
"Comer poquito, andar despacito, y dormir solito"
Dicho popular boliviano
PRIMER INTENTO
Intro
No me ha sido fácil encontrar información sobre la Vía
de la Plata. No hay muchas guias, y todas se contradicen. He dado muchas
vueltas, visitado muchas librerías especializadas y trasteado muchas
horas por internet. Gracias al foro del Caminante resuelvo muchas dudas
y encuentro otros peregrinos que lo intentarán meses después,
más avanzada la primavera. Prometo contarles lo que me encuentre.
En el Servicio Cartográfico Nacional me gasto una fortuna en planos
y me hago mi ruta de aquellas zonas que no he podido resolver y de la que
hago copias y regalo a los que me las piden.
Intento encontrar a alguien para lanzarme a la aventura, pero acabo saliendo
solo a cruzar la peninsula de sur a norte. Ilusión no me falta.
02.03.01 A Sevilla (000km):
Encuentro un pasaje en Iberia de ida y vuelta a Sevilla en clase Business
a un precio maravilloso y no me lo pienso. Sé que voy a tirar la
vuelta, pero es que aún así es una ganga. Es increible que
sólo ida en clase Turista sea más caro. Yo ya no entiendo
nada.
Así que encantado de la vida me voy para el aeropuerto con el mochilón,
que me pesa un poco más de lo que debería. Me acompaña
una amiga alemana que se va a casa a ver a sus padres. Como vuelo en clase
Preferente, tengo derecho a la Sala Vip y para allí nos vamos, a
merendar mientras salen nuestros vuelos, programados pasadas las 18h.
Hay tormenta en la ciudad y el aeropuerto es un caos. Los aviones no llegan,
hay demoras y la gente está histérica. Nos relajamos con
un cafelito y nos comemos todo lo que hay. Esperamos a que nos llamen.
Mi amiga ha de ir a embarcar y allí me quedo, solito. Posiblemente
no hablaré con mucha otra gente en el próximo mes.
Pasan las horas y allí no pasa nada. Miro en los monitores y nada.
Pregunto a una azafata a la que están machacando. Agradecida a mi
sonrisa, me dice en un aparte que no se sabe nada de mi avión, que
parece ser que en Sevilla hay un tormentón brutal y que no dispone
de información. Le doy las gracias y me voy para la butaca en donde
le cuento a la mochila que de momento vamos mal, que en realidad, no vamos.
Pasan las horas, las caras y finalmente a las 23h embarcamos. Todo el pasaje
está indignado porque llegan tarde. A mí me da igual. Quizá
me preocupa que me cierren el Refugio de las monjitas de Santa Rosalía
y añada un problema más a la tarde de pequeñas aventuras.
Pero qué tipo de viaje es aquél sin imprevistos.
No, no me gustan los organizados.
Despegamos y tras casi dos horas de dar tumbos por el aire, a la 1.10 llegamos.
Aterriza el piloto como puede porque el tormentón es impresionante,
casi tropical.
Recojo el mochilón que viene todo revuelto de los bandazos que hemos
dado y como es muy tarde, nos cogemos un taxi. Le pido al taxista que me
lleve a un hotel o pensión limpia y barata porque doy por supuesto
que las monjitas duermen el más dulce de sus sueños dada
la hora que es. Tras preguntar en varios sitios, me quedo en el Hotel Paraiso.
Como estoy muy cansado me parece el mejor del mundo aunque el recepcionista
es bastante poco amable.
Me quedo frito en un santiamén, con la frase que dandome vueltas
por la cabeza como un mantra, me ha dicho el taxista cuando le he contado
mis desventuras del día:
"Más vale tarde y mal, que nunca y peor"
03.03.01 Sevilla - Sevilla (016km):
Duermo bien, de un tirón. Cuando amanece me despierto. Son las ventajas
de hacerlo con todo abierto de par en par. Recojo todo, me ducho y salgo
a desayunar.
Dando un par de vueltas por una parte de la ciudad que no conozco, encuento
una taberna muy autentica. Cuando entro no hay nadie pero veo que tienen
churritos. Me pido un café y dos raciones, que ayer no cené
y voy desesperado de hambre. El hombre, amable y gracioso me toma el pelo.
Le doy cuerda y en esas estamos cuando entran dos autenticos personajes.
Se lían los tres a decir gracias y me hacen llorar de risa. Ellos
que lo notan, siguen en ello, disfrutando. A estas llega una chica, joven
y guapa. Y también graciosa. Aquello se lía y allí
estoy yo, sin abrir boca, que ya me he acabado los churros y voy por el
segundo café, admirando el buen humor de unas gentes que de verdad
sí saben vivir.
Cuando salgo me dirijo hacia el albergue de las monjitas bajo un verdadero
diluvio.
Parece que la nube me persiga, que esté esperando que salga para
echarseme encima. Vamos, como una novia pegajosa.
Cuando en el refugio, amabilisimas me abren, me recogen y me dicen que
ayer estuvo la portera esperandome hasta las 2 h de la madrugada, por si
llegaba. El refugio es sencillo pero está bien. Dejo los trastos
y me voy a visitar la ciudad. Ya empezaré a caminar mañana.
Quizá mejore un poco el tiempo y así aprovecho para hacer
un poco de turismo y cultura.
Visito la Catedral, el Real Alcazar y no sé cuántos lugares
más. Desayuno de nuevo en la sevillana calle de las Sierpes unos
bollos de leche inmejorables. Callejeo por los diferentes barrios, visito
museos y exposiciones, tiendas interesantes y hago fotos. Aprovecho para
buscar las flechas amarillas que me han de guiar hacia Santiago. Desde
la Catedral las sigo hasta el barrio de Triana y llego a los límites
de la ciudad.
Y no ha parado de llover, diluviar debería decir, desde que ha amanecido.
Me voy a poner perdido de barro en cuanto salga al campo. Me acuesto temprano
pensando en el mañana y en que, la verdad nunca mejor dicho, llueve
sobre mojado.
04.03.01 Sevilla - Guillena (053km):
Vuelvo a dormir en la gloria. Me duermo y me despierta la portera del convento
a las 8h. Creía que ya me había ido. Me ducho y empiezo La
Vía de la Plata con lluvia, viento y frío. Y solito. Así
que para hacerlo con buen pie me tomo un sensacional desayuno antes de
llegar a la Catedral y empezar a seguir flechas. Arranco en el Patio de
los Naranjos tal como la más pura tradición exige. Tiro derechito
hasta Camas en donde casi me pierdo recordando la mía. Allí
unos ciclistas me desean Buen Camino. Se lo agradezco en el alma.
Un perro me mira mal pero no se me arranca. Menos mal, porque está
suelto y es como un oso. Enorme. Me he criado con animales y no me asustan,
pero este no está acostumbrado a ver gente con mochila y me ha encontrado
extraño. Si le llego a prestar atención, me come.
Al llegar a Santiponce me meto a visitar Itálica. Es gratuito y
los vigilantes de la puerta, amables, cariñosos y simpáticos,
me guardan la mochila. No me puedo creer lo que veo, una maravilla. Pena
que he de seguir camino y anochece pronto, que sino me quedo aquí
horas y horas, disfrutando de la belleza y de la paz que se respira en
el lugar.
Hasta ahora lo que he caminado, unos 11 km creo, ha sido sobre asfalto.
Ha parado de llover pero todo está encharcado. Salgo a la nacional
y, tras jugarme la vida en el stop de la N.630, llego a los eucaliptus
antes del puente viejo. Allí me desvío, tal como dicen quienes
me han ayudado a hacer la ruta. Camino casi un kilómetro por una
pista de concentración parcelaria y veo a mi derecha, a unos doscientos
metros, una flecha amarilla que orienta a un sendero. Retrocedo a los eucaliptus
y allí, escondida bajo unos zarzales, descubro la flecha que me
lleva al verdadero camino. Lo cojo, compruebo en mis planos que se llama
"Cordel de las Cañas" y viendo que voy perfecto, sigo
adelante, feliz. Es que en esta soledad, en esta ruta, cualquier indicación
de que se va bien es como un regalo maravilloso.
El sendero es bonito, junto a una antigua via de tren y está muy
bien señalizado. Si hiciera buen tiempo sería precioso. Voy
contento porque empieza el campo, la soledad que tanto disfruto.
Pero pronto me encuentro con la primera dificultad. Las lluvias han hecho
que un pequeño arroyo se convierta en infranqueable. Me paro a pensar
como salvarlo y veo que allá a lo lejos, cruzando los campos, hay
un punto elevado por el que parece que se puede pasar. Me dirijo hacia
allí y cuando me doy cuenta estoy metido en un barrizal que tiende
a arenas movedizas. Me hundo hasta la rodilla y me es imposible avanzar,
incluso difiícil, muy dificil, salir de allí. No me queda
otra solución que tumbarme y avanzar reptando durante unos cincuenta
metros. Cuando llego a terreno firme estoy empapado en sudor y agotado.
No intento limpiarme porque es imposible. Hay que dejar que seque y entonces
ya veremos. Pero voy hecho un "ecce homo"
De allí me llego a la pista forestal que avanza paralela al sendero.
El tiempo va empeorando según avanzo. Parece una galerna dura del
Cantábrico. La nube me persigue, estoy convencido. La lluvia me
va lavando y con el tiempo parte del barro ha deslizado por mis ropas.
Parezco un cuadro mal pintado, lleno de churretones.
Avanzo durante muchos kilómetros lleno de dudas porque no veo ninguna
señal. Al fondo creo ver un pueblo blanco y ello me anima. Según
avanzo, vislumbro algo plateado que, en la distancia, no consigo comprender
que puede ser. Me temo lo peor, pero no quiero llamar a la mala suerte.
Pero sí, es agua. Lo que supongo el arroyo de los molinos está
absolutamente desbordado y ha anegado todas las tierras. Hay una franja
de unos cincuenta metros antes de llegar al agua de barrizal como el que
he superado reptando. No me rindo y busco un lugar por el que una vez pasada
el area de barros pueda cruzar el río, que no es otra cosa.
Pero nada, es imposible. Si me meto en el agua se me lleva, va muy crecido
y lo que es peor, va como si fueran rápidos. Así que me siento
en el suelo pensando en lo que me espera. Es decir, volver con un tiempo
infernal hasta Santiponce, pasando por las arenas movedizas que una vez
ya he salvado. Habré hecho unos 20km para casi nada, porque tendré
que caminar unos ocho más para llegar a Santiponce y desde allí
coger la N.630 que me lleve de nuevo y definitivamente a Guillena. Es decir,
que una etapa de unos 22km se va a convertir en una de unos 36km, sino
más. Eso el primer día y con la alegría de los barros.
Así que me levanto antes de enfriarme y me enfrento con el fuerte
viento que antes me empujaba y ahora me detiene. Bien dicen quienes afirman
que los males vienen juntos, o que no hay dos sin tres.
En llegando a los barros, me tiro al suelo y siguiendo las huellas que
antes he dejado, serpenteo hasta tierra firme. Allí de nuevo en
marcha. Mientras me arrastraba ha habido un momento que me he empezado
a reir. La pinta que debía de tener... Además, no todo es
tan malo, siempre hay algo bueno, un lado positivo, que tumbado no me paraba
el aire. Al llegar a Santiponce, frustado y embarrado, me acerco a una
venta a tomar algo y a lavarme un poco. Cuando me ven entrar, vienen todos
a mí. Preocupados por mi apariencia, buena gente que son, vienen
a ayudarme temiendose lo peor. Les cuento brevemente y me dicen que a quién
se le ocurre, que están los campos impracticables, que lleva casi
una semana de diluvios universales. Que el agua ha arrastrado puentes y
hay varios desaparecidos.
Reanimado con un buen café y un bocadillo de jamon del bueno, me
echo a la carretera y caminando por el arcen izquierdo como un poseso,
bajo una lluvia torrencial y con el lanza destellos en el pecho, me como
los kilómetros que me faltan hasta llegar al Hostal Francés
en Guillena, donde un hombre amable y cariñoso me acompaña
a una habitación limpia y caliente. Preocupado por el barro que
llevo en las ropas, le pido excusas, a lo que con una sonrisa me anima
a pasar, que no me preocupe. Lo que si puedo garantizar es que en esta
tierra hay buen jamón, mejor vino y extraordinarias gentes. Gracias
a todos.
Ya en la cama, limpio, cenado y relajado, pienso que el agua es para las
ranas. Y sonriendo me duermo, que estoy agotado.
05.03.01 Guillena - Castilblanco de los Arroyos (079km):
Cuando me visto, casi no puedo andar. No son agujetas, es la ropa que está
dura por el barro que se ha secado. Dejo el cuarto lleno de tierra. Mientras
desayuno me excuso de nuevo. Dicen que no me preocupe.
Con una tostada enorme de pan de pueblo, una riquísima mantequilla
y un café de los de verdad, grande y calentito, me miro las fotos
de toros y toreros que cubren las paredes del local. El hombre me cuenta
que es muy aficionado, y su familia también. Hablando me explica
en dónde he de coger la desviación para ir hacia la finca
de los naranjos. Le pregunto cómo estará el campo y no se
atreve a decirme que transitable, que puede que por alguna parte no se
pueda pasar. Que lo mejor sería llegarme hasta Burguillo por la
carretera y de allí a Castilblanco. Eso significaría hacer
unos 25km sobre asfalto y esquivando camiones, cuando por el monte sería
un delicioso paseo de unos 19km. Es decir, unos 6km extras. Pero peor sería
que me volviera a pasar lo de ayer, que entonces quizá la etapa
fuera de 35km. Y con una ya he tenido bastante.
Así que decido tomar decisiones sobre la marcha. Cuando me acerco
al vado para intentar cruzar el río Rivera, se me acerca un hombre
corriendo y me dice que ni se me ocurra, que va muy crecido y que si entro
no salgo. Cuánta razón tiene.
Me voy para la carretera para pasar por el puente pensando en lo buena
y cariñosa que es la gente de esta tierra. Deberíamos aprender
de ellos y dar más cariño y alegría a los que nos
rodean.
Me pongo el lanza destellos en el pecho y la capucha, porque llueve a cántaros.
La nube que me ha visto, se viene conmigo. Parece mentira que quepan tantos
litros en una, aunque sea negra y gorda. Tal como está el tiempo
no arriesgo y sigo caminando por el arcén hasta Burguillo. El agua
que no cae de arriba me la echan los camiones por el lado. Todos me hacen
luces. Supongo que deben pensar que estoy loco. También me lo dijo
mi familia cuando vieron que me venía solo. Se han puesto todos
de acuerdo.
El trayecto hasta Burguillo es duro, muy duro. Asfalto, lluvia, viento,
frío, camiones, niebla. Llego agotado, muy al límite de mis
fuerzas, con muchísimo dolor en las piernas. Entro en una venta
y me miran raro, no me extraña. Me cambio de todo lo que puedo porque
llevo mojados hasta los calzoncillos. No me encuentro bien. No sé
si he marchado a un ritmo demasiado rápido, las dificultades me
están machacando, o la mochila me pesa demasiado, pero me está
entrando una pájara. O estoy pagando el sobre-esfuerzo de ayer.
Tomo un café para entonarme y sigo carretera adelante.
Al llegara Castilblanco, busco la pensión de la señora Salvadora.
Limpia y familiar, hace que me recupere en un momento. Tras una buenisima
ducha me voy al Bar Reina a intentar comer algo. No son muy amables pero
llego a tiempo y me dan un plato enorme de jabalí que está
maravilloso ¿O es que llevo muchísima hambre? Creo que ambas
razones hacen que disfrute de la mesa. Como siempre, no dejo nada, que
rebaño bien con pan.
En la pensión me echo una buena siesta. Trato de recuperarme para
mañana. Además, no tengo muchas cosas que hacer ahora que
he llegado a mi destino de hoy. Es que tanta lluvia me ha quitado las ideas.
Salgo a hacer unas fotos por el pueblo y me compro algo de fruta para cenar.
Me acuesto temprano porque hace mucho frío en la calle y las estufa
de butano como la que me han dejado me dan un terrible dolor de cabeza.
Así que a la cama, en donde estoy calentito hasta que poco a poco
voy cayendo en un profundo sueño.
06.03.01 Castilblanco - Almaden de la Plata (110km):
Me acerco a desayunar a un bar cerca del Ayuntamiento. Me dan otra vez
maravillosas tostadas de pueblo con mantequilla y otro café grande
y caliente, que hace mejor día pero muy frío.
Se me acercan unos hombres del pueblo y entablamos conversación.
Buena gente, como toda la que hasta ahora he encontrado, me aconsejan seguir
por la carretera todo derechito hasta Almaden. Que no se me ocurra meterme
por el Berrocal, que está todo encharcado. Son gente del campo y
cazadores, así que les hago caso y tras despedirme de todos ellos
y sellar en el Ayuntamiento, empiezo a caminar por la carretera. Como siga
así me voy a casar con el arcén, que llevamos tres días
juntos.
Hoy son 30km de asfalto ¿Cómo estarán mis pies al
final del día? ¿Cómo las articulaciones?
El tiempo se presenta mejor. No llueve y hay algún claro entre enormes
nubes negras. ¿Me habrá abandonado mi nube, me habrá
olvidado y seguirá a alguien más interesante? Hoy se ven
sombras y son estas las que hacen que comprendamos los volúmenes,
la luz nos da los colores. Según avanza la mañana y voy pasando
kilómetros aumenta el calor. Al mediodía he de parar en un
bosquecillo a beber, que ya voy seco.
Hoy se me hace dura la soledad, creo que es la primera vez que me pasa.
No estoy disfrutando de la peregrinación con una metereología
tan mala, con tanta carretera. Pero no me abandono. Sigo por el arcén,
diciendole cositas. Pero no me contesta, que es muy duro, muy cabezota.
Pena que no haya una peregrina simpática y amable con la que hacer
camino. Pena.
La mochila me pesa demasiado. No recuerdo nada extra que haya traído
a este mi tercer Camino, pero me está matando. Creo que es la psiquis
que me está traicionando. El cansancio y la lluvia torrencial que
vuelve a caer hace que flojee. Además hoy hay rayos. El intervalo
entre los relampagos y los truenos, que son como latigazos, son menores
a un segundo. Llevo la tormenta encima, de boina. Si esto sigue así
hoy voy a llegar hecho carbonilla. La verdad que en la soledad de estas
tierras, impresiona tanto aparato eléctrico.
Llegando a Almadén para el agua y un chaval muy cariñoso
y también curioso me pregunta de dónde vengo, a dónde
voy, etcetera. Me hace sonreir. Un tipo simpático y abierto, despierto
como pocos, me acompaña a Casa Concha. Allí le invito a un
refresco y se va feliz en su bici.
Tras la ducha me doy un paseo por el lugar. Es interesante. Hago fotos
y ya sin aliento, cuando atardece vuelvo a que me den una merienda-cena
inolvidable. Me quedo junto a la chimenea escribiendo este diario, porque
fuera hace un frío impresionante.
Pregunto si han pasado peregrinos o hay alguna reserva para alguno que
haya de llegar. Me dicen que nones, que hace más de quince días
que no ha pasado nadie y que no saben de nadie que haya de venir.
La previsión del tiempo sigue siendo desalentadora. Pregunto por
el estado del campo y me dicen que está fatal, que siga por la carretera.
Y oigo una vez más la historia de las lluvias torrenciales de la
última semana, los muertos, los desaparecidos, los puentes arrastrados
por las aguas, los corrimientos de tierra, las carreteras rotas. Un panorama
dramático, desolador.
Me siento solo por primera verz en mi vida. No me quiero desanimar pero
me estoy derrumbando. Al no poder ir por el campo, no estoy disfrutando.
Esto no es un trekking. Parezco un vehículo que va siempre por la
carretera. El más lento de todos. La pierna me duele mucho y tengo
los pies machacados, el asfalto me está pasando factura.
El movil no tiene cobertura, así que no puedo desahogarme contando
mis penalidades a mi familia u otros amigos peregrinos. No quiero pensar
demasiado. Desayunando veré las cosas diferente. No voy a dejar
que la noche pueda conmigo. Aprovecharé para descansar y si he de
tomar alguna decisión, lo haré a la luz de la mañana.
07.03.01 Almaden - Fuentedecantos (117km):
Me levanto temprano, me ducho y miro por la ventana. Jarrea. Esto no es
lluvia, es el diluvio universal. He dormido plácidamente, sin interrupciones,
salvo por el sobresaltado despertar que me produce un trueno que por poco
tira la casa.
La pierna me duele mucho cuando camino, por lo que supongo que tengo una
tendinitis.
Me voy renqueando para el bar a desayunar. Con el café y las tostadas
dialogo con el camarero sobre las predicciones. Pone la tele y el hombre
del tiempo está con la cara larga. Hay una borrasca durísima
sobre el sudoeste peninsular. Dice que de momento el mal tiempo proseguirá
en Andalucía y Extremadura, osea, justo encima mio. La nube me persigue.
Y me espera por la noche, para no perdermer de vista. Como una mala novia,
ya lo he dicho.
No es que esté desanimado, es que no se puede salir. No sé
qué hacer. Me quedo mirando el infinito, tratando de encontrar una
solución, que no se me ocurre cual puede ser.
No puedo evitar pensar qué hago yo aquí, solo y remojado.
Creo que he de ir otra vez por la carretera, cual vehículo lento.
Ello me enciende una luz. Si así he de avanzar, me cojo un bus o
un taxi. Y ya puestos, puedo aprovechar y avanzar dos otres etapas para
intentar salir del area que sufre los efectos de la borrasca.
El camarero, que dice que es una locura salir a andar con este tiempo,
apoya la idea. Me llama un taxí y nos tomamos otro café,
con la tranquilidad que da el haber tomado una decisión creo que
acertada, dadas las circustancias que concurren en el momento.
Al rato aparece una taxista, la primera mujer en mi vida desde hace ya
casi una semana. Amable, cariñosa y simpatica me invita a subir
al coche. Y allá nos vamos tan felices, hablando y riendo, que es
de verdad graciosa.
Pasamos por Monesterio tras 22km de carreteras inundadas y otros 22km después,
llegamos a Fuente de Cantos a lo largo de campos anegados y rios muy crecidos.
Cuando me bajo del coche he de ir a un banco, porque la taxista era simpatica
pero tirando a bandolera. Me ha dejado sin un duro. He tenido que rebañar
los bolsillos para pagar lo que me ha pedido.
Mientras voy hacia el refugio vuelve a tronar ¡Me ha seguido! Es
un aviso de que me ha visto, de que está aquí. La muy traidora
me ha visto y me suelta lo mejor de sus despensas, porque no he visto en
mi vida llover como ahora lo está haciendo. Y siendo del norte...
Entro al albergue empapado. Si llego a venir andando me ahogo. Me seco,
me cambio, pongo todo a secar y me voy a llamar desde un teléfono
publico a mi familia, de la que no sé nada desde hace una semana.
Me contesta mi cuñada. Se lleva una alegría inmensa pues
dice que llevan tres días intentando contactar conmigo, que están
viendo en la tele las inundaciones, puentes caidos, muertos y desaparecidos
y que se temían lo peor, que han estado a punto de llamar a la Guardia
Civil o al SAR (Servicio Aéreo de Rescate) Que se habían
dado de plazo hasta hoy. Le cuento que llevo casi una semana sin cobertura
y que aunque a trancas y barrancas he ido avanzando y me encuentro bien
aunque muy cansado. Se asusta de verme abatido pues nunca pierdo el espiritu.
Me ruega que vuelva, que no haga más locuras de las que a las que
ya la tengo acostumbrada. Que si mis padres vivieran me iban a meter un
paquete de muy señor mio, etcetera. Y así sigue durante no
sé cuanto rato. Le digo que se me acaban las monedas, que la taxista
me ha dejado en la ruina y consigo cortar. Menuda bronca me ha metido.
Es entonces cuando me doy cuenta del fregado en el que estoy y para relajarme
me voy a comer, que a mi me serena mucho. Acabo en El Gato, restaurante
de carretera en el que por mil pelas me tomo un menú de los de siesta.
He de pasear la comida en un momento que la nube no me ve, que anda distraida.
A saber qué andará tramando.
Aprovecho para visitar la Casa de Zurbarán. Me lleva un alguacil
en el coche del Ayuntamiento. Parezco el Alcalde. O un detenido, que la
pinta que llevo es lamentable. El guardia es muy muy amable y me deja curiosear.
La casa es bonita y la tienen bien arreglada. No hay cuadros, una pena,
porque es un verdadero Maestro y lo escribo con mayúsculas yo que
soy de la profesión.
Como la nube sigue distraída me pateo el pueblo. Descubro un hotel
rural, La Fábrica, al que me acerco a tomar un café. Allí
paso la tarde y es en donde decido que mañana me vuelvo, que así
no puedo seguir, que esto ni es trekking, ni peregrinación, ni nada.
Es un desastre.
Pero pensando pensando tengo una idea. Decía Picasso que la inspiración
le llegaba tras ocho horas de trabajo. Yo que no soy un genio, tras siete
días de sufrir y pensar he llegado a la solución. Cuando
la luz me llega me entra una alegría inaudita. No comprendo el concepto
de rendición y creo que he dado con la resolución del problema.
Me vuelvo, si, pero no a casa. Me voy a Roncesvalles y empiezo por tercera
vez el Camino Francés a Santiago. De esta forma, peregrino a Santiago,
aprovecho y disfruto mis vacaciones y sobre todo, se la juego a la nubecita
de marras.
Así que felíz y contento, me voy a la Venta del Gato a cenar,
que ya va siendo hora. De camino me entero en dónde para el autobús
que va a Sevilla. Cogeré el primero de la mañana para tener
tiempo de ir a una agencia y conseguir pasaje para un avión o Ave
que me lleve a Madrid, que allí ya me espabilaré.
No ceno mal, por cierto, que quedo contento del servicio y de las viandas.
Que así se lo hago saber al camarero que me sirve. Se lo agradezco
con una sustanciosa propina. Camino del refugio, la nube que me esperaba
me descarga lo que se ha traido ente manos toda la tarde. Vuelvo a llegar
empapado y sólo he andado, corrido diría yo, unos cien metros.
Mientras me arropo entre mantas, que duermo desnudo pues ya no me queda
ropa seca, pienso que algún día, quizá el próximo
año, lo volveré a intentar. Antes me aseguraré de
que la climatología sea mejor. La Vía ha podido conmigo,
pero quizá ha sido por las circustancias. No me rindo, lo volveré
a intentar.
Buen Camino a todos.
Epílogo
Muchos meses después me encontré con un conocido suizo. Me
contó que había hecho la Vía de la Plata. Inmediatamente
le pregunté cuándo y desde dónde. Me contestó
que había ido a Sevilla para iniciarla el cuatro de marzo, exactamente
el mismo día que yo lo hice. Le cuento y me responde que perdió
una semana porque le perdieron su mochila en el vuelo. La mandaron a Santiago,
SCQ en vez de a Sevilla, SVQ. Se alojó en casa de
unos amigos. Parece ser que al ir unos días después del temporal,
pudo ir avanzando con menos penalidades.
Hubiera sido sorprendente y divertido el haber coincidido en la Ruta.
Este diario continúa por Camino Francés
2001
Alfonso
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