9. LUCES Y SOMBRAS EN EL CAMINO
9.1. Anécdotas divertidas
Muchos peregrinos demuestran tener un buen humor envidiable. Quizás
sea su carácter habitual, pero que duda cabe que las semanas que
pasan peregrinando, les deja un poso de felicidad que se expresa en la
alegría que derrochan al llegar.
9.2. Buen humor
Un día me encontré a tres peregrinos sentados en unos
bancos junto a la Oficina. Era un vasco, un alemán y un extremeño
una mezcla ya cercana al chiste. Se notaba que habían disfrutado
juntos y no querían separase. Bromeaban entre ellos y, como me vieron
rondarles con aspecto de entrar en su conversación, empezaron a
contarme las frases que se habían ido inventado por el Camino, tomándose
a risa lo que era motivo de dolor: las ampollas, la tendinitis, el cansancio.
¿Te interesa? Pues toma nota, que tenemos algunas muy buenas,
dijo el vasco, mientras consultaba en su cuaderno las genialidades que
se les habían ocurrido:
No voy solo, mis ampollas me acompañan
Con mi pie derecho no me hablo, con el izquierdo me llevo fatal
He tenido una idea "peregrina": hacer el Camino de Santiago
Un día al llegar al albergue, cuando me tiré reventado
en la litera añade me encontré un papel pegado
que decía: "se alquila patinete"....¡Estallé
en carcajadas! ¡Quién pudiera pillar, en ese momento, un patinete!
Fue la frase que más me gustó.
El que lleva la voz cantante de los tres, es un artista, pintor. Ha disfrutado
mucho del Camino, haciendo algún pequeño dibujo, y de las
amistades que hizo con gente de distintas nacionalidades. Parece un juerguista
nato y no para de recordar las cosas graciosas que les sucedieron o aquellas
que se inventaban para divertirse:
Un día al entrar en un bar, el chico alemán me dijo
que quería tomar "un café español". Le pregunté
que qué era eso, que no existía un café español.
Me respondió "¿Cómo que no? Y el café
"olé". Llevo pidiendo "café olé"
todo el tiempo en Francia ". No le entendí al principio, hasta
que estalló en carcajadas y me explicó el chiste que se había
inventado. "Café con leche se dice en francés café
au lait, leído con pronunciación española, café
olé.
No me imaginaba a los alemanes haciendo bromitas...
Mientras lo dice le pega unas palmaditas bastante sonoras en
la espalda del alemán que está a su lado. Este reacciona
y me dice, no sé si en serio o en broma, que el vino desde Francia
andando porque le había dejado su novia. Me parece que no es verdad,
porque es joven, rubio, muy guapo y también bastante bromista, pues
añade:
No vuelvo a andar en lo que me queda de vida dice riéndose
El pintor, que se parece a Groucho Marx, le responde con un repentino aire
patriarcal:
La vida es corta, hijo, pero...¡hay que hacerla andando!
Y de nuevo los tres amigos que se conocieron en el Camino estallan
de risa. Se nota que han caminado mucho, que han pasado sus malos momentos,
pero que están felices y se ríen de todo. Hasta que, de nuevo
el pintor, sentencia
El Camino acaba, la procesión ¡va por dentro! y
señala los pies con lo que vuelven los tres a reírse. Parecen
una de aquellas compañías de comediantes medievales que recorrían
los pueblos ganándose algo de comida con sus gracejos.
Pasan bastante tiempo sentados allí, medio tumbados en aquel banco.
Alfonso, el pintor, no me deja marcharme. Promete enviarme, cuando la escriba,
la memoria de su peregrinación. ¿Por qué esperar
tanto?le digo Podemos hablar ahora.
Se resiste y quedamos en vernos más tarde. Al día siguiente,
ya sin sus compañeros de bromas, Alfonso me explica esta vez
en serio su peregrinación. Se me ponen los pelos de punta cuando
me abre su alma para decirme, con una enorme sencillez, que ha peregrinado
porque sus padres, los dos, acaban de morir. Me cuenta un poco las difíciles
circunstancias por las que ha tenido que pasar, la enfermedad que él
mismo ha sufrido y como se planteó el Camino como terapia para todos
sus males. En medio de las anécdotas divertidas que sigue empeñado
en contarme dice unas frases de filósofo, o más bien
de místicos:
Sólamente cuando te ves confrontado cara a cara con la muerte,
comprendes lo que es la vida. Es tiempo, el que hay entre los dos momentos
el nacimiento y la muerte por los que pasaremos todos, y que
lo haremos de modo solitario. A raíz de la muerte de mis padres
que ha sido en circunstancias tremendas cambié mi modo
de vivir. Antes trabajaba, trabajaba, trabajaba...Ahora me preocupo de
más cosas, trabajo lo suficiente para ganarme la vida, pero sin
obsesionarme por el prestigio, ni por el tener cosas... En cambio, tengo
algo valiosísmo: tiempo. Por eso he podido pasarme todo un mes haciendo
el Camino. Lo que importa es vivir, tener tiempo para vivir.
Pero Alfonso no quiere dejarme un sabor de tristeza todavía
tiene abiertas en su alma muchas cicatrices y me cuenta otra anécdota
divertida.
Al llegar a un albergue por la noche, me acerqué a un peregrino
extranjero que estaba instalando su saco de dormir, con el que todavía
no había intercambiado ninguna palabra con el propósito
de advertirle de mis ronquidos. Le toqué en la espalda y le dije:
"Yo ronco". El extranjero me respondió, ofreciéndome
su mano: "Yo, Christian".
Me hizo reir nuevamente, cortando así el clima profundo en el que
me había submergido, y continuó con su historieta
Me eché a reir como un loco y al francés no le hizo
mucha gracia. No entendía y pensaba que me reía de su nombre.
Gracias a la intervención de un traductor, Christian comprendió
mis carcajadas y acabó contagiándose de mi risa desbocada..
Desde aquel momento hicimos parte del Camino juntos.
Quiero volver a la verdadera historia de Alfonso,a la que se esconde detrás
de sus gracias, de sus gafas y de sus bigotes. Pero aparecen sus compañeros
y la conversación se queda ahí. Me deja con el buen gusto
de saber que las risas no son sinónimo de falta de problemas, ni
de sufrimientos, de tenerlo todo o ser el mejor de entre los compañeros.
El buen humor es hijo de otras cosas más profundas, de comprender
como él decía que la vida es tiempo y que lo que
no se hace...queda sin hacer.
Seguramente hay muchas más personas que demuestran ese buen humor
y, sin embargo, detrás llevan un sufrimiento que es como las raíces
donde esa alegría se asienta con firmeza. Son gente que resultan
verdaderamente ejemplares.
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