25.03.01 Sahagun - Reliegos (117+425):
Nos levantamos frescos como lechugas. Hemos dormido genial en este maravilloso refugio. Tras la ducha nos vamos a desayunar.
Preguntándonos en dónde habrán dormido Noni y Ademir vamos liquidando tostadas, una detrás de otra y en fila.. Con el café con leche quedamos listos para empezar la etapa. El día está muy feo. Hace frío y llovizna. Tenía razón aquel hombre que nos dijo que el tiempo iba a cambiar, porque cada día está más feo.
Esta es una etapa complicada, en la que si no le coges las distancias se te puede hacer muy larga. Como salimos en amable conversación los kilómetros van pasando sin darnos cuenta.
Enseguida llegamos a la cruz en el cruce de carreteras. Es muy temprano todavía, vamos a buen paso. Entonces me doy cuenta de que nos hemos equivocado.
¡No hemos vuelto a Terradillos en taxi como ayer quedamos en hacer!
Con la mirada siempre al frente no nos hemos acordado ninguno de los tres. Nos quedamos avergonzados de la trampa cometida y preocupados por la falta de memoria, por el despiste. Estamos en otro mundo, acostumbrados a no tener que recordar nada. Y de alguna manera hemos abandonado a Noni, que se preguntará en dónde nos hemos metido. Pero ahora ya no es momento de volver, mejor seguir adelante y dejar que el Camino fluya aunque suene a picardía.
El frío sigue apretando y aunque no hace demasiado viento el día es muy desagradable. Cuando llegamos a Bercianos entramos al bar a calentarnos. A pesar de ir andando, tenemos frío. Las manos las llevamos heladas, las orejas no las siento, dice Derren que sí, que las llevo. Nos ponemos más ropa encima. A mí ya no me queda nada más, lo llevo todo puesto, llevo la mochila vacía. Mientras, pedimos un café caliente y un pincho de tortilla, claro.
Cuando nos empiezan los calores, salimos al Camino de nuevo. Está empezando a nevar. Para animar un poco el trayecto, enumeramos todas las palabras que sabemos en castellano, francés, inglés y brasileño para definir el concepto de peregrinar. La más rara que aparece es la inglesa sauntering, Parece ser que viene del francés cuando se refiere a los que van à la Sainte Terre creando el vocablo saunterer, peregrino. Posteriormente pasa a ser lautering y loitering.
Filologando entre risas y discusiones llegamos al Burgo Ranero más muertos que vivos, porque vamos completamente helados. El refugio está todavía cerrado, así que nos vamos a comer. Ayer cambiaron la hora y aprovechamos, porque siempre tenemos hambre, aunque sea temprano.
Mientras entramos en calor con una sopa castellana, decidimos seguir hasta Reliegos. Son unos 12 kilómetros más que podemos hacer en un par de horas. Es muy pronto y aquí nos vamos a aburrir. Así que tras un paseo para admirar la extraordinaria arquitectura de adobe que posee el pueblo, seguimos camino.
Al salir ya nieva. Nos miramos para ver si estamos muy convencidos de seguir. Parece ser que si. Poco a poco arrancamos y en silencio, perdidos en nuestros fríos pensamientos damos paso tras paso, uno detrás de otro.
La llegada se agradece. Nos cuesta un poco encontrar el refugio. Es que tenemos las ideas heladas. Ya instalados, tratamos de entrar en calor con las duchas, pero como al salir de ellas nos tumba la ventisca, directamente nos vamos al bar del pueblo. Es domingo y está animado, o sea, que se está calentito.
Al servirnos nos comentan que si queremos que nos den de cenar, ha de ser antes de las siete pues a esa hora cierran y se van a León. Como no hay elección decimos que sí, que de acuerdo y enseguida nos sirven un plato de arroz a la cubana que nos sabe a gloria. Con el cambio de horario estamos cenando como las gallinas, antes de las seis de la tarde de ayer. Pero como a buen hambre no hay pan duro, tan contentos.
El caso es que a las 19h estamos cenados y en la calle. Nos vamos al refugio porque nieva y no hay nada que hacer. Envueltos en mantas esperamos a que den al menos las diez de la noche para meternos en el saco.
Un matrimonio mayor que no sabemos por dónde han aparecido, se acuestan y tratan de dormir. Parece que lo consiguen, porque al rato respiran reposadamente. Derren saca su guía de España y del apartado dedicado al Camino me va contando cosas que no sabía. Txemari se ha traído el periódico que había en el bar. Cuando lo termina me lo pasa.
Al rato se desata una granizada que espero que no coja a nadie porque debe hacer daño, con piedra de cierto tamaño, tipo garbanzos.
A las diez ya estamos dormidos en los sacos.

26.03.01 Reliegos - León (117+451):
Ayer decía que amanecimos frescos como lechugas. Hoy he de decir que congelados como los calamares. Ha hecho mucho frío en el refugio por la noche. Son las alegrías de peregrinar en marzo, cuando la primavera todavía no ha llegado a los páramos de León.
Cuando salimos al campo, directamente desde la cama, que no iba el agua para ducharnos ni el bar para desayunar, nos enfrentamos a un frío aterrador. De los que te hacen pensar en volver al saco hasta que temple un poco.
Txemari dice que empieza a ir justo de días y que va a acelerar. Otro entrañable amigo que perdemos en esta peregrinación, éste por el horizonte. De seis más dos (César y Txemari se incorporaron en Cizur y Belorado respectivamente) que salimos desde Roncesvalles, ya sólo queda junto a mi Derren. Los demás cuando no han vuelto a casa (César, Celia y Hector) van por el Camino en diferentes etapas. En realidad Derren y yo llevamos juntos desde Madrid, que aunque no hablamos entonces, íbamos en el mismo vagón a Pamplona y después en bus a Roncesvalles.
Quizá por el frío que no nos deja pensar, quizá por ir en nosotros mismos, según salimos nos perdemos. Nos vamos al huerto y nunca mejor dicho. Nos lleva un rato desandar lo hecho y ponernos de nuevo en ruta.
No es esta etapa de las más entretenidas. La primera parte es más bien monótona y sin sustancia así que cumplimos el trámite lo mejor que podemos para llegar Mansilla de las Mulas a buena hora todavía para desayunar.
Nos tomamos cada uno un par de croissants y un café con leche que nos entona. LLevamos la nariz, las orejas y las manos frías de verdad., así que dejamos que el cuerpo reaccione al estar a cubierto. Que lo he dicho muchas veces, que si no nos cuidamos, nadie lo va a hacer por nosotros.
Recuperados y entonados salimos a admirar la plaza. Es una pena que parte de ella esté en semiruina. Es de esperar que hagan algo y restauren los edificios que lo necesitan antes de que sea demasiado tarde. O se le ocurra a algún inteligente cargársela para hacer una "moderna" de pésimo gusto y peor arquitectura. Si no aprendemos a valorar nuestro pasado, perderemos el futuro.
Chino chano nos hacemos enseguida el aburrido trayecto que va casi siempre por el arcén de la carretera hasta llegar primero a Puente de Villarente y luego por una pista forestal hasta Arcahueja. Allí nos tomamos un refresco, que ya no hace tanto frío, que el día ha templado y al andar se suda.
Le sugiero a Derren coger algo que nos lleve desde aquí al centro de León. Lo que queda son unos 8 kilómetros de carretera, autopistas y barriadas sin ningún interés. Acepta el consejo y nos bajamos a la carretera a esperar el bus en donde nos han dicho que para.
Por 115 pesetas nos lleva en un momento cómodamente al centro de la ciudad.
Paseando nos acercamos al Convento de las Carvajalas y nos apuntamos al refugio. Cuál no será nuestra alegría cuando nos encontramos en él a Ademir. Nos abrazamos y me los llevo al lado de la Catedral a tomar un chocolate con churros. A Derren le gusta y se pide otro. Y yo me apunto a otra ración de churros.
Ademir nos cuenta sus aventuras en soledad y nos dice que está agotado, que tiene un bajón brutal. Nosotros le explicamos cómo Txemari ha tirado hacia delante. Noni se ha quedado atrás de forma que quizá podíamos descansar mañana en esta ciudad que tiene mucho que ver y esperarle. Y seguir reunidos los cuatro que salimos hace ya más de dos semanas.
Damos una vuelta por el Barrio Húmedo y nos tomamos unos pinchos. Ya no cenamos, pues corriendo vamos al refugio en el que las monjitas nos han dicho que nos avisarían para ir a la bendición.
Cuando llega el momento nos llevan a la capilla, nos sientan con ellas en el coro y tras repartirnos sus libros empiezan todas a una voz. Me vuelvo loco intentando encontrar en cada momento cuál es la que hay que cantar, pero pierdo los papeles y acaba todo antes de que me haya podido organizar. Derren que es del Show Biz, tararea y disfruta del momento. Tras la música viene la bendición. Emotiva, se nos hace extraño recibirla de y entre monjas.
De allí directamente al dormitorio. Ha llegado algún peregrino, pero son escasos los sacos que se ven en las literas. Apagan la luz y nos quedamos fritos.

27.03.01 León - León (117+475):
Cuando nos despiertan recogemos todo tranquilamente, que hoy no tenemos prisa, y nos vamos al centro a desayunar. De allí nos vamos a una pensión que está allí mismo y en la que ya estuve el año pasado. A todos les parece bien el lugar y el precio, así que nos dan tres habitaciones individuales con baño común para todos los cuartos, seis en total.
Una vez instalados, vamos a visitar La Catedral, primero y San Isidoro después. En la Catedral se nos pasan las horas admirando las vidrieras aunque el sol hoy no las ilumine. Nos perdemos siguiendo las nervaduras desde la clave hasta la base de los pilares. Esta Catedral cuanto más la estudias, más la admiras. Eso dentro, porque fuera observamos todas las esculturas que adornan los arcos y que aunque deterioradas por el tiempo y las circunstancias tienen todavía tanto por contar. Y le damos la vuelta andando, mirándola por todas sus esquinas.
Nos tomamos un descansito con un café y comentamos lo que hemos visto. Es gracioso que hablamos en tres idiomas y nos entendemos. Con Derren no hay problema, hablamos inglés y ya está. Pero con Ademir es más complicado. A veces no nos entendemos en el portuñol que hemos creado en estas dos semanas y no habla muy bien ni el inglés ni el francés. Es chapurreando italiano como en ocasiones salimos del paso, que los dos lo hablamos fatal, y eso que él es de origen ítalo.
De allí pasamos a mayores. Quiero decir que nos acercamos a San Isidoro y nos unimos a un grupo de norteamericanos que entra en ese momento con una guía que les va explicando todo. Así Derren se entera bien y yo pesco algo. Y los dos se lo explicamos a Ademir como podemos. Nos quedamos un rato, cuando todos se van, disfrutando del lugar. Cuando salimos me compro un libro que después envío a casa desde Correos con el que compré en San Martin de Frómista. La tentación era muy fuerte. Tanta belleza e historia no soy capaz de dejarla atrás sin más.
Para entonces ya se nos ha hecho la hora de comer, que entre nosotros es sagrada. Así que vamos al húmedo y buscamos un local que nos guste. La elección es difícil, pues hay tantos y tan apetecibles que llegamos a dudar. Finalmente encontramos uno al gusto de los tres y comemos como brutos. En nuestra defensa sólo puedo decir que estamos gastando muchas calorías, mucho glucógeno, muchas sales y demás y que lo que nos sirven está delicioso, rico riquísimo.
Paseamos la digestión hasta un bar en el que tomamos el café. De allí y muy tranquilos a visitar San Marcos, ahora Parador Nacional, además de otros edificios. Nos entretenemos mucho entre ir, ver y estar, porque nos sentamos un rato en el bar a tomar un refresco. Tanto es así que se nos hace tarde y casi no llegamos al Corte Inglés en donde Ademir quiere comprar no sé qué. Allí nos pasamos el resto de la tarde. Empeñado en comprarse unas botas nuevas, vuelve locas a todas las dependientas. Y Derren y yo diciéndole que ni se le ocurra estrenar unas botas en el Camino, que se va a destrozar los pies. Pero erre que erre, se las lleva.
Él es así, va comprando y se le llena la mochila. Y entonces va a correos a facturar un paquete a Santiago. Cuando lleguemos no va a poder con todo lo que ya ha mandado.
Derren sugiere en un castellano macarrónico y divertidísimo el ir a tomar chocolate con churros, que ayer le encantó lo de merendarlos. Como no tenemos nada mejor que hacer, para allá nos vamos a rematar la tarde entre risas y un poco de gula.
Antes de ir a cenar, buscamos un lugar en el que uno pueda llamar a Australia y el otro a Brasil y hablar con sus familias. Al final acabamos todos liados, saludando a las familias de los otros. Es lo que hace el Camino.
Buscamos un restaurante tranquilo y cenamos en agradable conversación. La verdad es que el día se nos ha pasado en un suspiro y sorprendentemente estamos cansados a pesar de no haber caminado hoy. Bueno, eso es un decir, porque no hemos parado, callejeando de aquí para allá. Y el asfalto cansa mucho, al igual que el hacerlo despacito. No son estos nuestros ritmos.
De vuelta en la pensión quedamos en la hora de salida. Y como dice Derren, si no nos vemos por los pasillos, desayunando en el bar de los churros.

28.03.01 León - Villar de Mazarife: (117+499):
A Ademir, que le cuesta más arreglarse y organizarse lo esperamos Derren y yo en la cafetería. Para cuando llega ya llevamos dos raciones de churros cada uno y vamos a pedir el segundo café con leche. Y no hay que decir que llevamos un buen rato riéndonos con la camarera.
Cuando salimos a la calle vamos frescos y contentos. Los tres coincidimos en que nos ha sentado muy muy bien este día de descanso, a lo que nuestro australiano añade que no hay que olvidar los churros, que también nos han caído sensacional. Amazing.
Al pasar frente a la Catedral sentimos la pena que da despedirse de esta bella ciudad, en donde la comida es excelente y las mujeres guapas y simpáticas. Cuando llegamos a San Marcos, antes de pasar el puente sobre el Bernesga, paramos un momento y nos volvemos a decir adiós al lugar. Hoy, de aquí hasta la Virgen del Camino nos quedan unos 8 kilómetros urbanos, con barriadas y carreteras que son lo que menos puede apetecer para empezar. Pero animo a mis compañeros contándoles que a partir de allí el Camino se convierte en una senda preciosa, sendero que va por el páramo leonés, apacible y bueno para caminar, solitario para meditar, fresco para bien conversar.
Chino chano, expresión que ya han aprendido y que gustan de decir, vamos empezando con el paseíto del día.
Cada mañana, Ademir pregunta hasta dónde vamos a ir. A lo que tras citarle el lugar de destino y decirle la distancia, antes de que empiece con las lamentaciones, le subrayamos que es un paseíto. Otra palabra que hemos adoptado en nuestro diccionario particular.
Hace buen día y antes de llegar a la Virgen del Camino ya vamos sudando. El aire es fresco, pero es suave brisa que no viento y el sol calienta. Decidimos hacer al llegar una visita a la iglesia y otra después, al bar.
Como cada día, Derren y yo tomamos tortilla de patatas, esta vez con una cola, que tenemos calor. En mi vida he comido tanta tortilla española, pero no me importa, que me encanta. Derren me mira y se ríe, a lo que respondo de igual forma. Desde luego parecemos dos tripontzis del norte.
Les explico a mis amigos que a partir de este punto hay dos posibilidades. Una ir a Villadangos del Páramo por la N-120, ruta que nunca he hecho en las dos veces que he pasado por aquí en mis anteriores Caminos. La otra es ir hasta Villar de Mazarife por un sendero precioso por el campo, tranquilo y solitario, con el rumor de la naturaleza.
Los tres votamos por la segunda ruta, así que en cuanto pagamos cruzamos la carretera y nos metemos senda a través. Antes de llegar a Chozas de Abajo pasamos por lugares de nombres maravillosos como Fresno del Camino y Oncina de la Valdocina. Un paseo agradabilísimo en un día de clima suave, que estas tierras son temibles cuando cae el frío. Como ya no nos quedan nada más que unos cinco kilómetros para llegar a destino y es muy pronto, nos acercamos al bar del pueblo, en el que encontramos reunidos a todos los abuelos del lugar.
Nos tomamos algo caliente y descansamos la molicie, que no se puede llamar de otra forma. Que ayer no caminamos y hoy llevamos solo unos 17 kilómetros. Y sabemos que no nos queda ni una hora de caminata para llegar al refugio.
Aprovecho el momento para decirles que el albergue, si no lo han arreglado, está en un estado deplorable. Que si hace el frío de las últimas noches no salimos vivos de allí. Que quizá alguno sobreviva, pero que los tres, el 100% del equipo, es bastante improbable por no decir simple y llanamente que es imposible. Ademir se echa las manos a la cabeza, pero entonces les cuento la segunda parte, que no se me asusten. Que me llamó ayer Txemari y me contó que el otro día durmió como un príncipe en Mazarife en una casa que le alquilaron. Que preguntemos en el bar.
A Ademir se le alegra la cara y Derren me mira con picardía y me dice que esta se la pago, con cañitas y chorizo. Este chico aprende rápido lo local. Se nos va a volver un folklorista si le damos tiempo.
Seguimos camino y en un santiamén nos plantamos en el destartalado refugio de Villar de Mazarife. Me preguntan qué significa el nombre del lugar y les digo que no tengo ni idea, pero que mazarife a mi me suena a escabechina. Ni que decir tiene que mi explicación de este vocablo en portuspanglish se ha hecho un merecido lugar en la historia de los despropósitos. Memorable, todavía me avergüenzo de ella.
Olvidando la cátedra impartida y antes de que el frío nos coja, que ya acecha, ponemos el sello y nos vamos al bar a preguntar por la casa a alquilar. Nos informan, buscamos a la señora que corresponde y nos lleva al lugar. Kitch en la decoración como toda casa de pueblo de nuestros días que se precie, está estupenda. Nos repartimos los cuartos, nos damos Derren y yo una ducha rápida y dejamos a Ademir tranquilo en sus cosas, que nos dice que se queda a ver un partido de fútbol en la tele, que es miércoles. Todo muy brasileiro.
Nos acercamos al Mesón Rosi a saludar a la dueña que me da un beso de los antiguos, aquellos sonoros y entrañables en cuanto me ve y me reconoce de otros años. Nos promete una sopina y algo más para después y nos vamos al centro a dar una vuelta. Como el frío aprieta nos metemos en un bar en el que encontramos un millón, un pinball. Pasamos la tarde la mar de entretenidos pues descubrimos que a ambos nos gustan los juegos.
Cuando vamos a por Ademir casi hemos de tirar de él para que salga a cenar. Tiene frío, cansancio y sueño. Pero si no come, mañana no nos llega a Astorga.
Cenamos maravillosamente. Una barbaridad en cantidad, esa es la verdad. Pero con un orujito al que nos invitan y lo fuertes y sanos que nos encontramos pasa con una placidez sorprendentes.
Y corriendo a la casa a dormir entre sábanas, porque el frío que ha caído con la noche es terrorífico, polar, mortal de necesidad. De la que nos hemos librado por no dormir en el albergue.

29.03.01 Villar de Mazarife - Astorga (117+536):
Vamos a desayunar al Mesón Rosi que la señora nos lo ha abierto sólo para nosotros. Que no son horas de andar por el mundo. Esta mujer es una santa.
Tras despedirnos de ella a beso limpio, de los que te dejan sordo por un rato, salimos a nuestro paseíto diario. Hoy sólo son unos 30 km. Y lo digo así para animar a Ademir que ya empieza con las lamentaciones y quejas. Es el cantar de cada día. Al final arranca y llega. Es el histrionismo, que le puede.
Hace viento y el condenado es frío y fuerte, así que hoy vamos a sufrir. O al menos a luchar. Y no les digo cómo acaba la etapa, en una cuesta corta que desinfla al más fuerte. Ya nos la encontraremos.
Se me ha quemado la frente. Me recuerda a César por las tierras de Nájera, con la toalla a la cabeza, bien colorado. La verdad es que molesta. Como se me ha acabado el tubito de muestra que me dieron de crema protectora, me pongo lápiz labial, que va muy bien. Es lo que hacía aquellos días de verano y surf para aguantar en el agua horas y no dejar la piel en el intento.
Vamos a buen ritmo pero no acabamos de entrar en calor. En la recta que lleva a Villavante sopla el viento lo suficiente para que caminemos un poco escorados, aconchados como los veleros. Es de foto. Hace verdadero frío.
Cruzamos Villavante a buena velocidad, pues no hay nada en donde tomar algo. No merece la pena parar pues lo único que vamos a conseguir va a ser coger frío, sino algo peor.
Al acercarnos a Orbigo les cuento la historia de las justas de Suero de Quiñones lo mejor que puedo. A ambos les encanta la historia y les sorprende por ser de países jóvenes sin historia medieval. Al llegar al puente les vuela la imaginación, que son un par de niños grandes. Vaya trío formamos...
Cumpliendo con nuestro voto diario a Sant Witch como Derren dice, paramos y tomamos un trozo de tortilla. No sé si es adictiva o simplemente que nos encanta, pero no pasa día que no la catemos. No sé qué haremos cuando el Camino termine.
Al seguir, el camino se hace muy bonito a partir de Santibáñez de Valdeiglesias. Pero el viento se nos lleva. Y cada vez hace más frío. En el valle en el que encuentras la laguna no paramos a admirar la belleza del lugar porque nos quedaríamos con la moquita hecha granizado. Seguimos derechito y rápido para evitar enfriamientos.
Subido el pequeño alto entre encinas llegamos al corral en el que un par de mastines tipo león cuidan de las ovejas. Muy claramente y ya desde bastante lejos nos advierten de que por allí no nos van a dejar pasar. Paramos a comentar como lo hacemos, porque si nos atacan, solo sale vivo uno de los tres. Y eso con suerte. Tras muchas deliberaciones optamos por desviarnos por el sembrado con los bastones telescópicos desplegados en toda su extensión y una piedra en la otra mano, avisándoles de que mejor no se acerquen, porque cobran. Durante unos momentos de verdadera tensión y amenazas por parte de ellos, vamos pasando haciendo un arco de radio amplio, lo suficiente como para garantizar una cierta seguridad.
Cuando retomamos el camino y el peligro ya ha pasado no se le ocurre a Ademir mejor cosa que empezar a gritarles, tirarles piedras y provocarles. Antes de que tengamos tiempo de decirle que no haga el tonto, los animales se arrancan y hemos de empezar a correr a nuestra máxima velocidad. En estas estamos, con un susto de muerte, cuando aparecen los pastores, los paran y nos salvan. Si no llegan a venir, nos comen. Queda claro quien va a pagar la cañita esta noche. Eso le libra de que lo acuchillemos allí mismo.
Joer ¡qué susto!
Al llegar a la Cruz de Santo Toribio dejamos una piedra en su base y nos sentamos por un momento. Los tres estamos agotados. La carrerita y el susto nos han rematado. Desde allí, muy despacio recorremos lo que nos queda hasta la subida final en la que doy un tirón y me voy. Me encanta terminar así, no lo puedo evitar, me da la risa siempre.
La humilde ducha del refugio nos salva de morir por frío y cansancio. El hospitalero que Txemari me había comentado que era paisano, no debe tener su mejor día porque nos trata en el límite de la educación.
Vamos a tomar una empanada y a visitar la Catedral, el palacio episcopal, las murallas, la ergástula y el reloj del ayuntamiento. Les cuento la historia de Pero Mato y cuando vamos a hacer tiempo tomando unos churros oimos tambores y trompetas. Vamos hacia el sonido y nos encontramos con una procesión de Semana Santa. Derren se pone lívido y en un susurro, temblando, me agarra y me dice:
- El Kukus, el Kukus...
El hombre se ha llevado un susto de muerte al desconocer la tradición de los nazarenos y se ha creído que eran los del Ku-Kus-Klan. Lo reanimamos con los churritos pero como que no acaba de quedarse tranquilo.
De allí nos vamos a cenar a una fonda que nos ha recomendado el hospitalero en la que lo hacemos bien y barato y en la que se nos une Urte, una peregrina alemana, atractiva y que parece agradable. Y directos al refugio, fritos ya casi antes de llegar.

30.03.01 Astorga - Rabanal del Camino (117+558):
Me da vergüenza decirlo, pero salimos del refugio pitando para encontrar en donde desayunar. Derren y yo tenemos mucha hambre. A Ademir lo arrastramos hasta la cafetería, que es de despertar lento. Lleva a Madalena, tal como llama a su mochila, medio abierta. Todavía no está en este mundo.
Urte ha debido madrugar mucho. Empezaba hoy el Camino y debía de tener ilusión y nervios. Ninguno de los tres la hemos oído levantarse, recoger y salir. O dormimos como troncos o ha sido muy sigilosa. O ambas cosas, a saber. Ya le preguntaremos cuando la encontremos. Supongo que la alcanzaremos pues todavía no va muy fuerte.
Fuerte el desayuno que nos hemos dado.. Eso si que sí. No sé si nos hemos pasado. La verdad, hemos desayunado maravillosamente.
Hace buen día. No hay viento y el cielo está de un azul maravilloso. Ni una nube oscurece el horizonte. Pero hace fresco, no demasiado, pero está ahí avisando de que en cuanto nos descuidemos nos ataca.
Como la etapa hasta Rabanal es corta, un autentico paseíto, vamos entretenidos hablando de nuestras cosas aunque a buen paso. Ademir está hoy un poco flojo y renquea algo. Se va quedando atrás y comentamos que lo esperamos en el primer bar que veamos, que debe ser en Santa Catalina de Zomoza.
Pasado Murias de Rechivaldo y tras admirar su arquitectura y conservación, Derren me sorprende con algo que nunca pensé oír a nadie. El hombre, que viene silencioso desde hace un buen rato, rumiamdo algo profundo, me pregunta muy serio en dónde está enterrado el cuerpo de Cristo.
Cuando me recupero de la sorpresa que me ha producido, trato de ordenar mis ideas. No va a ser fácil explicarle todo lo referente a los últimos días de Jesús en la tierra. La verdad es que no sé por dónde empezar. Si es que me meto en unos líos que ni yo me lo creo ¡Vaya amigos tengo...!
Le cuento que hay una leyenda profana que dice que Jesucristo era un gran maestro que estando en la cruz entró voluntariamente en shamadi, en un estado que podríamos llamar cataléptico. Descendido y enterrado, tomó tres días para recuperarse de sus lesiones, despertar del estado letárgico al que Él se había autoinducido y reaparecer. Tras vivir con sus discípulos, marchó a tierras de la India en donde continuó con sus enseñanzas, viviendo como un santo hasta que muy mayor, murió. Existe en Srinagar, Cachemira, un sepulcro que no muchos han visto y en el que se dice que reposan sus restos.
Esa es una historia que pocos conocen y que le cuento a Derren mientras ordeno mis ideas. A partir de ahí le explico lo mejor que puedo lo que la Iglesia nos ha dicho a lo largo de los últimos 2000 años. Se queda el hombre muy pensativo mientras caminamos.
Llegamos a Santa Catalina de Somoza. Antes de entrar en el bar me dice que tenemos que seguir hablando de esto, que es muy interesante, que se le está abriendo un mundo ante sus ojos. Que nos quedan días y kilómetros para seguir aclarando el tema.
Con un empujón lo meto en el bar y le pido un bocadillo de tortilla de patatas y una cola, que hoy se agradece. Para matarlo.
Tras el desayuno, nos liamos con el futbolin mientras esperamos a Ademir. Nos jugamos el desayuno que pierde mi querido amigo. Le doy una paliza de las buenas, pues le gano todas las partidas menos una. Sea por el mal rato que me ha hecho pasar, que ha sido histórico.
Un señor que entra nos pregunta si somos peregrinos. Le contestamos si lo ha notado por el olor o por la pinta. Se ríe y nos dice que le hemos caído bien e insiste en invitarnos. Discutimos sobre ello y como el dueño del local lo conoce, le cobra a él..Se lo agradecemos y nos dice que lleva el mesón de Rabanal, que nos espera para invitarnos a un vinito y se despide. Derren que era quien tenía que pagar me sonrie con picardía. Le digo que se va a pagar las cervecitas esta tarde, las de los tres, por canalla y mal perdedor. Se muere de la risa.
A Ademir le lleva un buen rato llegar. No viene con muy buena cara. Así que lo sentamos y le echamos una mano con Madalena. Le dejamos descansar un rato y le decimos que por llegar tarde no le han invitado.Una vez que ha rabiado y tomado algo tiramos de él hacia el camino, que, si no, hoy no arranca.
Pasamos El Ganso y seguimos hacia Rabanal. El día se ha ido cubriendo poco a poco y ahora ya chispea una fina lluvia. Menos mal que nuestro ánimo no decae porque el día se ha puesto muy feo cuando llegamos al Roble de los Peregrinos. Nos refugiamos bajo él de la fuerte lluvia que cae y les cuento la historia de este árbol.
Como no deja de llover, tiramos con las capuchas y antes de llegar a la cuesta que lleva al pueblo ya estamos empapados. Seguimos hasta el Mesón en el que encontramos al señor que nos ha invitado esta mañana. Como es hora de comer, tras presentarle a Ademir, nos sienta y nos ofrece un cocido maragato. Aceptamos y volvemos a pecar de gula. Qué peregrinación llevamos...
Como hace frío nos quedamos en el mesón tranquilitos hasta que calculamos que han abierto el refugio de Nuestra Señora del Pilar. El Gaucelmo está todavía cerrado ya que los ingleses lo abrirán en abril. Es demasiado pronto.
Bajamos al albergue y allí encontramos a Urte. Nos organizamos los cuatro en un cuarto y nos damos una ducha. Al rato llega una pandilla de ciclistas franceses mayores, bullangueros y agradables. Y el cuarto se llena. No queda ninguna litera libre. Esta noche va a ser dura.
Con Derren me vuelvo al pueblo. Tras tomar una cerveza nos vamos a cenar a otro restaurante que no conocía. No sé si es nuevo o que otras veces cuando he pasado por aquí estaba cerrado. Nos sirven bien, rico y rápido.
Cuando volvemos al albergue ya duerme todo el mundo. El calor y olor que hay en el cuarto es insoportable, así que cojo el saco y un colchón y me tumbo sobre un banco del comedor. Hace frío pero al menos estoy solo y se puede respirar.

31.03.01 Rabanal del Camino - Ponferrada (117+611):
Abro los ojos cuando el primer peregrino aparece por la puerta del dormitorio, medio dormido todavía. Recojo todo y voy a por mis amigos. Me cuentan que ha sido una noche difícil por el calor, el olor a humanidad peregrina, que es algo peor que el normal, y todos los ruidos que un gentío durmiente produce. De buena me he librado, que he estado fresquito y tranquilo. Aunque por poco me caigo un par de veces del banco sobre el que puse el colchón. A equilibrista me voy a meter.
Cuando desayunamos está medio nevando. La verdad es que hace un día feo, muy feo. Pero como al mal tiempo buena cara, cargamos los tres con las mochilas, que las llevamos medio vacías por llevar todo puesto para protegernos del frío que hace, y arrancamos despacito.
La de hoy es una etapa larga y, aunque muy bonita y emocionante, hay que tomársela con paciencia y alegría desde el primer momento. Que es al principio cuesta arriba y luego muy cuesta abajo, para destrozar a aquellos que sufren, pobres, de las rodillas. Y larga, muy larga al final.
Ademir se va quedando rezagado, camina más despacio que Derren y yo en las cuestas. Quedamos en vernos en la Cruz de Ferro si no recupera el ritmo. Es un diesel, lento pero seguro. Tarda en calentar pero llega, aunque sea quejándose de todos los músculos, tendones y huesos del cuerpo.
Al pasar por Foncebadón ha dejado de nevar pero hay una intensísima niebla. Caminar solo por este lugar y en estas circunstancias metereológicas debe de ser impresionante. Repentinamente, de entre la densa niebla que nos rodea, aparece por el camino un caballo blanco al galope. Nos hemos de echar ambos a las matas para evitar que nos arrolle. Nos quedamos como en estado shock por la súbita aparición, el susto y la belleza del suceso. Cuando volvemos a la realidad, los dos afirmamos que ha sido algo mágico, milagroso. Estas tierras son misteriosas, enigmáticas. A partir de ese momento caminamos en silencio. Nos ha impresionado profundamente.
Al llegar al montículo de piedras que forma la base de la Cruz de Ferro la alegría del momento hace que volvamos a la realidad. Deposita Derren su piedra y hago yo lo propio. Lleva muchos kilómetros conmigo, desde Fuentedecantos, desde que en mis desventuras por la Vía de la Plata decidí que me iba a Roncesvalles y hacía de nuevo el Camino Francés.
Al rato llega Ademir eufórico al alcanzar el punto más alto del Camino. Derren me pide que me tumbe en la hierba y hace una demostración malabar-gimnástica en la que la víctima vuelvo a ser yo. Salimos ambos vivos de puro milagro. Es que esto del circo sin red tiene sus riesgos.
Empezamos a bajar los tres juntos y cuando oímos la campana del albergue de Manjarín, aceleramos el paso. El recuerdo de la belleza de la chica que aquí encontré el año pasado, me alegra el corazón. Al entrar vemos que no está ni ella ni Tomás, el hospitalero templario. Una pena porque siempre es agradable hablar con él. Nos tomamos un café y charlamos un rato con la pareja que lo llevan en su ausencia. En estas, Ademir que ve la espada con la que Tomás hace sus misas, se levanta y la coge. Y bueno, se lía una enorme, porque parece ser que está consagrada según no sé que ritos y no la pueden tocar nada más que los elegidos. Nos deshacemos en excusas y salimos deprisíta, que ya la hemos organizado aquí, y de las buenas. Derren repite amazing una y otra vez, mientras camina ligerito, en franca huída.
Al llegar a El Acebo, paramos pues ya consideramos el peligro lejos. Optamos por comer algo que vamos medio en ayunas y ya van siendo horas. Nos tomamos los tres un revuelto con verduritas que está buenísimo. Como Ademir no se lo acaba por estar desganado por el disgusto con la espada templaria, nos repartimos lo que deja entre Derren y yo.
Txemari viene a saludarnos. Ya ha llegado a Santiago y con su novia ha venido a darnos un abrazo. Muy en su estilo, se queda un suspiro, justo el tiempo de hacernos un par de fotos. Y salen zumbando en coche.
Relajaditos y descansados bajamos hacia Molinaseca como un tiro. Es que en esta zona la gravedad debe ser casi 2G. Por ahí, por ahí, más o menos, porque con estas cuestas abajo si llevas bien las rodillas y te pesa el culo o la mochila, no hay quien te pare.
Ya en la villa nos tomamos una cola para refrescar, que vamos sudando por la velocidad a la que hemos venido. Y para mentalizarnos de que nos quedan unos 8 kilómetros pesados, que se hacen muy largos.
Al llegar por el arcén a donde te desvían, les cuento de mi aventura del año pasado y les sugiero ir por la carretera hasta Ponferrada, que el otro camino va por una zona muy desagradable, medio industrial y medio suburbial, y da un rodeo enorme. Me hacen caso y seguimos los tres por donde veníamos.
Ademir se arrastra. Le duele un pie y va ya muy justo. El histrionismo hace el resto. Derren y yo no le hacemos caso, que es peor, que entonces se ablanda más. Para lo que queda, llega seguro.
El refugio es nuevo para mí. El año pasado dormí en un hotel y el anterior en el antiguo albergue. Es sensacional. Me cuentan cuando lo admiro que un peregrino suizo cuando pasó por Ponferrada y durmió en la humildad del que había, mandó el dinero para contruir este maravilloso con el deseo de que se llamara como un santo de su tierra: San Nicolás de Flüe. Y así se hizo.
Como apenas encontramos peregrinos, Derren y Ademir se meten en un cuarto y yo me voy a otro, a roncar a pierna suelta sin el sufrimiento de que pueda molestar a otro que descansa a mi lado.
Tras las maravillosas duchas los llevo a ver el Castillo templario y después a la plaza. Allí cenamos en La Fonda, de la que guardo tan buen recuerdo. Lo hacemos extraordinariamente bien. Un sencillo menú que está riquísimo y es muy barato.
En los postres se nos sienta a la mesa la dueña, que es joven y atractiva, y nos cuenta muchas cosas. Entre otras, que deja el negocio a su socio y se va a tirar las cartas, que tiene mucha mano para eso. Lamenta no tenerlas allí para leérnoslas, pero de cualquier forma hace que la velada sea agradabilísima.
Volvemos corriendo al refugio y Ademir devuelve la cena. Dice que ha comido demasiado y que el orujo que nos han dado lo ha rematado. Derren y yo nos miramos sin comprender nada, dice amazing y nos entra la risa.

01.04.01 Ponferrada - Villafranca del Bierzo (117+634):
Duermo de un tirón, solo en un cuarto todo para mí, con la ventana abierta respirando el frío de la noche como siempre he hecho en casa y no los olores de la vecina humanidad peregrina. Me doy una ducha y me encuentro en los baños con mis amigos. Dicen que no han dormido bien, que echaban en falta mis ronquidos.
Ante tamaña mentira les digo que empezamos el día bien porque los voy a invitar a desayunar, que sé en dónde hay churros en el centro y nos coge casi de paso. Ademir sonrie y Derren sale corriendo a por la mochila tras decir un amazing.
Ya en el centro, frescos y descansados nos tomamos nuestros churritos, doble ración para Derren y para mí y enfilamos hacia la carbonera, de buen humor y en un día agradable de luz y temperatura.
Antes de llegar a Columbrianos alcanzamos a un par de peregrinos, mayores y afables. No llevan mochila sino carrito de la compra. Van tan contentos. Nos cuentan que son de Albacete y jubilados, que empiezan hoy. Nos presentamos, incluyendo a Madalena, la mochila de Ademir y tras darles un par de consejos y ofrecerles nuestra ayuda, les preguntamos si de verdad existe Albacete o si es una falacia. Ni cortos ni perezosos y sobre todo con un humor envidiable nos responden con mucha alegría y más sorna.
Pasamos un buen rato en deliciosa conversación y quedamos en vernos en Villafranca para celebrar el encuentro, que como dicen ellos, vamos a muy buen paso y no quieren entretenernos.
Pasamos rápido por Fuentes Nuevas y Camponaraya. Y poco después por Cacabelos.
Allí me llevo a mis amigos A Casa Prada en donde nos invitan a un par de chatos y empanada. Ademír se anima mucho y hace reír a la chica. Derren come y calla y cuando salimos dice de nuevo amazing.
En un paseo nos plantamos en la entrada de Villafranca. Allí les comento que yo me voy a dormir al Parador. Que me sale gratis porque tengo muchos puntos. Que si quieren se pueden venir conmigo, que nos metemos los tres en una habitación. O si lo prefieren pueden ir a dormir a un clásico del Camino, el refugio del Jato.
Deciden que se vienen conmigo mientras nos tomamos un café en el albergue con sus hijas. Esperamos a ver si viene para saludarlo y quedar para que nos suba las mochilas mañana, que nos apetece ir un poco relajados, pero pasa más de una hora y no aparece.
Algo después, como Jato no acaba de llegar, quedamos en que volveremos más tarde a saludarlo y nos vamos hacia el Parador. Nos ponen un plegatín en el cuarto y así dormimos los tres.
Ademir está encantado con la ducha y no hay forma de hacerlo salir de ella. Es de dos alcachofas, una fija y otra de teléfono, y tras tantos días de humildad peregrina es un verdadero placer oriental. Mientras, Derren ha encendido la tele y está encantado viendo comedias, pelis y shows. Es de ese mundo y lo disfruta. Está feliz como un niño.
Cuando estamos los tres listos y relajados nos vamos a dar una vuelta por la Villa, tan interesante. Les explico todo lo poco que sé y remato la excursión con una visita a la iglesia de Santiago, con la Puerta del Perdón y su tradición.
De allí volvemos a pasar por el refugio a saludar a Jato. Nos dice una de sus hijas que no ha vuelto y que no tiene ni idea de cuándo volverá, si es que vuelve hoy. Como allí no pintamos nada y tampoco encontramos peregrinos conocidos, nos bajamos al centro y tras tomar una cañita nos metemos en un mesón a cenar.
Cuando terminamos, un taxista que encontramos en la barra se ofrece a subirnos las mochilas por un precio muy ajustado. Nos parece bien y quedamos con él para desayunar allí mismo. Y nos vamos despacito y tranquilos hacia el Parador.
Ya en el cuarto se me hace raro el que no haga frío, y el tumbarme entre las camas de mis amigos, que me ha tocado el plegatín a mí, a ver la tele. Tener agua fresca para beber e ir al baño descalzo y encontrar el suelo caliente. El delirio llega al meterme en una cama de sábanas limpias y buen colchón. Que lo he dicho muchas veces, que vivimos como príncipes y no nos damos cuenta, que un Camino te enseña muchas cosas, y entre otras a valorar lo que poseemos.
Cuando termina no sé qué peli que he de ir traduciendo a mis amigos, apagamos la tele y nos metemos en la cama que hoy nos sabe aún más deliciosa que normalmente. Y mira que siempre se coge a gusto...

02.04.01 Villafranca del Bierzo - O Cebreiro (117+674):
Desayunamos muy bien y cuando estamos en ello llega el taxista con el que quedamos anoche. Se toma un cortadito con nosotros y recoge las tres mochilas para subírnoslas. Ademir se deshace en ternuras al despedirse de Madalena.
Muy sueltos, sin peso, salimos a dar el paseíto diario. Les digo que los voy a llevar por la ruta dura, que llevamos muchos días de Camino y estamos ya muy fuertes. Y además vamos sin peso, sin mochilas. Así que, tras oír el tradicional y mas que diario amazing de uno y las quejas del otro, cruzamos el puente sobre el Burbia y les enseño el cartelito, aquel que reza:
"CAMINO MUY DURO, SÓLO PARA BUENOS CAMINANTES"
Mientras se lo traduzco aparecen nuestros queridos albaceteños. Tras un cordial saludo dicen que ellos se van por la carreterita, que por ahí es demasiado para ellos. Quedamos en tomar un quesito de O Cebreiro y un turbio arriba. Les decimos que pagan ellos, que ayer se escaquearon y no celebramos la llegada. Tras unas cordiales risas siguen su camino y nosotros berdin de berdin (berdin=lo mismo en euskera)
Solos ya, y una vez que han comprendido que nos vamos a meter en una subida vertiginosa para bajar en caída libre antes de tomarnos un cafelíto, arrancamos suavecito para ir calentando músculos.
A los pocos metros nos volvemos, no sé si para disimular que nos falta aire, y contemplamos el panorama. Supongo que estamos subiendo una inclinación como mínimo de 45° pues ya estamos altísimos. Les asusto un poco con aquello de que lo peor está por venir. Ante el coro de lamentaciones de Ademir les cuento la verdad, que en pocos metros la pendiente se suaviza muchísimo y se convierte en un paseo agradabilísimo entre castaños centenarios.
Seguimos adelante aunque no acaban de estar muy seguros de por dónde los he traído. Allá abajo vemos a nuestros amigos que cual hormigas avanzan por la cuneta de la carretera. Debe de ser horrible, entre tanto camión y demás vehículos, con ruido y polvo cuando por aquí vamos por el cielo. Y nunca mejor dicho porque vamos altísimos.
Tras el bosque de castaños empieza la bajada, tremenda. Es de agradecer que el camino sea en este sentido, que de serlo en el inverso aquí no llegaba nadie vivo. Nos dejamos caer con todos los frenos puestos y los bastones que nos ayudan a parar. En un santiamén estamos en la carretera. De allí al restaurante no queda nada, pero se hace muy pesado con tanto tráfico.
Paramos al llegar a tomar un pincho de tortilla y café con leche. Esperamos a los albaceteños pero o ya han pasado o van muy tranquilitos y relajados. Al rato y tras ver como llegan dos autobuses de japoneses, seguimos camino.
Ademir va muy contento porque le he dicho que hoy empezará a oír gallego, que aunque probablemente con otro ritmo, se parece mucho al brasileiro, que son idiomas hermanos. Así que podrá quejarse más a gusto. Y compartir saudades.
Vamos haciendo camino hasta llegar a las primeras rampas. Allí la fortaleza. la edad y la voluntad nos separan. Derren va como un tiro. Le sigo como puedo y tras de mí sube Ademir acompañado de todas sus lamentaciones.
Pasada La Faba y tras los ladridos de un perro que me asusta anualmente desde lo alto de la corredoira, la cuesta se hace más llevadera. Alcanzo a Derren y llegamos juntos. empapados en sudor pues ha hecho una tarde muy agradable, nada que ver con la nevada que me cayó en estas soledades el pasado año.
Al llegar al refugio nos encontramos con Jato que está descargando mochilas de la furgoneta. Me acerco a saludarlo y me sale con una filípica inenarrable. Me recrimina que no hemos dormido en su refugio y no hemos dejado un donativo como colaboración, que no le hemos dado las mochilas a él para subirlas, etcétera, etcétera.
Ante semejante barbaridad me despido de él y me voy a duchar. He de decir aquí que respeto mucho, profundamente, a todos aquellos que viven en el Camino y probablemente para él y de él. Pero el Camino no es de nadie sino de todos y no tiene ningún peregrino otra obligación que la de caminar y respetarlo. Cada uno lo comprende como Dios le da a entender. Supongo que a Jato se le ha ido hoy la sangre porque tendría otros problemas, porque es un buen hombre a quien todos respetamos y algunos queremos. Pero lo que hoy me ha soltado no tiene ni pies ni cabeza. No se lo tengo en cuenta, pero me ha hecho recapacitar sobre la propiedad del Camino que algunos se otorgan.
Tras la ducha me acerco con mis amigos a la iglesia y les cuento del milagro y cómo se dice que la Virgen inclinó un poco la cabeza para poder verlo mejor. De allí vamos a uno de los mesones en donde encontramos a los albaceteños. Nos tomamos lo acordado en agradabilísima reunión y ya un poco piripis nos vamos a otro a cenar, en donde Ademir disfruta mucho contando historias de su tierra a los lugareños ahora que le entienden bastante bien.
La helada nos coge al volver al refugio, aunque es bastante suave comparada a otras que aquí he vivido. Disfrutamos de un cuarto para los tres. Con calefacción. Otro lujo. A media noche he de entreabrir la ventana antes de morir asfixiado.

03.04.01 O Cebreiro -Samos (117+703):
Mientras desayunamos en el mesón, les pregunto a mis amigos si han dormido bien. Como me responden que extraordinariamente les digo que me inviten, que he velado toda la noche por ellos, abriéndoles la ventana para que no se ahogaran por el calor. Y cuela. Me pagan el café y las tostadas. Genial.
Así que encantado de la vida y contento por la picardía, salgo con ellos detrás. Ademir me pregunta a dónde vamos hoy. Le digo que nada, que un paseíto, que nos vamos a llegar chino chano a Samos, a unos 29 kilómetros de nada. Como me pone cara de yonollego le digo que se anime, que son cuesta abajo.
Y empezamos a bajar, disfrutando de la vista del valle, a buena marcha. Derren no habla mucho, lo que me hace temer alguna de sus preguntas. A ver por dónde me sale hoy.
Al llegar al Alto de San Roque veo que Ademir me mira con mala cara. Me recuerda aquello que le he dicho de que todo era cuesta abajo. Lo animo y no le cuento lo que nos viene después.
En el Alto do Poio, sudados y jadeantes, me quieren matar. Insisten en preguntar si vamos a seguir bajando toda la mañana. Les digo que creo que ya se han acabado las penas del día, que a partir de aquí es camino muy suave. Y que para ponerlos de buen humor les invito a un refresco en el bar del pueblo.
Al entrar, la señora me vuelve a reconocer de años anteriores. No sé si tiene una memoria prodigiosa o es que soy un bicho raro. No es normal que se acuerde de mí entre los cientos de miles de peregrinos que pasan cada año por aquí. Ademir y Derren dicen que no me haga el longuis y que vaya pagando las colas, que ellos van saliendo. Creo que no tengo amigos sino un par de canallas por compañeros. No me perdonan una.
Triacastela nos recibe en un momento perfecto. No hemos encontrado a nadie salvo a unos ciclistas que nos han adelantado en un rato de carretera, hace una tarde agradabilísima de luz y temperatura y llegamos justo a la hora de comer, con los estómagos rugiendo. Nos apuntamos a un menú del peregrino en el que podemos tomar Caldo Gallego, el primero de este Camino. Ademir aborrece de él, pero Derren y yo nos repartimos lo que deja nuestro amigo.
Para pasear la comida, caminamos hacia Samos. Si bien la salida e inicio de este recorrido se hace por carretera y es bastante aburrido, al rato, cuando se entra en el bosque es de una belleza inaudita, maravillosa. Pocos lugares tan bellos como este existen. La naturaleza desbordante de árboles, helechos y demás verdor, acompañado por el juego de luces que la tarde ofrece nos llevan hipnotizados.
Llegamos al poco. Al final hemos caminado rápido, muy rápido y me lo noto, llego al límite de energía aunque perfecto de todo el resto. Necesito carbohidratos para recuperar todo el glucógeno consumido, rapidito o no llego a la noche. Y nada más, me siento perfecto, en forma, con el espíritu sereno y rodeado de buena gente aunque mis amigos sean como el buen ladrón
Nos inscribimos en el humilde refugio y nos vamos a visitar el monasterio. Un monje le muestra a Derren la escultura de quien fue a evangelizar Oceanía y pertenecía a la congregación. Y allí hemos de hacerle una foto, encantado de estar con alguien que conoció su tierra. Amazing, claro.
A ver la clave en la que está caligrafiado
BOBO QUE LEES
alucinamos. Amazing otra vez. Como tales nos quedamos allí mirando a las alturas.
Nos vamos a merendar un cafelito hasta que los monjes nos lleven a sus oraciones cantadas. Tras un laberinto de puertas y claustros llegamos a un oratorio pequeño y sin gracia en el que durante un rato oímos los cantos gregorianos que los monjes entonan.
Al terminar, vamos directamente a cenar, antes de que nos cierren el refugio. Allí encontramos un grupo muy numeroso de peregrinos franceses, jóvenes y alborotadores pero educados y respetuosos. Parece un colegio, con profesores amables y encantadores. También están nuestros amigos albaceteños. Los carros los han dejado junto al camastro. Nos tomamos el pelo mutuamente y nos quejamos de los ronquidos de los demás. El caso es hacer rabiar en buena comunicación a quien bien quieres. Nada como la buena compañía y los corazones alegres.
Al volver al albergue vemos que está completo. Han llegado muchos peregrinos nuevos, no sé de dónde han salido. A partir de ahora es difícil que viajemos en soledad como hasta ahora. Estamos ya muy cerca, casi a 100 kilómetros, por lo que muchos salen desde aquí.
En el refugio hace frío y estoy un poco mareado. No sé lo que me pasa, quizá el bajón de azúcar por el esfuerzo de hoy, no lo sé, pero se me va la cabeza. Me acuesto y trato de no preocuparme, ahora he de llegar aunque sea gateando.

04.04.01 Samos - Barbadelo (117+723):
Cuando me despierto no me puedo levantar, se me va la cabeza. Esta noche, cuando he ido al lavabo he llegado de milagro, dando bandazos, de litera en litera. Ahora estoy igual, muy mareado. Se lo comento a Ademir y Derren y dicen que se esperan un rato a ver si se me pasa. Los de Albacete se acercan y también se preocupan por mi salud. Quieren llamar a una ambulancia y llevarme al hospital. Les digo que es por la nochecita que me han dado con los ronquidos.
Como no mejoro, decido levantarme y con ayuda ir a desayunar. Si es algo grave ya me dará el patatús y me llevarán a donde corresponda. O puede que se me pase al distraerme andando. Tras el croissant y el café me da la sensación de que estoy mejor. Les digo que con el bastón y uno al lado puedo seguir. A mis amigos se les ve preocupados. Yo prefiero no pensar, solo iba a conseguir ponerme nervioso y quizá estropearlo más. Teniendo las dolencias que sufro, con mis pequeñas cardiopatías, es mejor ignorarlo y caminar o hacer el histérico y correr a un hospital.
La salida de Samos es tan maravillosa como la llegada. Es un valle milagrosamente hermoso. Pero también hay que decir en honor a la verdad que la ruta alternativa es igual, de espectacular belleza. Si tuviera que elegir no sabría qué decir. Ambas merecen ser recorridas, con detenimiento, disfrutándolas, admirándolas, con verdadera fruición.
Aunque voy de lado a lado del camino y tomo los recodos como puedo y con la ayuda de mis amigos, disfruto mucho del lugar, de la compañía y del comprender la fragilidad de la vida. Ayer estaba perfecto y ahora... Quien no conoce lo negro no puede valorar la plenitud de lo blanco, quien no ha vivido en la oscuridad no puede valorar la luz, quien no tuvo limitaciones no sabe de libertad.
Al llegar a Sarria creo que me encuentro perfecto. Si he sufrido algo grave, ha pasado. Si no fue nada, estoy genial. Así, feliz en el reencuentro con la salud, les propongo a mis compañeros el que nos quedemos hoy aquí a comer y luego, despacito y tranquilos, sigamos hasta Barbadelo, un auténtico paseo pues en total no pueden llegar a ser más de 20 kilómetros desde Samos. Y a estas alturas eso es pan comido para quien salió de Roncesvalles y ha llegado hasta estos bosques, que ya llevamos más de 700 kilómetros y eso pone en forma a los más delicados.
Me da vergüenza pensar que tras comer solo vamos a hacer menos de 5 kilómetros. Pero un día es un día y hoy yo no valgo nada. Si todo va bien, mañana recuperaremos lo que hoy podamos perder. Aunque nadie nos obliga a llegar a Santiago un día u otro. Hemos hecho lo más difícil y considero que esta parte es aquella en la que el espíritu ha de volar, en pleno gozo de lo obtenido y de la proximidad de la meta, una vez fortalecido el cuerpo por los montes de Navarra y las tierras de la Rioja, desarrollada la voluntad por las tierras de Campos de la hermosa Castilla, allí en donde el camino es horizonte. Alargar este tiempo es de sabios, de aquellos que tras la busca y obtención del nirvana, lo disfrutan.
Bueno, es mi humilde opinión. He de aceptar que el Camino es de todos y cada uno lo ve a su manera. Y son infinitas las opiniones como innumerables son los caminos que a Santiago llevan.Todos loables y respetables aunque no podamos comprenderlos.
Llegamos pronto a destino y a pesar de ello ya hace fresco en el refugio. No ha debido dormir nadie aquí hace días . Mientras llega quien nos informe y nos selle las credenciales intentamos visitar la iglesia de Santiago, pero está cerrada. De vuelta al albergue, la hospitalera amable y cariñosa nos consigue mantas y leña para templar el lugar y nuestra noche.
De los albaceteños no sabemos nada. Caminan más despacio y no muchos kilómetros, pero al final acaban alcanzándonos. Del colegio francés tampoco. Va anocheciendo y allí no llega nadie.
Nos vamos a una casa rural a tomar un café. Está más próxima a la que en años anteriores he ido. Pero a pesar de ello no olvido la linterna, que las noches son oscuras en estos meses y aunque no hay ni lobos ni malhechores por estas tierras, hay unas zarzas mortales de necesidad si caes en ellas. Que me hacen recordar cuando aprendíamos a volar en delta en las laderas del Talai Mendi. Un amigo, Iñaki, aterrizó en un zarzal y tuvimos que ir a por machetes para poder rescatarlo, ya que la mata no medía menos de 70 metros de diámetro. Todavía lloro de risa cuando recuerdo sus lamentos mientras nos aproximábamos y cómo lo encontramos cuando llegamos a él.
Dejamos a Ademir viendo un partido de fútbol en la tele y volvemos al refugio. Más que nada por hacer algo hasta la hora de la cena. Dejamos en el libro del albergue un par de notas a Noni por si pasa por aquí, que lo recordamos aunque hace ya muchos días que lo perdimos.
Volvemos a por Ademir y cenamos en plan muy casero y sencillo pero rico y abundante. Quedamos en venir a desayunar al amanecer, lo cual en estas fechas y por estas tierras es todo menos madrugar.
Ya en nuestros sacos les pido excusas por haber sido la causa de haberlos retrasado hoy. Que parece que todo ha pasado y que como estoy como una rosa voy a roncar como un loco. Que se preparen. Que eso les pasa por ser unos blandos con los que sufren.
Oigo alguna queja entre mis sueños, pero me quedo frito, que hoy ha sido un día psíquicamente difícil para mí, que quiero ver a los valientes que quizá sufriendo un ictus se tiran al monte.

05.04.01 Babadelo - Ventas de Narón (117+753):
Muy de mañana me despierto y me doy la ducha que anoche no pude, que Ademir gastó toda el agua caliente. Cuando salgo fresco cual lechuga les pregunto si han pensado caminar o van a hacer carreras de sacos. Que yo ya me voy a desayunar y ellos todavía están en la cama. Oigo todo tipo de maldiciones pero les reto. El que llegue último, paga. Y salgo corriendo. Este viejo truco nunca falla, en cinco minutos están sentados a mi mesa con cara de no haber roto un plato. Vaya par de compañeros llevo desde hace casi un mes. De lo mejor que por ahí corre. Pura canalla.
Antes de que se despierten del todo, ahora que los tengo arrinconados con las tostadas y el café, les propongo ir más allá de Gonzar, que lo he hecho ya dos veces y se camina fácil. Ademir pregunta que cuánto hay hasta allí. Le digo que un paseíto, que es la respuesta que le gusta. Se ríe, se queja y pone cara de pregrinus muribundi a lo que tanto Derren como yo no le hacemos ni caso, que ya nos tiene acostumbrados.
Paga nuestro brasileño, que es el más lento y a pesar de ser el más latino es el menos pícaro. Siempre lo liamos Derren y yo. Pero los tres disfrutamos de este tira y afloja, de esta amistad con trampas, pero profunda. Pena que no estén aquí César y Noni. Ni la parejita, Celia y Héctor. Era un grupo perfecto.
Ellos no lo saben, pero nos vamos a meter 30 kilómetros en el cuerpo si tenemos un poco de suerte. Así nos ponemos perfectos para llegar a Santiago en tres etapas más. Que aunque no tenemos ninguna prisa por dejar este momento de nuestras vidas, hay que rematar. Que como dicen los pilotos:
Despegar es optativo. Aterrizar, obligatorio.
Que no podemos quedarnos a vivir en el Camino el resto de nuestros días. Aunque creo que ganas no nos faltan.
A los pocos kilómetros y en un barrizal increíble llegamos al mojón del kilómetro 100. Ya no queda nada. Hemos caminado unos 7/8 del Camino. Nos separa un suspiro del abrazo a Santiago. Ademir hace mil fotos en todas las combinaciones posibles: El mojón, él y Derren. Este conmigo y el mojón. El mojón a solas. A solas él. Los tres con el mojón. Ademir y yo, y claro el mojón. Este otra vez con los tres. Acabamos del asunto hasta la coronilla. Así que optamos por seguir.
Seguimos sin encontrar a nadie. Ni el colegio francés, ni los de Albacete, ni peregrinos desconocidos. Un lujo. El tiempo acompaña, hace sol y no demasiado frío, solo un buen fresco para caminar. Y a ruta es fácil y está bien señalizada.
Me encuentro bien de lo que pudiera haber tenido. Misterios del cuerpo. O de la mente, que a veces es peor que el físico. La verdad es que hacer el Camino te arregla el cuerpo y el alma. Quien no lo ha hecho no sabe de sus beneficios. Y quizá quienes tenemos la fortuna de haberlo recorrido, lo repetimos año tras año por lo que nos aporta.
Sin comerlo ni beberlo, porque desde el desayuno no hemos tomado nada, llegamos a Portomarín. Ya llevamos más de 17 km y nos hemos ganado un descansito. Así que según cruzamos el puente sobre el embalse de Belesar, cogemos carrerilla para subir al centro urbano. En la misma plaza nos metemos en un restaurante y comemos como marqueses. Lo malo va a ser seguir ahora en plena digestión.
Como vamos bien de hora, visitamos un poco el lugar pero no podemos ver nada. Ni la iglesia, ni tampoco el refugio porque todavía está cerrado. Así que un poco frustrados nos dejamos caer hasta el puente metálico y dejar que sus vibraciones pongan los garbanzos en orden.
Poco a poco cogemos el ritmo y en un santiamén nos plantamos en Gonzar. Nos sentamos en la puerta del refugio, dejamos una nota a Noni y nos tomamos un refresco de la máquina. Me tumbo en el banco mientras mis amigos van al baño y cuando quiero levantarme se me va la cabeza. Otra vez los mareítos. Me cojo a la barra de la parada del autobús y trato de equilibrarme. Más o menos lo consigo, despliego el bastón y cuando mis amigos llegan arrancamos. Poco a poco voy mejorando y llego a Castromayor y luego a Hospital muy entero. No me atrevo a sentarme pues creo que lo de parar me sienta mal. Así que tras un descansito, psíquico más que nada, seguimos adelante.
En Ventas de Narón encontramos un refugio que no consta en mi guía. Decidimos pasar la noche en él. Seguramente dormiremos solos en un pueblo pequeño. Otro lujo. Desde aquí tenemos a tiro Melide. Y yo me estudio esto de marearme, que parezco marinero de agua dulce.

06.04.01 Ventas de Narón - Melide (117+780):
Esta etapa que tenía que ser larga la hemos dejado muy muy bien para hacerla con tranquilidad. Hasta Ademir ha dicho al levantarse que hoy sería un paseíto. Y como el día acompañaba hemos salido en busca de un café, que por estas tierras hay mucha leche, pero poco de lo otro, que las vacas abundan y los bares escasean.
Pasamos junto al crucero de Lameiros que el pobre está hecho polvo. Le vendría bien una restauración o al menos una rehabilitación, que siendo tan maravilloso da mucha pena que esté en este estado.
El camino por estas tierras es suave y agradable. Y si hace buen día como hoy, se convierte en un verdadero paseo acompañado de un par de amigos, a pesar de que arrastramos las mochilas. Pero si he de ser sincero, es que ya ni me acuerdo que la llevo, que son muchos días con ella a la espalda, que a todo se acostumbra uno. Bueno, a casi todo.
Al acercarnos a Avenostre nos cruzamos con una mujer que lleva las vacas a pastar. Van por el centro del camino por lo que hemos de arrimarnos bien a las zarzas para que no se nos lleven por delante. A Derren que le dan miedo lo salva Ademir a bastonazo limpio. Es lo que nos ha dicho la señora, que les demos para que se aparten, pero da pena. Andan con hambre al igual que nosotros, pero ellas van rumiando y nosotros no.
Al llegar a Palas de Rei nos tomamos un desayuno. Unas madalenas sintéticas con café. Este es malo rematado, una cosa asquerosa y mira que esto del peregrinar te quita todas las tonterías. Pero en cuanto lo probamos, los tres nos miramos y nos echamos a reír, porque la cara de asco que ponemos es de lo más divertida. Bueno, la mía no sé, digo por la que veo en mis amigos. Así que dejándolo a medias nos vamos. Derren dice que paga por las risas que nos hemos hecho, porque el resto era de denuncia. Pobre hombre, poco futuro tiene en la hostelería.
Al dejar la carretera y meternos por el barrizal mezclado con las heces del ganado, cuando más sustancia y aroma tiene el suelo, me entran los mareos. Me he de agarrar a Ademir porque me voy al suelo. Lo paso fatal y veo la preocupación en los ojos de mis amigos. Para animarles a ellos y no asustarme yo, les bromeo con aquello de que no me dejen caer al suelo, que si lo toco no me recoge la ambulancia, porque aquello está peor que establo abandonado.
Tras un rato de verdadera angustia me recupero un poco. Dicen de descansar y sentarnos y les digo yo que no, que igual me pongo peor y no me puedo levantar. Apoyado contra la espalda de Derren que es macizo como un mojón, saco el bastón, lo despliego, me cojo del brazo de Ademir y le digo que p'alante y ligerito. Que como sea pero que yo llego a Santiago.
Caminando a buen paso llegamos a buena hora a Melide. De momento hasta aquí he venido, eso sí cual borracho. Al cruzar una carretera a la entrada de la población nos encontramos a la Guardia Civil. Cuando ven como camino ponen cara de hacerme soplar, pero como no conduzco no me dicen nada. Ademir les aclara que voy mareado. Se ofrecen a llevarnos al refugio y les digo que yo llego a patita, como sea. Que ya he hecho muchas trampas y Santiago me lo va a recordar.
En el refugio ha ocupado todo un dormitorio el colegio francés con el que coincidimos en Samos. No se qué etapas han hecho, pero es curioso como los peregrinos aparecen y desaparecen en el recorrido. Como la trikitritxa, el acordeón. Todos salvo Noni, que lo perdimos hace ya hace casi un par de semanas y no lo recuperamos.
Nos instalan a los tres en otro dormitorio. Genial, tenemos 10 literas, es decir, 20 camas, para nosotros solos si hay suerte y no aparece nadie más, que a nadie hemos visto viniendo. Y todas las duchas de esta ala para nosotros. Un lujo asiático.
Limpios y arreglados en la medida de lo posible nos acercamos a la farmacia. La boticaria me sonríe y me toma la tensión. Estoy a 12-6.5 que según ella es de libro. Que no entiende qué es lo que me puede pasar. Que me ve muy buen color, que no le de mucha importancia y que cuando llegue a casa me haga unas buenas revisiones. Que embarazado seguro que no estoy. Le digo que si el padre ha de ser uno de los que me acompañan antes me suicido. Empezamos los cuatro a reírnos y a discutir y dice que si la esperamos un momento, cierra y se toma un café con nosotros ¿Qué les doy yo que se me da este gremio tan bien?
Encantados nos vamos a la cafetería de al lado en donde arreglamos el mundo. Se despide al rato con un beso sonoro, de los que te dejan contento y algo sordo. En esas Derren descubre una máquina en la que se puede jugar al Trivial Pursuit, en inglés. Dice que lo podríamos intentar. Y mientras Ademir se toma su café tranquilito en una mesa, como un señor, yo sudo la gota gorda para responder preguntas de la cultura anglosajona en el menos tiempo posible, que todo cuenta. Y antes he de traducirlas a velocidad de vértigo. Esto hace que me haya de olvidar de todos mis mareos pues he de estar increíblemente concentrado. Nos jugamos el desayuno de mañana y claro, lo pierdo. Pero a ver, quién sabe quien marcó el último tanto en la final de1956 de criquet del Campeonato de la Commonwealth. Yo no, de verdad.
Cuando vamos a la pulpería Ezequiel estamos los tres muertos de risa, porque a Ademir le hemos contado de nuestras partidas y se parte el pecho. Dice que estamos locos.
Pero en un aparte Derren me guiña el ojo y me dice que por poco lo gano, que sé mucho. Con lo que se gana la respuesta que se merece:
- "Mañana ya veremos quien gana"

07.04.01 Melide - Arca (117+812):
Cuando me despierto no veo a Derren a mi lado. Se acostó en la litera de al lado y ahora no está. Me levanto de un salto y me doy un golpe en la cabeza con la cama de arriba. Quizá me he dormido y ya es muy tarde. Pero no. Me los encuentro plácidamente en sus sacos en la otra habitación de este dormitorio. Parece ser que esta noche he roncado como un bruto y como había sitio, muertos de la risa me han dejado a mis anchas.
Como ya es hora, les digo que aceleren que los invito a desayunar. Derren pregunta si es a cuenta de los ronquidos o por lo del Trivial Pursuit. Le respondo que por lo del Trivial, que por una noche que ronco no me la pueden a cobrar.
En la cafetería en la que estuvimos con la boticaria nos metemos el desayuno que ayer no disfrutamos. Ademir se desespera porque dice que no entiende a los gallegos. Le digo que tranquilo, que eso nos pasa a todos. Pero repite y me aclara que no entiende el idioma, que para él es más fácil de comprender el castellano.
Derren me da un codazo y mira la maquinita del Trivial. Nos vamos para la esquina mientras nuestro amigo se desahoga con el camarero, que es de Soria. Le gano la primera partida y le digo que se nos hace tarde. Dice que nones, que de tarde nada de nada, que le de la revancha. Si acepta pagar el café de la tarde, se la doy. Y le vuelvo a ganar, me salen unas preguntas de cultura universal que son bastante fáciles y a él le salen unas cosas como de locos. Que quién era el hijo segundo del Duque de Kent y cosas así.
Vamos, que me he ganado un cafelito y le hecho rabiar. Y esto es lo mejor. Va caminando a mi lado muy callado, Me pregunta si sabía yo quién era el sobrino de marras ese. Le digo que ni idea, que no me sé ni los de casa.
El cielo se va encapotando y al poco se pone a llover, suavemente primero, bastante fuerte después. Es la tercera vez que paso por aquí y las tres me ha llovido. Así que vuelvo a hacer este trozo sin gafas y con la capucha. Espero poder ver estas tierras alguna vez.
Ante los bosques de eucaliptus Derren se emociona. Se siente como en casa y nos explica unas cuantas curiosidades de este árbol. En un momento se echa a correr y gritar por entre los troncos. Si, con mochila. Y mira que la lleva grande.
De momento voy bien, no me han vuelto los mareos. Hemos recorrido casi la mitad de la etapa y voy perfecto. Pasada la depresión por la derrota y la euforia por los bosques, Derren cae en un ensimismamiento al igual que Ademir, que ya lleva así horas. Caminamos los tres en silencio, probablemente recordando las tres semanas que llevamos juntos ahora que llegamos al final. Es como siempre una alegría conseguirlo y sin embargo existe un vacío al pensar que se acaba. Mañana nos lo vamos a encontrar.
Ademir comienza a cojear y se queja mucho. Dice que le duele espantosamente el talón izquierdo. Se quita la bota, se lo miramos y no vemos nada. Cuando se lo tocamos aúlla de dolor. Es justo en la planta. No se ve nada, pero quizá se le ha hecho una ampolla debajo del callo, que tras tantos kilómetros es gordo y duro. Avanza como puede pero ha de parar muy a menudo, no puede seguir. Le cogemos la mochila y con dos bastones va avanzando.
Cuando llegamos a Arca, nos inscribimos en el refugio en el que por suerte no hay apenas nadie.Los colegios han empezado hoy las vacaciones de Semana Santa. Mañana es Domingo de Ramos y sólo quedamos cuatro peregrinos por el Camino. La hospitalera me recuerda del año pasado, cuando tras recorrer todo el Francés en soledad, desde Ostabat en Francia, me negué a dormir aquí porque estaba lleno de colegios de adolescentes, fumando y alborotando entre risas casi histéricas. Le preguntamos por el Centro de Salud más próximo para que le miren el pie a Ademir. Como está al lado, nos acercamos en un momento. Le dicen que tiene una ampolla bajo el callo, que vaya a la farmacia, compre una jeringuilla, se saque el líquido y se lo sanee. Y nos echan. El se enfada mucho por el poco caso que nos han hecho. Al final lo calmamos y lo acompañamos a comprar la cura. Tratamos de ayudarlo pero nos tiene miedo, dice que tras la ducha se lo hará él mismo, que lo prefiere, que somos peligrosos.
La verdad es que le sujetamos el pie y se lo hace estupendamente. Después de la operación suspira y dice que perfecto, que ha quedado como nuevo. Se lo que se siente, todavía recuerdo cómo Alfonso me curó en Arcos en 1999 y como pasé de ver las estrellas a sentirme en el cielo.
Cenamos con la alegría que da la salud y la amistad, pero sobre todo por pensar que mañana llegamos a Santiago. Pero en los tres hay una sombra de tristeza, quizá nostalgia, pensando que mañana se acaba el Camino, que mañana llegamos.

08.04.01 Arca - Santiago (117+833):
El amanecer nos coge en el bar de carretera junto a la gasolinera. Tiene unos croissants descomunales, maravillosos. Y el café no está nada mal. La chica que nos sirve es amable y está de buen humor por la mañana temprano. Qué más podemos pedir a un amanecer si además no llueve.
Salimos al bosque contentos y animados. Hoy si que es un puro trámite. Veinte kilómetros ya no son nada para nosotros tras tan duro entrenamiento de tantos días. Ha dejado de llover y aunque el día es gris puedo ir con gafas y sin capucha. Hoy caminamos en silencio.
Cuando pasamos por el aeropuerto es bastante temprano. Ningún avión interrumpe nuestros pensamientos. Me gustan los aviones, me gusta volar, pero en este momento prefiero seguir en mí, en paz, sin sonidos externos que me distraigan.
Ademir va callado pero va tirando fuerte. Su pie se ha recuperado maravillosamente y aunque no lo dice, le hace mucha ilusión llegar. Derren renquea. Algo le duele, quizá una pierna, porque va cojeando. Va muy serio, muy pensativo.
Antes de llegar al Monte do Gozo, a la altura de la Televisión Galega, me habla. Me vuelve a preguntar sobre Cristo, su vida, su muerte. Le contesto lo mejor que puedo y sé y seguimos andando, cada vez más en nosotros mismos. Es el momento.
Al entrar en la ciudad Ademir casi corre y he de ir frenándolo porque hoy Derren no puede. Tiro de uno y paro al otro, pero creo que comprendo a ambos. Cuando llegamos al centro histórico noto como ambos disfrutan de la belleza, de la historia y de la alegría de haberlo conseguido. Lo veo en sus ojos.
Hacemos caso de la sabiduría de los pilotos cuando dicen que para un buen aterrizaje es fundamental una buena aproximación y nos vamos al mismo centro. Ya en la Plaza del Obradoiro subimos por la escalinata de la puerta principal y entramos a la Catedral por el Pórtico de la Gloria.
Cumplimos con las tradiciones sin olvidar los golpes de cabeza contra el maestro y pasamos a mayores, a la nave central. No hay apenas nadie, alguna señora rezando, un par de turistas despistados, un sacerdote que pasa fugazmente.
Los tres, maravillados, extáticos, disfrutamos del momento intimo y profundo. Son muchas ideas, muchos sueños, muchos sentimientos y recuerdos que explotan en unos minutos mágicos, inacabables.
Y allí Santiago, mirándonos. A Él vamos, a darle un abrazo enorme, con toda la ilusión que nos ha traído. Otro instante eterno, profundo e inolvidable. Bajamos a la cripta y con profundo respeto nos postramos ante los restos.
Cuando llegamos a la Oficina del Peregrino preguntamos si ha llegado Noni. Sabemos que es imposible, pero todo puede ser en el Camino. Nos dan nuestras Compostelas y tras tomar un café nos vamos a la pensión en la que estuve el año pasado.
Camino de Casa Manolo nos encontramos con el colegio francés. Nos preguntan en dónde podrían comer bien y barato. Los arrastramos con nosotros y llenamos el restaurante, que estaba vacío.
Paseamos la tarde por la ciudad, visitando de nuevo la Catedral, el Parador, el Palacio Gelmirez y todas las maravillosas ruas que conforman esta ciudad inigualable que los peregrinos han creado a través de los siglos. Mañana iremos a la Misa del Peregrino en la que nos citarán, pequeño pecado de vanidad.
Otro Camino ha acabado. Son tres las veces que por él he venido, Todas un tiempo maravilloso, a pesar del frío y la nieve, del viento y la lluvia, de los dolores del cuerpo y sobre todo del alma.
El año pasado fue posiblemente mi peregrinación más dura, mientras que la primera la más profunda. Este ha sido quizá la más ligera. Por encontrarme en equilibrio. Y por la agradable compañía de quienes conmigo han venido. Si, lo vuelvo a repetir, yo que soy un solitario. Pero este año la vida, el Camino, me ha regalado un mes entrañable entre gentes amables y generosas, afables y cariñosas, alegres y creativas.
Otra cosa que he de agradecer a Santiago, a las estrellas.

Epílogo:
Cuando llegamos, decidimos quedarnos unos días en Santiago, ciudad maravillosa en donde las haya. Disfrutamos del descanso de quien ha caminado no menos de 850 kilómetros por el francés (con el extra de unos 120 por las tierras del sur) y ha alcanzado su meta.
Paseamos, curioseamos y tenemos la fortuna de ver alguna procesión. A Derren todavía le dan miedo, pero empieza a disfrutarlas
Una mañana, al ir a preguntar en la Oficina del Peregrino si había llegado Noni, nos encontramos con los de Albacete, a quienes perdimos hace ya tantos días, en Samos. Nos damos un abrazo enorme y tras las bromas nos hacemos unas fotos que ahora atesoro.
Un día después, desayunando en el Dakar, frente a Correos, vemos pasar a Noni. Como cohetes salimos los tres a abrazarlo. Casi con lagrimas nos perdemos en un guirigay de mil preguntas y respuestas. Cuando nos reponemos de la sorpresa y alegría, comprendemos como ha cambiado. Ha adelgazado muchos kilos, y presenta una facha impresionante, atlética. Bronceado por el sol del campo, sus ojos de color claro resaltan. Pero sobre todo, es la luz que desprenden la que nos dice que ha logrado encontrar la paz que buscaba.

Final:
Meses más tarde recibí un correo de Derren desde Canadá. Se había casado y me mandaba las fotos. Recordaba el Camino y nuestra amistad como algo muy íntimo que le acompañaría toda la vida. Y la memoria de las mil tortillas de patatas que nos zampamos. Firmaba con un rotundo amazing.
Con Ademir mantengo una correspondencia abundante y plena de sueños e ilusiones, aunque algo histriónicas, según su estilo. Dice que volverá para hacer juntos algún otro Camino. Que si me animo, la próxima primavera nos vamos a la Vía de la Plata, desde Sevilla.
De Noni poco sé. Algún correo comentando que su mujer le dice que haga el Camino cada año. Porque se puso hecho un guaperas y le dio mucha paz. Y así lo quiere, fuerte, guapo y sobre todo, sano y sereno.
Con César mantengo una sincera amistad que, o mucho me equivoco o llegará a ser profunda con el tiempo. Es lo que deseo, porque para buena persona, él.
De Héctor y Celia no sé nada, lamentablemente.
Tras muchos análisis y pruebas cardiológicas y de otras especialidades conseguí averiguar la causa de mis mareos, que no eran tales. Se trataba de un problema de equilibrio por una alteración de los huesecillos del oído interno por razones que no vienen al caso. Un vulgar vértigo. Es decir, que no era una lesión cardiovascular. Ni por causa del vino, del que apenas disfruto.

Buen Camino a todos.

Alfonso
alf@ibernet.com
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