentico. Pedimos pulpo, queso y empanada
y vamos haciendo, disfrutando, regandolo con un turbio que sabe a gloria.
Cuidando de no pasarnos, vamos acabando.
Cuando estamos pagando, llega un grupo de peregrinos. Parecen muy agradables.
Los hay de todas partes. Una chica chilena y otra valenciana, un extremeño
de Caceres, un australiano que va en bici de paseo al ritmo de los caminantes
y que tiene cara de estar disfrutando mucho. Otro es de Santiago, que como
la mayoría de gallegos ha salido de O Cebreiro. También un
par de catalanes encantadores. El joven salió de Tarragona hace
unos dos meses y en Santo Domingo de la Calzada se le unió su padre,
que con la cara de felicidad que tiene, paga. Pena no haber coincidido
con ellos el resto del Camino. Buena gente.
Nos despedimos y arrancamos un poco a trancas y barrancas, que la comida
pesa. Pero cuando nos da el fresco en la cara, todo vuelve a ser como debe.
Todavía no sabemos a dónde llegar. Vamos muy frescos después
de haber descansado un buen rato durante la comida. De momento vamos hacia
adelante y ya veremos lo que encontramos, dónde y cuándo.
Son muchas variantes para resolver la ecuación, que es de integrales
triples. Y ya no me acuerdo como se hacían, lo cual es una suerte.
Hay cosas que es mejor olvidarlas, como los males de amor, que no sirven
para nada, ni para espabilarse en la vida. Sólo dan amarguras.
El paisaje es agradable, las vacas pastan y algunas se entretienen viendonos
pasar. Varias tienen la mirada más inteligente que la de muchos
humanos que conozco. Y nosotros seguimos adelante, paso a paso pero deprisita.
Podemos llegar a Arzúa sin problemas, pero le sugiero a Cesar parar
en Ribadixo. Manolo, el hospitalero de Burgos, me encareció parar
en este albergue. Me dijo que era sensacional. Llegamos y realmente el
entorno es magnífico. Entramos en el refugio y resulta ser una maravillosa
restauración de un antiguo hospital de peregrinos. Me sorprende
con soluciones y materiales innovadores y valientes. Genial. Merece un
premio. Por su arquitectura y por el valor de hacerla. Y por haber convencido
al cliente, quizá lo más dificil de todo.
Para variar, el hospitalero es fantasma. No hay nadie, así que nos
autoinscribimos y sellamos. En Galicia es gratuito y selfservice. Nos instalamos
en una suite privé de dos camas y nos vamos a duchar. Y aquí
empiezan las risas. Nos lleva más de media hora encontrarlas. Resultan
que están todas juntas en lo alto de la loma. Parecemos tontos y
como tal nos reímos. El agua quema, abrasa, y hemos de ducharnos
acuclillados para que en el recorrido desde la alcachofa hasta nuestro
cuerpo se enfríe un poco. Pero a pesar de los pesares y de las risas,
nos deja como nuevos. Nos hemos metido otros cuarenta kilómetros
y como si nada. Debe ser el pulpo. O el turbio.
Llega bastante tarde el grupo que ha comido junto a nosotros en Melide.
Se van colocando, les hacemos plano del camino a las duchas y nos vamos
a buscar en dónde cenar. Dan por supuesto que si no volvemos es
que algo hemos encontrado y así saldrán a buscarnos para
tomar también alguna cosilla.
Subimos el repecho, tipo final de un ochomil, y llegamos a la nada. Obscuridad
absoluta. Allá a lo lejos se ven luces. Tiramos hacia ellas y nos
encontramos con la carretera. Nos perdemos. Recuperado el camino nos metemos
en otro repecho sabrosón hasta llegar a un poblado. Lo recorremos
entero a lo largo y en la última casa hay un bar, cerrado. Desmoralizados,
a unos dos kilómetros ya del refugio y sin nada para matar el hambre
nos entra un poco la desesperación. En esto estábamos cuando
aparece un hombre al que le preguntamos. Nos dice que sigamos, que hay
un restaurante más adelante, a unos ochocientos metros. Y así,
a oscuras que ya es noche cerrada, con los perros ladrando como locos,
seguimos sus indicaciones, guiandonos con las manos, porque no se ve nada
de nada. Está negro azabache. Hasta llegar a unas luces que no son
otra cosa que Arzua.
Pues si, nos hemos metido unos tres kilómetros extras para poder
tomar algo caliente después de los cuarenta y tantos que ya llevabamos
hoy. Y esperate, que todavía tenemos que volver. Que no nos perdamos
en la negrura de la noche y el vino.
La gente del restaurante es amable y cariñosa, aunque el menú
no mata. Pero lo devoramos porque a buen hambre no hay pan duro. Y además
no podemos de dejar de reirnos pensando en hasta dónde hemos llegado
y lo desesperados que andarán los peregrinos que se han quedado
en el albergue y que han de dar por supuesto que hay un sitio o que nos
han comido los lobos.
La vuelta ha sido rápida porque ibamos de buen humor y satisfechos.
Y los repechos que nos han desfondado al ir, nos llevan al volver. En un
momento estamos en el refugio. Los que allí se han quedado se han
organizado como han podido y estaban, tan felices. Hablamos un poco y nos
acostamos, que los ojos nos empiezan a escocer a todos.
Cena: 8¤
Refugio: 0¤
Recorrido desde casa: 435.64Km.
XVI. 16.12.04. Ribadiso-Santiago:
Nos levantamos temprano, es de noche todavía. Cesar está
acelerado, quiere llegar hoy y me saca de la cama. Protesto pero pierdo.
Es muy pronto para los demás, que siguen fritos en sus sacos. Salimos
sin hacer ruido y los dejamos en lo mejor de sus sueños. Nos enfrentamos
con los repechitos que anoche nos desfondaron. Se hacen mejor hoy, a la
luz del alba y bien dormidos. Llegamos al restaurante de anoche y nos tratan
a cuerpo de rey. Nos hacen unas tostadas maravillosas y un café
excelente. Repito de ambos. Debo estar traumatizado por los que ayer al
amanecer me dieron. Su recuerdo me mueve las tripas y he de ir corriendo
al lavabo.
Está nublado y hay algo de niebla. Pero me ha puesto de tan buen
humor el trato de los camareros y lo que nos han servido, que voy feliz.
Cruzamos Arzua y seguimos hasta Salceda en donde nos tomamos un refresco.
Hacemos unas risas con la camarera y unos peregrinos gallegos, que claro,
han salido de O Cebreiro, como todos. Bueno, como casi todos.
Ya queda poco hasta Santa Irene, en donde siempre me llueve. He pasado
por aquí cinco veces y siempre me he mojado. A veces es un calabobos
y otras una lluvia torrencial. Hoy toca ligerita y casi agradable. Hay
que aceptar que estamos ya muy cerca de Santiago y allí, cuando
no llueve es que va a llover. Así que chino chano, fresquitos, vamos
haciendo, avanzando.
Llegamos a Arca a la hora de comer. El hotel de la gasolinera está
cerrado, no podemos tomar nada. Voy bien a nivel de lesiones, todo está
perfecto. No tengo ampollas ni tendinitis, ni rozaduras, ni ningún
tipo de lesión física, pero empiezo a ver el muro, como en
los 30km de las maratones. Se me acaba el glucógeno, la energía,
y me duele el cuerpo. Peso 55kg y no tengo mucho para gastar. Me entra
un tembleque y flojeo. Cesar me pasa un trozo de chocolate que me salva.
Iba realmente apurado. Cuando llegamos al Monte de Gozo ya me he recuperado.
Estamos a un paso de llegar a Santiago. Ya es todo cuesta abajo.
Mientras anochece entramos en la ciudad. Hemos hecho en tres días
lo que se suele hacer en cuatro. Sin sufrir, disfrutando. Llegamos al centro
sobre las 18.30h y nos vamos primero a la oficina del peregrino a rematar
y recoger la Compostela. Nos atiende una chica muy guapa y muy amable,
que nos pone problemas. Dice que tenemos pocos sellos de Galicia, sólo
tres. Hace cuentas para ver si hemos recorrido los famosos cien kilómetros.
Le explico que de alguna forma, aunque con trampas porque me puse enfermo,
vengo desde Roncesvalles, al igual que Cesar. Que en total he caminado
unos 475km, él más de 800. Amable y educadamente me dice
que aunque venga desde los confines del mundo conocido, si no camino esos
famosos cien kilómetros gallegos, no me la puede dar. Esto acaba
de desmotivarnos, que ya veníamos mal en ese sentido. Finalmente
cede porque sí hemos cumplido con los requisitos, no sé si
de la Xunta o del Arzobispado, y nos la da Pietatis Causa. Hoy pienso que
quiere decir "Por Caridad"
Salimos a saludar al Santo brevemente, que ya vendré a hablar con
Él mañana tranquilo, y nos vamos a buscar un hotel. Lo intentamos
primero en el Suso en el que ya he estado otras veces y está muy
bien y son muy amables. Hay suerte y tienen sitio. Cogemos una habitación
para una noche porque queremos ir a Finisterre. Nos organizamos, nos duchamos
y nos ponemos ropa limpia. Y nos vamos a cenar. Vamos impecables. Bueno,
casi. Quiero invitar a Cesar por lo bien que se ha portado, por lo buena
persona que es y porque me lo quiero como amigo. Tras la cañita
para hacer tiempo, nos metemos una buena cena, que nos la hemos ganado.
Y tras hablar un rato y otro de paseo por la noche compostelana, nos retiramos
a descansar.
Qué maravilla, qué lujo, sábanas. No me lo puedo creer.
Qué bien vivimos y que poco nos fijamos en todas las comodidades
que disfrutamos, en los pequeños placeres que nos damos diariamente.
Qué decadentes somos en el primer mundo, que consideramos básico
lo que muchos no pueden ni soñar en otros.
Cena: Amex*¤
Hotel: 15¤
Recorrido desde casa: 475.45Km.
XVII. 17.12.04. Santiago-Santiago:
Me despierta Cesar con un concierto de música clásica
en la tele.
¡Seguimos con los lujos!
Nos damos una buena ducha y nos vamos a desayunar. De allí a reservar
pasajes. No empezamos el día bien. Iberia ya no acepta la Compostela,
es decir, ya no te hace el descuento del 50%. Volver a casa me va a costar
más de 200¤, , más de 33.000 pesetas de las antiguas.
Aproximadamente es lo que pagaría por volver desde Panamá
si consiguiera ir, y mira que me gustaría.
Pero a Cesar le va peor. Hay huelga de Renfe del 20 al 24 de diciembre
y eso hace imposible que vayamos a Finisterre y pueda estar en casa para
Nochebuena. Nuestro gozo en un pozo, se acabó el plan. Nos hemos
de volver ya. Estamos contentos. Así que nos sacamos los billetes
y nos vamos a tomar un café. Ambos abatidos, y yo arruinado. He
tenido que empeñar los mocos.
Entre una cosa y otra se nos ha hecho tarde. Nos vamos para Misa del peregrino.
Entramos por la Puerta Santa y cumplimos con la tradición de las
dos cruces. Ha habido suerte, no hay cola. Pasamos al interior de la catedral
y nos obligan a seguir derechitos hasta la imagen de Santiago que preside
el altar. No entendemos nada. Subimos a darle un abrazo observados por
un diacono que contabiliza con una maquinilla los que por allí pasamos.
Desmotivados, nos obligan a bajar a la cripta. No hay otro camino. Ha de
ser así, por narices. Allí nos encontramos a una pareja discutiendo
de sus cosas, en plan café y tu me has dicho que yo, etcetera. Harto,
decepcionado y de mal humor, sigo la ruta a la que me obligan, que en un
momento me pone de botitas en la calle por una puerta lateral. Y otra vez
estoy en la Plaza Quintana. Me voy al Obradoiro y tras subir las escaleras
intento entrar por el Pórtico de la Gloria. Pues no, está
cerrada. Vuelvo a la Plaza Quintana y paso al interior de la Catedral por
la puerta lateral. He llegado al amén. Me voy hacia atrás,
que en la iglesia llena de turistas no queda sitio. Está a rebosar
de público, de ellos unos cinco peregrinos. No me dejan acercarme
al Pórtico de la Gloria. Ha de terminar la Misa. Me voy a admirar
la imagen de Santiago Matamoros que me parece maravillosa, aunque el concepto
está más bien demodé, y aprovecho para ver una vez
más el botafumeiro. Y oler a incienso, que tanto me gusta.
Termina la misa y vuelvo hacia el Pórtico. Imposible admirarlo,
está desbordado de gente. Decido salir antes de que me dé
un ataque. Camino de la puerta veo que hay muchos bancos en los que hay
un cartel que pone RESERVADO. Para quién, me pregunto.
Me voy echando pestes a Casa Manolo. Cesar viene indignado, protestando,
y mira que es buena persona. Nos ponemos ciegos por 6.5 euros. No ha cambiado,
siguen dando unas raciones inmensas. Pena que han cambiado las camareras
guapas y coquetas por camareros que me resultan sosos y grises. La verdad
es que deben estar agotados, los pobres.
Hablando con Cesar de todo lo vivido en la Catedral nos da la depre. Pero
resulta que hay más. Nos cuentan, que este verano había días
que llegaban los peregrinos en pleno éxtasis y se encontraban la
Catedral cerrada por estar llena de turistas. Dicen que en una ocasión
tuvo que intervenir la policía porque hubo un conato de motín.
Cesar añade que cuando llegó la vez anterior, un sacerdote
que estaba sentado en una silla ante el inicio de las escaleras que llevan
al Santo, no le dejó subir a darle un abrazo porque había
concertada una visita organizada y estaba reservado. Si, Santiago reservado,
Si además de lo vivido esta mañana, todo esto que me cuentan
es verdad, creo que estamos perdiendo los papeles. Todos. Desde el Arzobispado
y la Xunta hasta nosotros, peregrinos que caminamos durante cientos de
kilómetros con la ilusión en el corazón y la luz en
los ojos para llegar a esto
O quizá es esta la última prueba.
¿De humildad? ¿De inocencia?
Prefiero olvidarlo, ignorarlo.
Decía Tat que la razón y el motivo del Camino es el propio
Camino. Me parece que cada vez tiene más razón.
Por la tarde me voy a ver a Santiago antes de que empiece otra Misa y con
ella el show. Le digo que no me gusta todo lo que está pasando,
que esto se está convirtiendo en una atracción de feria monopolizada
por el Arzobispado y por la Xunta. Que si sigue así va a morir de
exito. Que seguiré intentando llegar a darle un abrazo y a hablar
un rato con Él, pero que lo haré a las peores horas y por
el peor camino, en el peor momento. Que cada vez es más dificil
estar con Él a solas en su casa. Que me voy y me voy muy triste,
muy decepcionado. Que sigo enamorado del Camino, de Compostela, de la Catedral
y su órgano, de Su imagen, de Su leyenda y de toda la historia y
arte que arrastra, pero que me da mucha pena que esto se haya convertido
en lo que ahora es, un viaje organizado que está de moda.
Vamos, igual que ir a Formentera o a Cork.
Así que cojo el avión y me vuelvo a casa con la sensación
de que he hecho el imbécil, el turista.
Haya paz y después gloria.
Comida 6.5¤
Recorrido al llegar a casa: 494.55Km.
Epílogo
Volveré a Santiago, volveré a hacer el Camino.
Me siento poderosamente atraído por toda su magia, por toda su belleza.
Pero evitaré todo aquello que según mis criterios desvirtúa
el concepto.
Caminaré sin prestar atención a los quads y ayudaré
siempre que pueda a los turistas que algo necesiten, pero trataré
de seguir sólo con mis pensamientos.
Escucharé al bosque y le hablaré a los pájaros.
Abrazaré al Santo y me emocionaré, pero lo haré a
horas ocultas, en años olvidados.
Seguiré soñando con las estrellas, con la luz.
Seguiré caminando.
Buen Camino a todos.
Alfonso
alf@ibernet.com
http://www.biescasvignau.com

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Fuentes
In Memoriam
Marcas y Señales
Personajes
Puentes
*Jorge Sanchez
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